miércoles, 20 de septiembre de 2017

Mrs. Fang

Leopardo de oro, máximo premio del festival de cine de Locarno 2017, documental dirigido por el cineasta chino Wang Bing. Una mujer de 67 años sufre de Alzheimer hace más de 5 años y ahora está en la peor fase, yace casi inmóvil postrada en una cama, la boca la tiene entreabierta con los dientes a la vista y los ojos se encuentran fijos lagrimeando a ratos, se mueve apenas, no habla, está como en otro mundo, está muy próxima al estado vegetal, su nombre es Fang Xiuying, y el documental de Wang Bing pone la cámara a ver su último trance en el mundo, hacia su cercana muerte. El documental la retrata junto a su amplia familia –en especial con sus 2 hijos, hombre y mujer- que la están cuidando, en un lugar estrecho y humilde en la villa de Maihui, en la provincia de Zhejiang.

El filme simplemente documenta la pasividad de la mujer y el ajetreo y preocupación de los muchos visitantes a su alrededor –quizá también porque es la forma china de hablar-. La cámara se mete en la intimidad y en la tragedia de la enfermedad, Fang no se ve tranquila, su expresión es tensa, el filme la desnuda en un momento muy personal, y uno siente que invade su vida. El documental no apela al sentimentalismo, trata con la dureza y no pretende la ternura, las imágenes son sencillas pero fuertes.

Ver el estado de la señora Fang es incómodo, uno puede sentir como si ella nos dijera con su fija dolida expresión que nos vayamos, que no la miremos. Es como un alegato de sufrimiento, de un lugar sin solución y más bien demora en terminar. La familia discute de temas de sus vidas privadas, poco importa, la imagen de Fang lo abarca todo en este momento.

La señora Fang no necesita hacer nada, pero conmociona al espectador, y no es producto de violencia visual, el filme como máximo solo se fija en el rostro de la mujer, y no en sus necesidades fisiológicas cubiertas por su familia. Pero cuando vemos que le dan agua y ella casi se ahoga sabemos que el filme pudo ser mucho más explícito y mostrar una cara aún mucho más terrible para nuestra observación, aun cuando el filme está muy despojado.  

La propuesta presenta desahogo, en especial con la vista de la búsqueda de alimentación rural de los allegados de la señora Fang, cuando practican la pesca eléctrica y la cámara sigue hasta en tiempo real una larga caminata tras ésta labor. La pesca eléctrica se repite hasta en tres oportunidades ante nuestros ojos y es la misma monotonía que refleja los últimos días de la protagonista, de la que muy poco sabemos, y se ve bastante humilde, aunque lógicamente la muerte y su proximidad es culpable de quitarnos prácticamente todo.

El tema de la muerte que maneja Wang Bing es todo lo opuesto al espectáculo y a contar historias, es algo tan desprovisto de grandilocuencia y fantasía que acabada la película te quedas compartiendo el silencio con aquel cuerpo pasivo que hemos visto por tanto tiempo sin cambio llamativo. Es el tipo de vida que no solemos tener presente y más abunda; es el momento en que no pensamos y al que todos enfrentamos. 

martes, 19 de septiembre de 2017

Evolution

La directora de la película, la francesa Lucile Hadzihalilovic, esposa del polémico director Gaspar Noé, con quien ha colaborado en algún guion y edición, no podía entregar una propuesta convencional, por lo que atribuye poder simpatizar con su filme a lo sensorial en lugar de comprender una historia, y se pierde de ser harto más seductora, porque contiene buen material con el que tenía para crear una historia solvente y más interesante; rara y llamativa, pero justificable, a un grado que se hile, al menos. No obstante se aprecian algunos parámetros para conformar una historia, como contener un comienzo y un final novelesco, pero que en conjunto queda en ciernes, porque en realidad no hay mucho debajo y la experiencia se presta inferior.

En el filme de Hadzihalilovic vemos una isla con niños -sólo varones- dominados por unas falsas y frías madres que arguyendo enfermedad –inducida por ellas, como con el elixir que les dan- los trasladan rápidamente a un hospital lúgubre y de mal aspecto donde experimentan con ellos; en este lugar hay una fuerte relación con la concepción, a partir de los propios niños, los ya crecidos; ésta es la evolución que señala el título, pero que arguye una involución, claro, está, fuera de lo evidente, partiendo del rapto y el formateo.

