jueves, 19 de enero de 2017

Mountains may depart

La película del director chino Jia Zhangke es la declaración de un aprecio por la cultura occidental, manteniendo el respeto por China. Tal lo dice un dialogo de padre e hijo, en el ejemplo de la prohibición de tenencia de armas en el propio país, en comparación de la permisividad de Australia. El padre le grita al hijo, que en China uno implora por tener un arma, tiene sentido tenerla ahí, pero en Australia para un chino es totalmente inútil dicha posesión. Suena a un pequeño alegato de anhelos y situación analítica general del país. Entonces se intenta sostener un balance entre el propio país y el de afuera, un lugar intermedio entre la valoración y el sueño frente a las carencias y el de la abundante y fácil posesión. Otra muestra de lo que significa China en su forma de poder adquisitivo y, claro, el mundo, trabajo llano de sobrevivencia y negocios propios y mucho dinero. En China colinda la pobreza con el enriquecimiento y el lujo. No es que Zhangke nos complique el panorama.

Nuestra protagonista, Tao (Zhao Tao), es una mujer que la pretenden dos hombres, uno será pobre y otro rico. Habrá un triángulo de amistad que pronto el amor destruirá. El modo de vida contradictorio que facilita el gobierno chino lo vivimos en el filme sin revuelo, aunque la propuesta se mueve por los cauces sociales de un romance (y eso se extiende hacia el futuro), lo que abunda en la telenovela, pero que en Zhangke tiene fuerza cinematográfica, expuesto con sencillez, como quien además de demostrar aprecio por la cultura occidental, lo hace por el cine comercial. La canción Go West, de Pet Shop Boys, que se utiliza de símbolo ya lo dice todo a ese respecto, que a su vez sirve de reflejo de regreso al estado feliz de la juventud, a una época de mayor inocencia, por ello abre y cierra la película, cuando ya han pasado tristezas, frustraciones, desilusiones.

El filme se ambienta en 3 tiempos, 1999, 2014 y 2025. Sigue a Tao y a sus dos pretendientes en las 2 primeras partes, luego toma en la última parte otra línea con el hijo de Tao crecido, a los 18 años. Con él interviene la buena actriz y sesentona sexy Sylvia Chang. El hijo de Tao, Dollar, padece las consecuencias negativas del pasado, dejando a Tao quien es una mujer muy simple el espacio para seguir siéndolo, en un estado de felicidad naif. Dollar es sinónimo de sufrimiento, aunque es vivaz como todo muchacho, agregándole sensibilidad. Tao pasa por trances, pasa por tomar decisiones, desprendimientos, donde vuelve a aparecer la condición económica, e igualmente en Dollar. En todo ellos hay soledad y romance pasajero, sobre todo una lucha de amor por uno mismo. 

Tenemos la carne

Unos hermanos jóvenes, hombre y mujer, se topan con un sujeto de mal aspecto en un especie de mundo post apocalíptico, con un vagabundo llamado Mariano (Noé Hernández). Rápidamente el extraño hombre de este infierno o submundo ubicado en un edificio en ruinas los domina sin resistencia de ellos, los coge a su cuidado como un maestro y empieza a llevarlos hacia la depravación. Los hermanos son empujados a la práctica del incesto –sobre todo por medio de ella, encantada con Mariano- como si esto fuera una epifanía, liberación o iluminación. Mariano que parece un loco (especialmente con su tambor), invoca la corrupción como un modo de vida natural en la actual situación. Su sonrisa tiene de demoniaca pero a la vez de juego sádico.  El debut del mexicano Emiliano Rocha Minter no puede ser más polémico y para muchos seguramente insoportable. Esa depravación que induce Mariano cada vez va en aumento hasta la total anarquía, hacia una orgia de putrefacción. Rocha Minter exhibe canibalismo, mutilación, necrofilia, en los que parecen ritos satánicos velados. 

El filme tiene un halo fantástico puesto en Mariano, a lo que se suma el humor y la irreverencia. La película no tiene una historia que contarnos, el discurso es precario. Se trata de una forma de vida, una trasmisión llevada al culto. Eso es todo. Y ni eso porque en medio de una orgia que parece una masacre, un cuerpo se levanta como si nada y sale de la cueva o submundo con total normalidad. Queda muy bien la audacia, el desenmascaramiento del artificio, el mundo supuestamente irreal/fantástico y extremo le queda muy cerca al común y corriente (a México). El filme puede creerse que intenta ser como Saló o los 120 días de Sodoma (1975), pero queda sin la rabia y política de Pasolini, más bien empuja a pensar en un divertimento banal y vacío. Un regocijo puro y duro de lo extremo. Como quien festeja el atrevimiento arty y marginal. No es una película para amargarse, más bien entretiene tanta sordidez (¿y ahora que viene?, te preguntas). Ver sexo oral explícito en la actualidad donde la pornografía de todo tipo está a un click de distancia ya no es tan revolucionario ni impactante como antes (que no sea una calentura pasajera), como aquel casco sobre la cabeza de esa alumna revolucionaria (pero que deja una imagen cool), o ese soldado pasado por el gore sin mucha meditación argumental.                                                                                                             

lunes, 9 de enero de 2017

Toni Erdmann

En el festival de cine de Cannes 2016 fue la película que más entusiasmó a los críticos presentes que la premiaron con el fipresci (premio de la crítica) en el evento –a diferencia de no llevarse nada en la competencia oficial por la palma de oro- y fueron más lejos aún con aquel entusiasmo nombrándola la mejor película del 2016, dándole el fipresci anual. Dentro de la shortlist –son actualmente 9 películas- para las nominaciones a mejor película extranjera para el Oscar 2017 se dice que va de favorita a alzarse con el premio, sobre todo cuando la competidora más fuerte que tenía, Elle (2016), de Paul Verhoeven, no está en la shortlist. Apunto que Elle acaba de vencer a Toni Erdmann en los Globos de Oro 2017. Pero vayamos al asunto, ¿es tan buena como se dice que es Toni Erdmann? Sí, lo es.