Se ven prácticas cada vez más inexplicables y extravagantes que flirtean con la corrupción, siempre a un paso de la trasgresión, aunque la directora nunca llega a cumplir dicha amenaza –esto se aminora más bien en su composición- o no se capta en todo esplendor, pero a uno lo tiene en vilo, en el terror, paladeando que toda la experimentación tiene del género, que se plasma en el body horror, donde brilla finalmente más la ciencia ficción y cierta cordura –contenerse- o algo parecido.

Ésta corrupción incluye el asesinato de niños, como señala el muerto hallado en el fondo del mar con extrañas marcas que remiten a la estrella de mar (por ende a la experimentación), del que habla el pequeño protagonista. También tenemos a la pedofilia, velada y distorsionada en la experimentación, pero que al final con la relación con la enfermera (Roxane Duran) queda libre de cortapisas, sólo que resuelta bajo menor polémica, por el tiempo de los sucesos y por los hechos en sí; vemos un beso como una disparo, un ahogo simbólico –una recapitulación hasta la elección de lo correcto- y un amor de juventud, aprendizaje y compasión, veloz como el chasquido de dedos, a través de lo tentativo, pero en última instancia platónico, mientras lo de los bebés inoculados o extraídos de los niños se siente medio absurdo, pero intriga.

La ambigüedad y el esbozo tienen su belleza. Lucile Hadzihalilovic crea un buen filme, por una construcción estética y un tono brillante que señalan personalidad, pero imaginemos que tuviera una historia tan potente y seductora argumentalmente como la de La Isla del Doctor Moreau de la que la directora ha declarado beber, estaríamos ante una obra maestra del séptimo arte, y el tono y la estética son tan poderosos que ésta meta no sonaba lejana. 

martes, 12 de septiembre de 2017

Pi

La ópera prima de Darren Aronofsky es una película de bajo presupuesto hecha en blanco y negro, tiene una premisa interesante y extraña. El matemático Max Cohen (Sean Gullette) quiere hallar los patrones universales del planeta a través de los números y poder predecir cualquier asunto por medio de ellos.

Max Cohen toma pastillas como caramelos y tiene una jaqueca brutal, pero no detiene su búsqueda. La propuesta combina surrealismo, onirismo, locura y realidad. Nunca estamos al tanto donde realmente nos encontramos.

El matemático se topa con una secta de judíos por medio de Lenny Meyer (Ben Shenkman), un amigo que parece perseguirlo, y es que muchos están enterados de la búsqueda de Max; hay que apuntar que el filme se mueve en gran parte por la mente del protagonista. Esta secta cree que los patrones universales están en la Torah –la biblia hebrea- y quieren que Max lo trabaje, pero lo de Max es una obsesión solitaria sin la especificación de su ambición.

Max tiene un mentor, Sol Robeson (Mark Margolis), que renunció a la misma búsqueda; ellos juegan Go –juego chino de hace más de 2 milenios de existencia-. Sol cree que el Go contiene los patrones universales. Además hay una empresa de analistas de Wall Street que tratan de acorralar a Max y asociarlo a su empresa.

Sol le dice a Max que está más cerca de la numerología que de la ciencia, y así se percibe la narrativa y tono del filme, con un aire hacia algo terrorífico u oscuro in crescendo. El filme es mucho una pesadilla, sentir la presión -y las alucinaciones- del protagonista, arrastrado hacia la imagen psicótica de un taladro perforando un cráneo.

La propuesta indie de Aronofsky mezcla lo místico con las computadoras. Max no luce inteligente, pero supone alguien excepcional, aunque más parece un demente. El filme es una ilusión y puro suspenso, lo que es su mayor virtud o quehacer torturador, inquietante, perturbador, aunque tiene de ridículo también. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

The Eyes of My Mother

Película filmada en blanco y negro, ópera prima de Nicolas Pesce, de una hora 15 minutos, dividida en tres partes (mamá, papá, familia). El filme relata la corrupción de una mente y el nacimiento de una asesina. Una niña muy unida a su madre, una cirujano ocular de origen portugués, suele atender como trabaja con los animales de su granja, la madre va formando su personalidad, pero es cuando ocurre un incidente salido de la nada que queda perturbada.