Toni Erdmann es una comedia, pero para que fuera tomada en serio por la crítica “exigente” y los grandes premios, como suele suceder, fue porque se trata de una comedia con un alcance reflexivo intelectual que la recorre de principio a fin, es una comedia muy refinada, que combina la broma con el drama, de lo que incluso salta un comentario gracioso y viene enseguida un tema espinoso o difícil, exhibido siempre en un tono suelto, fresco, vivo, pero también algo incómodo y siempre perspicaz. No es humor negro, es más bien humor inocente, pero el cuidado y la profundidad que conlleva cada momento es la razón por la que Toni Erdmann es una propuesta tan interesante, distintiva y terminas celebrándola. Toni Erdmann es entretenida, a pesar de durar cerca de 3 horas, provenir del humor ¡alemán! –o quizá, mejor dicho, a razón de ello, estando muy estereotipado como casi inexistente- y pretender ser a la vez –cosa que ni se siente, resulta híper natural- cine arte, si bien del que busca consagrarse, no el que se estila marginal.

La trama de Toni Erdmann, de Maren Ade, es sencilla y muy clara. Una mujer llamada Ines (Sandra Hüller) es muy exitosa, es una dotada profesional y tiene dinero, se mueve dentro de un círculo de alta sociedad, aunque ella luce más como clase trabajadora privilegiada (si me permiten acuñar la denominación). Ines vive consumida en un trabajo pesado, bastante exigente –aun cuando ella es una workaholic- y el cual le pide hacer cosas que no la hacen feliz, la humillan en su trabajo muy sutil y elaboradamente, la explotan y la usan para movimientos empresariales muy calculadores, crudos y para su entero beneficio por sobre el de los empleados. Su vida social tampoco compensa nada su trabajo, tiene una vida vacía y sin entusiasmos. Ella la pasa muy mal, en el fondo yace deprimida en su pasividad, no hace nada para salir de su situación, salvo tener una actitud de indiferencia y aburrimiento hacia el mundo, una actitud esnob. El problema de aquella pasividad es la imagen de enorme éxito y de alto profesionalismo que obtiene en su situación, esto la hace creer quizá que todo está bien al fin y al cabo, que es lo mejor que se le pide a alguien en nuestra contemporaneidad, pero aunque suene naif, ilusorio, tanto como noble, son los pequeños placeres y las locuras, la felicidad de a pie y las alegrías sencillas las verdaderas formas de la felicidad, no el dinero, la sensación de grandeza o el poder (cosa que ella muestra con su eficiente secretaria y pupila). Ahí Toni Erdmann se emparenta con muchas películas, pero tantas veces es la forma de contar y no el cuento en sí lo que más vale.

Ines tiene un padre que está lleno de vitalidad y sentido del humor, no teme el ridículo, quiere reír, ser absurdo e irreverente, en un buen sentido, positivo, amable, compartir felicidad. Winfried (Peter Simonischek) será Toni Erdmann, un alter ego desenfadado y divertido de grandes dientes postizos y peluca de cabello largo y desmelenada, que es coaching de vida, de como vivir (el opuesto profesional de la consultora Ines, léase una crítica al capitalismo más duro). Él nos da un momento memorable -sin explicaciones, por una parte extraño, pero que se entiende perfectamente y es conmovedor- con un traje folclórico búlgaro, perteneciente al ritual del Kukeri (el que se parece a un Pie Grande). Otro momento de esos extravagantes y audaces es darle simbología a un rallador de queso, como quien paradójicamente dice que en la “idiotez” –entiéndase mejor “pequeñez”- se esconden las grandes verdades. Como se ve no es que las bromas de Toni Erdmann sean bombas creativas u originales del humor, el filme tampoco busca la risa, sino un tono, una conjunción maestra entre entretenimiento y profundidad, y es fijo que te haga sonreír al final de su visionado, con su ternura bien sobrellevada, leve, mesurada.

Winfried es todo un personaje, esta espléndido Simonischek. Igual Sandra Hüller que da otro momento mítico del cine, cuando asume y absorbe, se fusiona el mensaje de la canción “Greatest Love of All”, de la gran y trágica Whitney Houston, con la trama. Así como con la crisis o quiebre bajo la imprevista fiesta nudista. El filme es muy inteligente para proponer estados de ánimo, confrontaciones e iluminaciones. Toni Erdmann en realidad es un ángel guardián más que Winfried un freak. Toda extravagancia suya tiene un quehacer realista, el paso de Winfried a Erdmann y viceversa, las apariciones de Erdmann y la noción de que es el padre haciendo una performance en la propia vida nunca pierde sentido, ni narrativa, todo es fino y fluido. Quizá el mundo recién esté descubriendo la complejidad del tipo de humor que manejan los alemanes, un lenguaje secreto, propio como el humor británico. 

domingo, 1 de enero de 2017

Under the Shadow

Que el cine de terror se haga en países inesperados se oye algo estupendo. Ya sabemos de la cualidad del cine de terror para entretener y debajo contener alguna revisión social o el estudio de un contexto trascedente de la realidad, por lo cual no suena extremadamente peculiar que se hagan películas del género en lugares como Irán o Turquía, porque tiene sentido, sin embargo resulta (aun) atípico que se dediquen a este tipo de relajamiento cinematográfico. Películas como Baskin (2015), del turco Can Evrenol; Shelley (2016), del iraní radicado en Dinamarca Ali Abbasi; y la presente, del iraní Babak Anvari, son propuestas imperfectas, con varios puntos a mejorar y decepciones, pero tienen su propia valía e interés, fuera de su nacionalidad. Baskin y Shelley manejan atmósferas opresivas, tensas, en su propio estilo, y sus personajes tienen un toque muy autóctono, aunque Shelley muestra más bien la fisonomía del europeo misterioso y cerrado en sí. Baskin se da lúdica con el pasado, la memoria y el olvido, los ciclos (con final sorpresivo incluido), la tortura y el miedo a lo oculto. Implica la inmersión en una pesadilla. Shelley trabaja con la ambigüedad, lo inesperado, la locura, lo bestial, lo maternal y el trastocar de las esencias. En ambas el trayecto es irregular, pero exhiben su cuota de personalidad.

Under the shadow se coloca dentro de un contexto histórico, el de la guerra entre Iran e Irak en los 80s cuando Irak bombardeaba Teherán con su fuerza aérea (llegamos a ver un enorme misil atorado en un techo, que otorga un aspecto curioso y extravagante, más que irrisorio, al filme), para lo que tenían que ocultarse en sótanos adaptados especialmente. El filme nos cuenta la vida de una pequeña familia, centralmente en que una joven madre quiere volver a la universidad pero la institución no la acepta de vuelta porque fue parte de un movimiento revolucionario de izquierda. La joven madre se llama Shideh (Narges Rashidi) y tiene la exigencia de ser una buena madre con su pequeña, Dorsa (Avin Manshadi). Shideh es muy temperamental, brusca y buscapleitos con su marido y algo tosca y descuidada con su hija. 

Cuando empiece el terror se intensificará y pondrá a prueba lo maternal, sustento central de la propuesta, bien avanzada la película, porque más parece el filme un drama doméstico (al menos, en su primera parte), en aceptar un lugar recatado en su sociedad.  Vemos como Shideh paga su apasionamiento. Pero si uno espera oír de la sumisión femenina y la injusticia de la sociedad iraní a ese respecto tendrá en esencia poco de la película. El filme apunta a ser respetuoso de las formas sociales del país. Hay un momento en que Shideh sale sin cubrirse el cabello y es arrestada, pero esto luce más reflejar un modo de vida que una verdadera crítica, o una mínima audacia. En todo caso la sutileza del filme es prominente, y captas apenas algo de ello, ya que en general queda muy diluido, queda como trama más que como punto de vista crítico. Lo mismo con el contexto histórico de la guerra, salvo emparentar el miedo al bombardeo, lo impremeditado, con esas fuerzas oscuras, gaseosas y poco determinadas, Los Djinn, demonios salidos del Corán. En cuanto a los Djinn se prestan o son pretexto para todo, y el terror es decente y aporta su grano de arena al género.  Al filme le falta algo de color, pero tiene lo suyo. Aparece un estilo, un poco rudimentario y seco, bajo una buena estética. También hay un argumento con un objeto de liberación o persecución, y hasta alguna posesión. Es un filme con altibajos, pero respetable.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Las mejores películas del 2016


Son las mejores películas que he podido ver durante el 2016, solo pongo las mejores a mi criterio. La primera es la mejor película que he visto el 2016, el resto no tiene orden alguno. Son 32 películas que cumplen con brindar placer especial. No es una cantidad pequeña. Pero si uno quiere ampliar miras pueden observar en el blog.

1.       Ausma (Laila Pakalnina)
2.       Arrival (Denis Villeneuve)
3.       Elle (Paul Verhoeven)
4.       Carol (Todd Haynes)
5.       The neon demon (Nicolas Winding Refn)
6.       La academia de las musas (José Luis Guerín)
7.       The Hateful Eight (Quentin Tarantino)
8.       Take Me Home (Abbas Kiarostami)
9.       Foyer (Ismaïl Bahri)
10.   Langosta (Yorgos Lanthimos)
11.   Mi amiga del parque (Ana Katz)
12.   Sangre de mi sangre (Marco Bellocchio)
13.   The Witch (Robert Eggers)
14.   Right Now, Wrong Then (Hong Sang-soo)
15.   La luz incidente (Ariel Rotter)
16.   La gran apuesta (Adam McKay)
17.   L'ombre des femmes (Philippe Garrel)
18.   The Sky Trembles and the Earth Is Afraid and the Two Eyes Are Not Brothers (Ben Rivers)
19.   Taxi Teherán (Jafar Panahi)
20.   Rogue One: Una historia de Star Wars (Gareth Edwards)
21.   Toni Erdmann (Maren Ade)
22.   Las letras (Pablo Chavarría)
23.   Bone Tomahawk (S. Craig Zahler)
24.   Hail, Caesar! (Joel y Ethan Coen)
25.   The Revenant (Alejandro González Iñárritu)
26.   Las lindas (Melisa Liebenthal)
27.   El hijo de Saúl (László Nemes)
28.   The Handmaiden (Park Chan-wook)
29.   Alone (Hon-ja,  Park Hong-min)
30.   Hell or High Water (David Mackenzie)
31.   El rastreador de estatuas (Jerónimo Rodríguez)
32.   Videofilia (y otros síndromes virales) (La mejor película peruana del 2016)