Prácticamente sola en el mundo con un padre que no le habla, que está pegado a la televisión y apenas comparte un baile ocasional con ella es que su mente sigue el camino inevitable de la distorsión. Lo que viene después es ver a una persona fría y malvada; surge la tortura y la animalización de víctimas. El filme se apropia de la sangre caliente –latina- de la protagonista –lesbiana, además-, la que macabramente habla sola -llamando a su madre- y algo –el bosque, lo oscuro- le escucha y le cumple sus deseos.

La propuesta puede verse sólo como una trama criminal de una persona perturbada. Queda claro que Francisca (Kika Magalhaes) es una mujer enferma, una psicópata, el filme crea un personaje sólido con ella; es más, ella es la película. Las tres partes del filme son cómo va definiéndose como persona, cómo estos puntales construyen su psiquis. La trama es muy austera por donde se le vea, pero muy placentera como terror.

Uno de los asesinatos por extraño que suene se percibe como un baile sensual –a lo Hannibal Lecter-, en medio de apuñalamientos y el sabor agridulce del karma. La escena de la mujer esclavizada avanzando a oscuras hacia un posible atropellamiento también ostenta una estética, rara e inquietante.

El filme muestra mucha crueldad y extravagancia en el comportamiento de Francisca, la que es como un animalito sin demasiado entendimiento de sus acciones. Pero no vemos asesinatos explícitos, estos yacen en fuera de campo; la historia se enfoca en la locura a raíz de la soledad, el vacío y la pérdida, en las voces de su cabeza, en sus necesidades físicas y emocionales corrompidas, en el aprendizaje del placer sórdido y el recuerdo de la profesión materna.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Doble

Esta película peruana colombiana dirigida por el colombiano Felipe Martínez Amador es una película comercial simpática y con un nivel decente de comedia, aunque a ratos se va por el camino fácil de la broma gruesa y la jerga, pero son los menos. El nivel general del filme es saludable, y está bien constituido, aunque buscando motivos y continuidad al hecho de mezclar los tiempos para hacerse con la mujer deseada se note a ratos algo forzado, sin embargo funciona en general. El filme de Martínez Amador por momentos es bastante ligero, pero su narrativa en conjunto fluye, es amable y agradable, también tiene su audacia con la mezcla de las distintas realidades, de la realidad paralela, del deseo de Fede (Salvador del Solar) de tener más tiempo libre con su esposa, la que para ocupada con un trabajo demandante, aunque de mucho éxito y dinero, pero aun así ella trata de complacer a su marido. La esposa la interpreta la colombiana Majida Issa como Mariana.

Fede exagera un poco el problema de la distancia, cuando ella no puede ir a celebrar su aniversario -20 años de casados- al lugar donde se conocieron. Quizá por eso su estupidez y –entre comillas- buena onda termine golpeándole como un boomerang, aunque él crea que hace lo mejor y hasta se sienta realizado y feliz consigo mismo. Pero vayamos más atrás, Fede al ver pasar un cometa, el mismo de su juventud y el mismo del comienzo de su romance con Mariana, pide un deseo medio sin querer queriendo y vuelve al pasado, a conocer otra vez a su mujer, 20 años atrás, mientras su mujer de la actualidad se va alejando de verdad de él y éste paradójicamente siente que es lo mejor. Doble estupidez, y es que doble no sólo es la mujer repetida. El filme pretende la corrección política. Fede aunque en un inicio hace lo que le da la gana, se va con la versión joven de su mujer, la que quiere ser fotógrafa, y él su manager y no su marido, termina minimizándose y prácticamente botándose a la basura; claro, que con algún detallito de por medio como ganar la independencia laboral.