Decepciones 2016


Salvo las tres primeras, que son realmente malas, las demás son reivindicables de alguna forma y hasta algunas aparecen en listas de lo mejor del año, pero son bastante menores a lo que yo esperaba de ellas. Va en orden de la más mala a la más reivindicable. Esta lista en realidad podría ser bastante más grande, me he topado con muchas decepciones e incluso películas insoportables, producto de tanto visionado, pero dejo las más representativas y significativas. 

1.       All the Cities of the North (Dane Komljen)
2.       Gilda, no me arrepiento de este amor (Lorena Muñoz)
3.       Mustang (Deniz Gamze Ergüven)
4.       Hitchcock/Truffaut  (Kent Jones)
5.       Sunset Song (Terence Davies)
6.       Lo and Behold, Reveries of the Connected World (Werner Herzog)
7.       Anomalisa (Charlie Kaufman)
8.       Deadpool (Tim Miller)

Infravaloradas


Agrego una nueva sección, películas que han sido maltratadas injusta y exageradamente. Las que no me parecen genialidades, tienen puntos recriminables y falencias, pero no son en absoluto los bodrios que se les adjudica, sino son películas con sus ciertas virtudes, y las he disfrutado.

1.       Batman v Superman: Dawn of Justice (Zack Snyder)
2.       Suicide Squad (David Ayer)

jueves, 29 de diciembre de 2016

Neruda

El director chileno Pablo Larraín ha trascendido a su país y se ha instalado dentro del mejor cine comercial del mundo, aun hecho en Latinoamérica. Este año no solo mediante el salto decisivo con su película Jackie (2016), ya inmerso en la cultura americana y en el cine de Hollywood. También con Neruda (2016), una película que revisa un momento importante de la vida de uno de los iconos más grandes de Chile, el famoso poeta y premio Nobel Pablo Neruda. Este sucede cuando el presidente chileno Gabriel González Videla -que interpreta el asiduo de Larraín y brillante Alfredo Castro- tacha a Neruda de comunista tras unos insultos del vate y le declara la guerra, surge una persecución política, por lo que Neruda debe esconderse y seguidamente intentar salir del país, como implica la historia universal. Sin embargo, Pablo Larraín no se queda solo con ese contexto, sino que le agrega una parte ficcional, la que incluso se lo dice al espectador directamente (para qué hacernos problemas), en el personaje del inspector policial que interpreta el mexicano Gael García Bernal, como Óscar Peluchonneau, un nombre que puede ser real, pero que su persecución en sí, personalidad, background y definición es el invento del filme, y aunque muchos obviamente quedamos enganchados con la presencia y vida de Neruda, el verdadero aporte (metalingüístico) del filme es el de Peluchonneau.

Peluchonneau está obsesionado con Neruda (un genial Luis Gnecco), quien declama en fiestas sus poemas románticos más populares, afecta la voz y se engríe y embelesa entre los fanáticos, todos los asistentes de sus fiestas, es un ídolo, lo cual le suma su tendencia social, política, aunque es visto como un socialista privilegiado, que vive suntuosamente, no obstante se preocupa por el pueblo, a los que les otorga voz con sus poemas más comprometidos y luchadores, cargados de reivindicaciones. Neruda es un hombre apasionado, que disfruta de la buena vida, lo vemos en burdeles y siempre celebrando, rodeado de gente (que se sienten tocados por su esencia y personalidad, recordemos la maravillosa escena que proporciona ese buen actor camaleónico que es Roberto Farías), pero también es un hombre comprometido con su mujer, la devota de él Delia del Carril (Mercedes Morán), y sobre todo de la política y de los desfavorecidos, lo cual engrandeció o creo una leyenda, además de que supo plasmarlo en sus letras, uniendo al artista con el personaje público, que divertirse en juergas y tener dinero pasa/pasó a segundo plano. 

En el filme de Larraín hay una escena precisa y audaz, una compañera socialista salida del pueblo –en la muy buena actriz Amparo Noguera- se le acerca a Neruda y prácticamente pone la situación de sus diferencias de clase en claro, ella es pobre y anónima, él rico y famoso, mientras Neruda come en un buen lugar, pero ambos son socialistas, y ella tras cierta pequeña recriminación lo celebra, Neruda en ese momento, según la película, acepta su lugar, no lo discute, más bien sabe quién es y qué hace. El filme hace ver a un Neruda aclamado, pero con los pies en la tierra, aunque apasionado y algo ciego con ciertas acciones. Pero está bien asesorado y parece saber escuchar. En conjunto la propuesta es muy respetuosa de su legado y presencia en general. Larraín simplemente juega a movilizar el mito. Grueso, disfrazado, bohemio, declama y encanta a todos, quedan extasiados con él, y se trasluce una cierta sobredimensión a propósito, de ahí que pueda entenderse una pequeña crítica muy discreta de un endiosamiento.   

El filme muestra a un Neruda realmente muy poco políticamente incorrecto, el retrato es inofensivo, tratamos con entretenimiento, implica a Neruda el personaje, no a fin de cuentas al hombre de carne y hueso. Lo de las fiestas y el lado extravagante del poeta es más “efectismo” que trasgresión argumental, o, mejor, algo para hacer el filme ameno y atractivo para un público masivo, y no hallarnos con un poeta sin gracia cinematográfica. El Neruda de Larraín es cine, en el sentido de espectáculo, pero muy inocuo y básico. Encantador sí, pero poco sustancial a la hora de las novedades, descubrimientos y de la verdades. La recreación de su vida incluso es esquemática y funcional, pero se disfruta, el viaje es cautivador, tiene estilo, las formas y la narrativa son muy competentes. Y eso no es todo, hay más, el filme tiene otra parte, y es la que representa Peluchonneau, que se imprime como perteneciente a la mente de un escritor/autor "imaginario" (quizá sea además el sueño de vanidad del propio Neruda, o al que le achacan, el de vivir una existencia inigualable, pomposa), y con éste se plasma un ambiente noir, y se dan tonos y estéticas nostálgicas y clásicas, detrás de las descripciones de contextos, revelaciones, elucubraciones, bajo la voz en off  de Peluchonneau. El ser anónimo que lucha por ser inmortal, el hombre trágico, el hombre complejo, pero invisible. Su madre fue una prostituta, su padre resulta el señalamiento del hombre que le hubiera gustado sea su padre, pretende hacerse de una gran historia, consumar el sueño de la gloria. Por lo que Peluchonneau admira a su perseguido, y como muchos han hecho en la historia –nómbrense asesinos- quiere sustraerle un pedazo de su fama. 

sábado, 24 de diciembre de 2016

Rogue One: Una historia de Star Wars

Un spin-off de Star Wars sonaba a priori a algo poco posible de que fuera a tener éxito, pero el resultado en manos de Gareth Edwards (Monsters, 2010) es bastante satisfactorio. Muchos dicen que lograr una película decente tras la nueva trilogía y Star Wars: Episodio VII- El despertar de la fuerza (2015) ha sido cosa fácil, no había mucho que superar, pero la realidad es que este spin-off que se ubica entre el Episodio III y IV de la saga, una versión 3.9, digamos, es ciertamente un tipo de genialidad, sobre todo cuando de lo que trata el filme presente es de conocer como los planos de la estrella de la muerte llegaron a manos de la princesa Leia, con lo cual pueden destruir ésta arma de destrucción masiva. Asunto que se ve en Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza (1977). La película que dirige Edwards tiene un meollo muy sencillo. La trama parte de encontrar a la hija de uno de los principales arquitectos de la estrella de la muerte, muchacha que será la heroína, Jyn Erso (Felicity Jones), y que formara parte de los rebeldes que luchan contra el lado oscuro, donde no hay jedis sino gente valiente pero común.

El capitán Cassian Andor (el mexicano Diego Luna), el piloto renegado del imperio Bodhi Rook (el británico de ascendencia pakistaní Riz Ahmed), el droide del imperio reprogramado como rebelde K-2SO (con la voz de Alan Tudyk), el monje ciego Chirrut Îmwe (el hongkonés Donnie Yen) que cree en  la fuerza pero no es un jedi, y su leal amigo el mercenario Baze Malbus (el chino Wen Jiang) son el grupo de rebeldes que acompañaran a Jyn Erso tras los planos. Como se ve el filme ha buscado la diversidad de nacionalidades y razas, sumado a que el padre científico lo interpreta el danés Mads Mikkelsen, y el enemigo es el director Orson Krennic en el actor australiano Ben Mendelsohn. Esto luce natural, no se nota mayor diferencia en el mundo de Star Wars. Hay una plena compenetración. Los personajes rebeldes tienen sus pequeñas historias, nada especial, pero suficiente como para identificar algún rasgo de personalidad. Andor, en un competente Diego Luna, es un hombre que se arrepiente de su obsesión y amoralidad con la guerrilla. K-2SO es gracioso, y se presta al comentario audaz. Donnie Yen reparte golpes de kung fu, pero solo a los Stormtroopers, igual a una de sus películas (y así se sienten varios momentos del filme, no necesariamente son los de un sci-fi), pero haciéndolo sólo frente a la plana baja.

Desde luego todos celebran al robot K-2SO (¿ironía?), pero lo interesante es ver que Diego Luna se mantiene serio y creíble en toda la película (cuando parecía una elección “extraña” para el mundo de Star Wars; tampoco es la primera vez que sucede en la saga), muy poco o casi nada aparatoso o llamativo, todo lo contrario a lo que esperaríamos de un héroe, pensemos que puede verse como un especie de Han Solo. No hay fiesta ni espectáculo en el personaje de Diego Luna. Cumple, acepta un lugar menor. Igualmente pasa con la naturalmente carismática, en parte contenida y bella Felicity Jones, a pesar de haber sido criada y entrenada por un guerrillero extremista como Saw Gerrera (Forest Whitaker) y haber cierto ímpetu desarrollado en ella. Gerrera hace de contraste con la práctica de una revolución más bruta, en una línea narrativa que pareciera sobrar o confundir, pero que en realidad da más que una pequeña perspectiva de expresión política, hace de bisagra entre la separación de padre e hija Erso de la apertura con cierta motivación y venganza existencial del trayecto. Tiene más sentido del que se cree.