Detrás de la película hay un argumento –un lugar común cinematográfico- disque idealista, pero que realmente es superficial y antinatural, porque no retrata personas, sino entes inanimados y fantasiosos, pero más allá de esto –aunque un punto clave- el filme tiene muy buena comedia y la ciencia ficción con el manejo de las aventuras y el rock de la vida paralela de hace 20 años se hace muy entretenido, otorgándose flexibilidad y plasticidad e incluso hay cambios que llegan a ser muy graciosos, porque no se les toma en serio en absoluto, sobre todo con el personaje que hace Christian Meier que es jocoso. A Meier le va muy bien la comedia, como a Salvador del Solar sin caer en lo alevoso.

El filme tiene su buena cuota de ingenio en esta interacción con los tiempos y las distintas versiones de Mariana, la que se hace creíble en dos épocas y edades distintas, mérito de ella sin aspavientos. Salvador del Solar también está a la altura como el personaje central, tiene carisma y la ligereza que implica su papel. El filme se ambienta en Colombia, pero los lugares tienen un aire muy general que poco importa confirmar en donde nos hallamos. El filme en ese aspecto hace ver la actualidad de Fede y Mariana como gente con cierto poder adquisitivo y el pasado algo tipo punk, rebelde. No se necesita mayor complejidad en los escenarios.

El efecto y la justificación del cometa mágico y el deseo cumplido es lo suficiente funcional, pero logrado, que como dice un diálogo, no es necesario hablar de duendes y subrayar que tratan con lo absurdo. También hay momentos muy coherentes que hacen un buen contraste con el aspecto fantástico. A ese respecto la psicóloga y gurú de la mujer casada dominante que interpreta otra colombiana, Julieth Restrepo, se brinda muy competente. Este filme no apela a la vulgaridad habitual de la comedia del cine nacional, entrega un cine más sofisticado en cuando a maneras y a su temática, sin perder en el trayecto la cercanía con el público, ser entretenido y tener un toque de arte. La mezcla de los tiempos, los cambios del futuro y la estructuración no necesitan ser revolucionarios, sólo hace falta algo de imaginación, gracia, proximidad, sentido del ritmo y de la comedia, para hacer algo valioso. Como entretenimiento comercial es un éxito, sin ser plus ultra. Es un filme ligero con un manejo claro y algo curioso, una comedia romántica efectiva –divertida- con su toque interesante que hasta se da el lujo de saltarse alguna convención determinante, mediando un cierto aire pro-feminista (también bromea con ello con la psicóloga), aunque todo manipulado por un hombre.

Verano 1993 (Estiu 1993)

Frida (Laia Artigas), una niña de 6 años, pierde a sus padres, no sabemos cómo específicamente, aunque sólo le tensiona y tiene presente la muerte de su madre, su padre parece que la arrastró a una enfermedad y todo sugiere que fue el Sida. Ni Frida ni la película de la española debutante en el largometraje de ficción Carla Simón lo dicen abiertamente, que Frida sufre mucho la muerte de su madre. Todo el metraje del filme es la conmoción y shock silencioso de la pérdida, Frida pasa por el trance de aceptar la muerte más importante de su existencia a muy corta edad. La niña ha ido a parar a vivir con un tío (el hermano de su mamá), su mujer y su pequeña hija (más pequeña que Frida); ha pasado a vivir a una buena casa de campo. Su nueva familia es muy cálida, bondadosa y responsable, aman a Frida, pero la niña -rebelde en este momento, por el vacío e impacto que lleva dentro- lucha por adaptarse a su nuevo hogar.

Lo que más puede agradar, teniendo en cuenta que el presente filme ha conseguido complacer prácticamente de forma apabullante, su parte distintiva y artística, es que tiene un tratamiento muy moderado y calmado de lo que siente Frida, de un golpe brutal en su vida, un dolor expuesto transversalmente mediante sus continuas travesuras, ocurrencias, escapes y exabruptos (por pequeñeces), es decir, Frida sufre, pero no lo vemos con lágrimas ni melodrama, está aparentemente postergado, pero lo que presenciamos en realidad en la trama de la catalana Carla Simón es la catarsis de la pequeña (para expulsar la enfermedad del organismo), y esto es a través de aprender a vivir con su nueva familia. La adaptación a la villa es un trance mortuorio íntimo, “secreto” y personal; entrar en la corrección es superar el sufrimiento interno.

El filme gusta inmediatamente porque se trata de una niña dulce y carismática, que identifica y sensibiliza al público y no sólo porque es linda en varios sentidos, tiene momentos donde denota una personalidad muy femenina; desde luego, inocente, pero también tiene su carácter y debe desarrollarlo aún más, sobre todo cuando este filme coming of age nos presenta una prueba –injusta- de la vida. El filme cautiva al que entiende –y no pierde de vista- el gran golpe que padece, ésta es una presencia mental y constante en cada acción. Es mirar su comportamiento –la reacción ante el leitmotiv del filme- en cada rincón. No obstante, la propuesta tiene cantidad de ratos de alegría, aventura y ternura, sumado a que no hay excesos de dramatismo con lo que se hace muy simpático y llevadero de observar; el filme requiere sensibilidad, la que aplaca cierta falta de originalidad y su sencillez formal.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Atómica (Atomic Blonde)

Lo primero que llama la atención de ésta película, y es inevitable ya que suena como arbitraria y potente la banda sonora, es la selección de la música del filme, con canciones de los 80s de músicos y bandas emblemáticos de la época. Escuchas a David Bowie, The Clash, Queen, Depeche Mode, New Order, Blondie, The Cure, George Michael, Peter Schilling, entre otros. Las canciones en medio de las luchas cuerpo a cuerpo se oyen extrañas, pero son canciones que hacen distinguir la película y le dan una combinación curiosa y simpática a fin de cuentas, luego de acostumbrarnos. Propician una atmósfera de intensidad y de fiesta.

El director de la presente película, David Leitch, es un consumado doble de acción y coordinador de escenas de riesgo y combate quien fue codirector de la magistral película de acción John Wick (2014), oficialmente sólo de Chad Stahelski, donde Leitch hizo de productor, además.  Atomic Blonde (2017) es un filme de espías en toda regla, es decir, uno tan complejo que es difícil de comprender en su totalidad, cargado de traiciones y dobles espías, uno no sabe para quienes trabajan muchos de los involucrados hasta el último segundo.

La protagonista es una espía de las más duras, interpretada por la hermosa y talentosa Charlize Theron, que demuestra que es capaz de hacer hasta lo impensable en su carrera de actriz, se reta constantemente, como con la actual película donde tiene que demostrar dominio del arte marcial y enfrentarse a puño limpio hasta la muerte con tipos enormes e igual de preparados que su personaje, una badass, una James Bond de última generación. Theron le da volumen a su personaje, cuando éste tiene mucho trabajo de campo, especialmente matar rusos.

Lorraine Broughton (Charlize Theron) en el presente es interrogada no de forma muy cálida por sus duros superiores del M16. Cuenta su periplo por la Alemania comunista a puertas de caer el muro de Berlín (el año de 1989), sobre la misión de hallar -antes de que empiece una cacería- una lista donde se delataría a todos los espías en favor de su país. A través de flashbacks Lorraine entra de encubierto en Alemania del este, lugar en que debe contactar con el espía David Percival (James McAvoy), un tipo pícaro y muy cool, que carga a menudo su Jack Daniel's. Entre ellos está una espía aprendiz francesa, Delphine Lasalle (Sofia Boutella), con la que Theron tendrá un romance de esos candentes pero finalmente intrascendentes en la trama. También Lorraine tendrá que sacar del país a un miembro del Stasi –servicio de inteligencia de Alemania del este- interpretado por el competente Eddie Marsan, como Spyglass, un hombre pequeño. Junto a estos cuatro personajes están los militares rusos con sus guardaespaldas, asesinos y guerreros gigantes, y el malvado jefe ruso (Roland Moller) que hace su impactante entrada dándole una golpiza a un skater con su propia patineta. Estos enemigos rusos poco importan, son un lugar común sin mucha pompa efectiva, aunque algo se les distingue; sus combates sí son excelentes, como el que Lorraine tiene al querer salvar a Spyglass de una lógica emboscada para que no traicione a la Stasi, que hasta el final es espectacular, con el auto en el agua. Theron sale bien golpeada, sangrante, quedando con mal semblante. Hay otros personajes, aliados, espías y pequeñas vueltas de tuerca adicionales, pero ésta película es complicada de seguirle en todo, y tampoco es indispensable hacerlo.