Orson Krennic es un enemigo también humilde, pero sorpresivamente más competente que Kylo Ren, no tiene poder alguno, es solo un tipo ruin y apasionado, pero su ambición y frialdad denotan ser bastante valiosos como el antagonista central de Rogue one. No obstante, la riqueza del lado oscuro en verdad viene del pasado, lo mejor del filme es el CGI del querido Peter Cushing como el malvado y mítico Grand Moff Tarkin. Digitalmente disfrazan la actuación del británico Guy Henry de fisonomía parecida a Cushing –quien murió en 1994-  y con esto le dan vida. El resultado del efecto es maravilloso, totalmente creíble. Como ver una nueva actuación del propio Cushing en la película. A diferencia del CGI de la princesa Leia que denota falsedad, mucho brillo. El otro resucitado es Darth Vader, pero solo es necesaria la voz original de James Earl Jones. En el filme a Vader se le usa brevemente y huele a deja vu, pero de todas maneras en su segunda aparición brinda uno de los mayores orgasmos de un cinéfilo.

Una interrogante que uno se hacía era como iba a ser el desenlace del filme y de los personajes para encasillar con toda la saga de Star Wars, y aunque muchos han apuntado a encandilarse con la idea –y promesa de Gareth Edwards- de una batalla sin igual, y ya muchos hablan con entusiasmo selectivo del último acto del filme, la realidad es que tiene lógica, sorprende de Disney y es conmovedor el final. El filme paga bien al espectador, cierto que tampoco es terriblemente maravilloso, maneja mucha humildad, hay una notoria noción –en el alcance- de estar frente a un spin-off, pero ver al original Vader, al original Moff Tarkin, articular una trama y narrativa correcta, sin malograr nada y propiciando un background básico, generar emoción en algunos momentos de acción y sostener el mundo de Star Wars desde cierta independencia inocua merece su agradecimiento. 

viernes, 23 de diciembre de 2016

Mi amiga del parque

Ganadora de mejor guion en el festival de cine de Sundance 2016. Liz (Julieta Zylberberg) es una mujer insegura, pero lógicamente insegura (aunque la idea es pensar que tiene un problema y exagera), teme por la salud y bienestar de su bebé, duda de su capacidad para cuidarlo y de lo impredecible que es la realidad y el mundo. Ahí la vemos ducharse y llorar y a cada rato mover la cortina y vigilar si está bien su bebé. El filme de la argentina Ana Katz coge esa inseguridad y la pone a prueba con una amistad –la de la amiga del parque, la de Rosa, la propia Ana Katz, en un dueto magistral- y yendo a lo secundario en un largo viaje en carro (cuando se piensa de Liz que es una pésima conductora y tiene una responsabilidad que prácticamente la tiene sujeta en su vida, cuidar de su primer hijo). 

La prueba –que la propia Liz se impone- es poder confiar en Rosa, en hacer solvente su amistad, cuando en el barrio Rosa y su hermana Renata son mal vistas, las llaman despectivamente las hermanas R, las ven fraudulentas, inmaduras, confianzudas y aprovechadas. Se dice de Rosa que se llevó un auto del barrio sin permiso, y frente a Liz se roba el pago que Liz hace en un lugar de comida y genera que tengan que huir con los cochecitos de los bebés. Liz desconfía de todos, hasta de una nana y empleada ejemplar y rigurosa que contrata. La observa como si pudiera lastimar a su pequeño Nicanor de 8 meses de nacido. Liz desconfía también de sí misma porque no puede dar de lactar a su hijo. Pero en lo que puede sonar paradójico Liz se hace amiga de Rosa en este trance tan difícil de su vida.

¿Temes de lo más confiable –de una nana experimentada y seria- y del amor más grande, y se pueden entender estas dudas, pero pretendes confiar en el peor de tus (nuevos) amigos? Rosa tiene –al parecer- su cuota de simpatía y expresa ganas de apoyar, pero está cargada de defectos y libertades reprobables, como mentir diciendo que Clarisa, la bebé de su -supuesta inestable- hermana, es suya. Rosa se cree una buena madre, antes y después de saberse la verdad, y esto es parte de la prueba (en la mente de Liz) en un juego de espejos. Pero todo tiene una razón y un sentido, y esta es la audacia y distinción de la propuesta, aunque arriesgada y poco común es una elección elaborada y emocional, Liz quiere demostrarse y demostrar que uno puede confiar en uno mismo y en los demás, cuando las personas de este “experimento” no presentan todas ni muchas de las cualidades para sostener una maternidad y amistad saludable. Trata de la búsqueda de una cura psicológica. El extremo requiere de otro extremo, es decir, el miedo frente al heroísmo. La trama invoca al pusilánime que se convierte en héroe.