Quedarse con sólo las peleas es ser tacaño con la propuesta, porque el filme de David Leitch no se trata únicamente de esto, tanto que sorprende por ser un filme arduo de espías, aunque tiene sus ejes claros (la lista; Satchel, el traidor de la corona; Spyglass). Si buscas sólo combates marciales los tendrás pero no hay en demasía aunque suficientes (si quieres muchos de ellos, intensos, frenéticos, alucinantes y en toda gloria, John Wick es la mejor opción), más es el juego de los traidores, de identificar enemigos y amigos (y conocer mejor a los amantes), de especular y sacar conjeturas. Lo que pasa es que Atomic Blonde palia su complejidad argumental con los combates, con ejes fáciles y vistosos y con su locuaz banda sonora, pero todo se complementa y entrega una muy buena película, que tiene estilo y su originalidad como película de acción, y como cine de espías es más llevadera. Se basa en la novela gráfica The Coldest City (de esto también lo cool del filme), del inglés Antony Johnston.

Night of the Demons (trilogía)

Night of the Demons (1988) la dirige Kevin Tenney con guion de Joe Augustyn, cuenta como un grupo de 10 amigos -muchachos locos en busca de diversión- deciden ir a la casa Hull en noche de Halloween, una casa de la que se dice está poseída por demonios y que fue una funeraria, crematorio y cementerio. La casa Hull también tiene una historia de homicidios con los dueños –muerte entre familiares- y, además, una leyenda india sobre no cruzar hacia allá. Pero los muchachos quieren celebrar la noche de brujas de la mejor forma y esto es ir a la fiesta que organiza la muchacha marginal apegada a la magia negra, llamada Angela (Amelia Kinkade), la que va con su mejor amiga Suzanne (Linnea Quigley), la chica fácil y sexy.

La chica virginal, temerosa y recatada, estereotipo que no falta en la clásica película de género, se llama Judy (Cathy Podewell) y ella es algo la voz de la consciencia o la que menos bulla hace. Tiene 2 pretendientes, el galán superficial Jay –que sólo se la quiere coger- y el rebelde, rústico y solitario Sal –el amor inesperado-. Con ellos va una pareja de novios cercanos a Judy, personajes anodinos, pero que sirven para poner más carne sobre el asador, y otros tres chicos aparte en su propio auto, un afroamericano que le teme a todo, una chica que sirve sólo para que la insulten y un muchacho grueso, bromista, maltratador, misógino y vulgar.

La película tiene varias escenas de sensualidad, hay que recordar que es una película de típicos adolescentes en busca de juerga, donde hay 3 grandes escenas. Una es cuando Suzanne enseña su voluptuoso trasero en ropa interior –Judy también aunque casual cambiándose en su cuarto- y sus lindas piernas sobre tacos altos rosados para que su amiga pueda robar cosas para la fiesta. Otra es un baile entre freak y erótico de Angela con la canción Stigmata Martyr, de Bauhaus, de fondo; que es el arranque de las posesiones. La última es cuando Suzanne entra en estado de posesión y se pone absurda e imprevisible. Estas dos últimas escenas mencionadas generan buenos momentos de terror.

El filme de Tenney es muy básico, pero es un buen filme. Ya hay mucha agua recorrida en el género pero aun así se las arregla para hacer lo suyo, aunque por sus venas pasa El exorcista (1973), The Evil Dead (1981), Demons (1985), Demons II (1986) y Evil Dead II (1987). La propuesta está bien constituida; su historia mete de todo para justificarse y lo hace muy ligeramente, pero tiene buen manejo de las escenas de terror y su sentir adolescente es sólido. El ambiente central de la casa se presta para la lujuria y lo macabro, su combinación máxima.

Night of the Demons 2 (1994), de Brian Trenchard-Smith con guion de Joe Augustyn, también funciona, no es mala película aunque no es de las más memorables. Imprime mucha comedia, pero mantiene algo el interés en sus escenas de terror, tiene aún efectos especiales decentes. Ésta vez la Angela (Amelia Kinkade) de la anterior película es el demonio central, y tiene un pariente en una chica a la que le suelen hacer bullying (el alma pura a sacrificar). Se inscribe el filme en un internado de chicos problemáticos, con separación de hombres y mujeres, a los que una monja rígida suele vigilar dictatorialmente. Ésta monja (Jennifer Rhodes) hará también de héroe, propiciando cero ingenio más bien; los adolescentes tampoco yacen iluminados (aunque se ve algo en Zoe Trilling, y el taekwondo de uno de los muchachos). No es una película brillante, pero el director y el guion de Augustyn al menos no son un cero a la izquierda. El filme tiene un lado infantil, pero que no llega a destruir la película, se acopla al terror que mantiene un cierto lado serio. Usan pistolas de agua y globos con agua bendita para combatir a los demonios, y sin embargo tiene gracia. Tiene su culto también.

Night of the Demons III (1997), de Jim Kaufman con guion de Kevin Tenney, baja ya demasiado el nivel, se nota un filme en extremo barato, no es ni para televisión; además, la narrativa es en parte repetición de la primera. Se instala en la casa Hull y llegan nuevos adolescentes; el cabecilla del grupo, Vince (Kris Holden-Ried, el mejor actor del reparto, si eso es posible), carga instinto criminal y hace que tengan que escapar de la policía tras un tiroteo. Ésta película no tiene buenos efectos especiales o no los sabes utilizar, no tiene un solo momento de terror decente, incluso llegan a ser vergonzosos, como su humor. La sensualidad también es nula en la propuesta, incluso la chica llamada perfecta –popular, bella- y decente (Stephanie Bauder) no tiene un ápice de gracia. La trama respeta la segunda parte de la trilogía, pero sin salirse del cuadrante de la casa Hull; en la anterior llegan los demonios hasta el internado por un objeto curioso que proporcionaba además una escena a lo Poltergeist 2 (1986), aunque por debajo de su toque memorable. Regresa Angela (Amelia Kinkade) y se le ve bastante a la actriz que la interpreta, en la anterior aparecía pero se veía sobre todo como demonio. La presencia/performance de Angela/Kinkade vuelve infantil la trama en la peor forma para el género, hasta tiene bromas idiotas, de nivel cero de comedia. En esta oportunidad el personaje de Angela es central en la historia, pero se hace bastante mediocre, no tiene ni terror ni simpatía ni audacia por ninguna parte, sólo intenta un momento erótico chupando una pistola como un felatio y extraer las balas es la eyaculación, pero es un personaje igual de adefesiero que el de la monja de la película anterior. 

jueves, 31 de agosto de 2017

The Assignment

El director de ésta película es el legendario Walter Hill, director maestro del cine de acción, que tiene una obra maestra en The Driver (1978), películas de culto como Hard Times (1975), The Warriors (1979) y Streets of Fire (1984), y películas muy populares y entretenidas como Danko: Al rojo vivo (Red Heat, 1988) y Encrucijada (Crossroads, 1986). Walter Hill siempre ha sido un cineasta muy libre, por lo que sus últimas películas le son coherentes, son de acción pura y dura sin ningún tipo de moral, difícil de digerir esto –un poco- seguro que sí, no a todos les hará gracia ver antihéroes brutales tomándose la ley en sus manos asesinando a diestra y siniestra sin misericordia alguna y salirse con la suya tras frías venganzas. Claro, dirán, está matando criminales o corruptos que le han hecho encima daño y esa gente no vale nada, pero igualmente choca ver tanta sequedad y ligereza. Vemos como el asesino a sueldo James Bonomo (Sylvester Stallone) en Bullet to the Head (2012) le dispara a un criminal –lo mata- tras terminar de interrogarlo, simplemente ya no le sirve. No siempre el asesino y protagonista guarda aun así la simpatía –en un empaque muy violento- de Stallone, en The Assignment (2016) el antihéroe -también asesino a sueldo en busca de venganza- que hace Michelle Rodriguez no trata de simpatizar en absoluto con nadie, salvo que siente deseo sexual y en un único rato compasión por una pareja. Pero The Assignment es aún más extravagante y rocambolesca de lo que uno puede imaginar, y muy violenta y amoral también.