El filme yace en un empaque sencillo de vicisitudes menores y narrativa amable, muchos dirán convencional, pero sumamente atrapante y deliciosa (nunca habrá mejor que saber contar una historia, poder profundizar en el mundo con tanta claridad), como hallar un arma en un bolso o que desaparezca el bebé, a la vera de las hermanas; contrastando la personalidad vulgar -a un punto- y desenfadada de Rosa con la corrección de Liz, en la que es una especie de buddy movie de la maternidad. Hay una sub-trama de lejanía  y soledad con el marido de Liz, el que trabaja en el extranjero, que agrega al meollo, pero no tiene mucho vuelo en sí, no obstante nos habla del machismo, en donde se cree que cuidar de un hijo es deber exclusivo de la madre, dejando al padre relegado a un segundo plano, lugar a donde apunta una crítica, y además de que la madre no tiene esa naturaleza irreprochable que muchos señalan, sino se va construyendo, aprendiendo y creciendo una como madre, habiendo una imperfección y cierto vacío que trabajar. 

martes, 13 de diciembre de 2016

Viejo Calavera

Si antes he mencionado que era una alegría hallar cine ecuatoriano, por lo que no abunda, la alegría es la misma con el cine boliviano, que apenas existe. Este filme se ubica en Huanuni, una zona minera. Nuestro protagonista es Elder Mamani (Julio Cezar Ticona), un joven que acaba de perder a su padre, quien era un buen hombre –vemos en una escena lograda como limpian su cuerpo, que propone un lado místico y llano al mismo tiempo, tal cual esa voz que lanza lamentos familiares al viento- y se halla perdido, para alcoholizado y drogado, vive con su sufrida abuela y no tiene una buena conexión con ella. Un tío y padrino, Francisco (Narciso Choquecallata), decide ayudarlo, y lo mete a trabajar en la mina, aun a riesgo de ser tachado de generar nepotismo. El joven Elder no se encamina y sigue rebelde, pronto disgusta a sus compañeros que lo ven como una mala vibra, e incluso se pone en peligro al deambular borracho por la mina.

El arranque del filme es bastante bueno, vemos como Elder lleva una vida desenfrenada, roba y huye, y se va de juerga a una discoteca, en que vibra la música electrónica. Esto es interesante, ver que el filme no recurre a estereotipos, y apreciamos que Elder es una bala perdida, cero corrección con él, es un tipo solitario. Pero esto no es arbitrario, porque Elder es un joven lastimado internamente, requiere un mentor, cariño que valorar, y es por eso que malgasta su vida, se halla desganado y destructor de su propio ser. Lo cual muy bien se definirá en aquellos cuerpos cubiertos por una frazada, en un acto de retribución y cuidado.

El filme nos enseñara la vida de la mina también, la de los compañeros, divirtiéndose, celebrando y haciendo política, ya que pertenecen a un sindicato y no falta la lucha social en sus duras existencias laborales. El filme es muy sencillo en la historia de Elder, pero sirve de diferenciación, con esto la propuesta trata de desligarse de una visión parametrada de las personas. Enseñar la complejidad y la imperfección de todo ser humano, las distintas aristas que solemos poseer. Es interesante ver que los mineros no solo son supersticiosos y socialistas, sino que también juegan/tontean, se divierten, como hacer luchas de sumo en la piscina, donde existe una camaradería y sentido de la unidad bastante poderoso, al menos como grupo de trabajo.

El filme está ambientado mayormente entre tinieblas, hay una estética de la oscuridad, habiendo la dificultad de filmar en la mina, pero que queda bastante bien, uno logra ver tranquilamente a pesar de la poca luz y a la vez sentir no solo la realidad de esta forma de vida, también una distinción visual, una creación cinematográfica, una buena captura, la de un tipo de mundo aparte. Los roles no los tienen actores profesionales, y se nota, sobre todo cuando hablan, están en parte acartonados. Pero el director Kiro Russo inteligentemente no hace hablar mucho a Elder, su expresividad es corporal más que todo, es un hombre de acciones, y así funciona perfecto. Salvo los discursos sociales, que ciertamente se ven muy naturales, que se oyen como salidos de un cine soviético, con la palabra compañero/camarada repetida hasta la extenuación. El filme tiene un buen toque realista, se maneja muy bien, con los mineros con sus bolas de coca en la boca. 

domingo, 11 de diciembre de 2016

Sully

Unas  gaviotas se estrellan contra los dos motores de un avión comercial y los malogran apenas salen del aeropuerto quedando en muy mal estado el vuelo. El piloto Chesley “Sully” Sullenberger (Tom Hanks) que cuenta con 40 años de intachable experiencia, junto a su copiloto, Jeff Skiles (Aaron Eckhart), decide amerizar en el río Hudson, New York, como medida para salir intactos, salvar a sus 155 pasajeros y a la tripulación, rehusando no aterrizar en ninguno de los 2 aeropuertos más cercanos, como le indican por radio. Esto es el filme, Eastwood vuelve con un filme elemental, tras la pésima y propagandística El francotirador (2014). Y lo que hace de buena calidad al filme es su estructura y su forma de exposición, donde mediante varios flashbacks se palpita el momento clave del vuelo de Sully, se discute si fue apropiado su amerizaje o en realidad puso en peligro a los pasajeros con su acción, sabiendo que el Hudson es un río helado además y pudo haber hipotermia o congelación. Por lo que la ayuda de los guardacostas y demás grupos de rescate hicieron lo suyo también.

Se pone en duda el profesionalismo y el sentido común del piloto, al que en New York lo creen un héroe, y él humildemente no celebra, lo llama una acción colectiva, apreciándose como situacional, de reacción rápida y de temple, mientras busca tratar de pensar bien que sucedió, y defender con juicio pleno que hizo lo correcto, que un momento de este tipo puede implicar romper con el reglamento, que el factor humano implica una decisión más real, más eficaz, y a pesar de las apariencias mucho más segura, porque ir hasta los aeropuertos significaba por el contrario no llegar ilesos. Esto puede entenderse que es también la premisa de El Francotirador, pero cambia un contexto, añádele otros elementos y el panorama, la decisión, la empatía y la respuesta es totalmente distinta. Partamos de que es inconcebible y muy ligero, no es el mismo peso ni la misma condición, comparar al antihéroe de un western, la fantasía de un entretenimiento puro y duro, con una figura real e histórica, muy fácil de identificar y que hay que asumir y aprobar, el nivel de abstracción y compromiso es distinto, como lo que proporciona una guerra reciente como Irak y sus agentes de acción, el aceptar sacrificar vidas humanas –niños y mujeres, ciudadanos civiles, seres humanos, vistos todos como salvajes- toma otro vuelo cuando tenemos la noción de querer perpetrar una justificación con algo mucho más próximo y tangible, la proyección y el entendimiento asume otro nivel y el espectador lo siente y lo procesa/atiende de otra forma, cuando lo que uno observa ya no es un juego o simple ficción.  

Decir que Eastwood repite la misma esencia  y constantes en sus películas, es verdad de alguna forma, pero cuando el nacionalismo y el patriotismo por sobre el resto se desbordan es menester señalar ese extremismo, egoísmo, empobrecimiento humano y unilateralidad, como también el sentido de la ira y la falta de meditación total. En cambio Sully prefiere pensar en lo humano, asumiendo a esos 155 pasajeros como el mundo y no solo como norteamericanos, o es por eso que uno se identifica y ama lo que ve. El filme de Eastwood pone a pensar el incidente llamado “El milagro del Hudson” desde distintos ángulos –que no son muchos- y momentos, es el sistema reclamándole a un agente, distinto a El Francotirador donde el sistema impulsa y justifica ese comportamiento bélico  y ultra defensivo y cerrado de lo nacional y lo premia y lo eleva como héroe nacional. Sully hace un gesto por los demás, se “sacrifica” o desobedece (en realidad solo hace lo que cree lo más razonable para salvar a todos), manteniendo su moral y ética, actúa fuera de la cuadratura para salvar hasta el último pasajero, hace de su experiencia y lucidez una bandera de justificación. Lo inteligente del filme de Eastwood es que no se trata de ir en contra de los reglamentos, de aceptar que cualquier “loco” puede creer que debe reaccionar a su regalado gusto, Sully demuestra que lo que decide es lo más inteligente, y además hace uso de una opción del manual, el amerizaje.  Pende de un hilo su reputación y se juzga su profesionalismo, como se dice toda una intachable carrera puesta en vilo por 208 segundos de reacción, en que Sully demuestra su buen manejo, donde la mayoría hubiera fallado. Es realmente un héroe.

El filme no cansa por más que se articula mediante lo elemental, aun cuando los componentes son muy pocos, el contraste de la decisión –e investigación- como el de la introspección personal –que llega hasta soñarse en la catástrofe, que repiten los simuladores, creando la idea del horror que pudo ser, sin grandilocuencia alguna- y el revuelo y la reacción de cara al público –un taxista, un barman, gente común, que muestran admiración- y a los familiares –que muestran preocupación por el estado emocional de Sully- , no hay mucho que contar, pero el ingenio del director hace que el filme presente momentos interesantes alrededor del vuelo (explican puntos contrarios pero, desde luego, Sully es el protagonista y se entiende a donde apunta la balanza). La película posee una narrativa solvente y delicada, se siente emoción dentro de un tono elaborado (recurriendo a la otra cara de la moneda, el triunfo, no el horror, que por lo general no se estila, sino más bien el espectáculo, la tragedia, y ahí el tribunal también yace muy comedido), que no se agote a pesar de la omnipresencia de esos intensos y decisivos 208 segundos –que sentiremos en todo el metraje de distintas maneras, el vuelo es una constante en nuestra mente- , sin buscar sentimentalismos, ni celebraciones heroicas altisonantes, como en su anterior película, lo cual parece una enmienda a cierto punto, no obstante se puede ver que Eastwood recurre a varios lugares suyos comunes, como un director que tiene una manera de narrar el cine.

Tom Hanks para ello como Sully mantiene mucho el equilibrio, demuestra sosiego y madurez, sencillez, de quien sabe y solo cumple con su trabajo y deber, transportar sanos y salvos a sus pasajeros. Tiene un cariz natural que revela a un hombre coherente, racional, centrado, controlado, aunque pensativo y preocupado dada la situación.  No es –con todo respeto- como Chris Kyle que va por lo extremos (nacionalista, en una misión superior, sufriente hasta la locura, rechazando intenso los honores), donde Eastwood subraya, pone énfasis en su mensaje. Sully puede que sea una versión mucho más light y bastante mejorada de Kyle, pero, claro, lo dicho, es otro contexto para bien o para mal. Este filme es simpático y sencillo, en el estilo de un buen clásico, es más un Eastwood medido y austero, pero genial en su distribución narrativa, en como mueve y expone sus fichas. Ser novedoso y emocional en su punto, sin tragedia ni melodrama, con una historia donde un vuelo no se estrella, no hay muertos y se habla de un triunfo de lo colectivo, es un filme definitivamente valioso, y sobre todo muy maduro e inteligente.