The Assignment trata de un asesino a sueldo llamado Frank Kitchen, gran nombre, propio del cómic en general que Hill trata de emular de cierta forma en la gran pantalla, utiliza algunas viñetas propias de los cómics además, enmarcando escenas claves como cierre de capítulos. Frank Kitchen mata por dinero y no reconoce nada más, es así de básico, pero un día tiene la mala suerte de que haciendo un trabajo para una pequeña mafia, para el honesto John (Anthony LaPaglia), asesina al hermano dilapidador de una cirujano plástico que opera ilegalmente y experimenta con el cambio de sexo, con la Doctora Rachel Jane (la genial Sigourney Weaver). Ésta mujer, un antagonista de esos poderosos que suelen poblar el imaginario del cine de Walter Hill, quiere vengar a su hermano, pero no lo quiere hacer de forma convencional. Para esto Sigourney Weaver interpreta a una mujer particular, sus discursos y conversaciones son muy prominentes (el de Edgar Allan Poe es también una declaración diáfana del cine que hace y defiende Walter Hill), y la describen muy bien, aparte de la magistral interpretación de Weaver, y es que Hill le saca magia a sus actores, lo que parece pequeño lo convierte en audaz, lo mismo que hizo con Jason Momoa como el enemigo de Stallone en Bullet to the Head, y ni que decir de la maravillosa interpretación que extrae de Bruce Dern en The Driver (1978). Lo interesante de sus malvados es que se mantienen pegados en gran parte a la realidad, siguen siendo muy humanos a pesar de todo y son curiosos sin ser visualmente exagerados. Se comportan como obsesivos y algo locos pero siempre reconocibles en nuestra humanidad, aunque manejan su propio código de conducta.

Frank Kitchen despierta de pronto vendado sólo en un sucio apartamento convertido en una mujer, le han practicado el cambio de sexo, es ahora un transexual. Michelle Rodriguez a ese respecto es muy profesional y hace un buen papel. Primero la vemos hasta con órgano masculino desnudo (interpreta a un hombre), sin sus tetas, con barba y una nariz gruesa, luego como mujer también sin ropa, de forma natural, descuidada en la trama. Rodriguez es una mujer bella, pero siempre yace en papeles fuertes, y no se le hace tan difícil mantener a Frank Kitchen debajo de su apariencia femenina, apariencia que el personaje trata de minimizar, aunque no puede con todo lo externo. El filme nos dice que lo que nos define es lo que llevamos dentro, Frank Kitchen aun cambiado físicamente sigue siendo un tipo duro y crudo.

Una reacción algo curiosa -aunque nunca faltan- es que la comunidad transexual americana se ha sentido ofendida con la película, lo cual suena desproporcionado, el filme incluso expresa en diálogos que respetan a los transexuales, que es sólo entretenimiento y que únicamente se debe a ello. Tampoco por ninguna parte se ve ofensa alguna hacia esta comunidad. Frank Kitchen no quiere ser transexual, ama a las mujeres (lo sigue haciendo con el cambio de sexo), es un tipo violento, un macho man. La historia se fija a esto, y nunca hace escarnio ni humor de este personaje. Que Hill algunas veces hace hablar a sus personajes de forma bruta y tosca sí, pero se le puede justificar por tratar de pegarse a lo real. El filme habla de convertir a Frank en transexual, que cambie de género, para reinventar su personalidad, la película tiene su argumento. Pero el interior siempre manda. Ojo que Frank Kitchen tiene relaciones sexuales sin problemas con el cambio de sexo.

The Assignment es una película que tiene buenas escenas de acción, sólo que rápidas, Hill economiza la violencia, la propone potente y descarnada pero inmediata y breve. Pero todo el filme está plagado de escenas intensas, incluso cuando habla mucho Sigourney Weaver hay un sentido del ritmo. Aunque no es perfecta la combinación de los tiempos ésta es ducha en general (hay arte). El filme tiene ingenio, aunque no sea una obra de arte; es comida rápida, pero de la que disfrutas. Presenta mucha libertad pero con noción de lo que se está haciendo, no se trata de hacer cualquier cosa y pasarla por audaz, aunque pueda juzgarse de irreverente. Es el placer y ligereza de un cineasta que sabe. 

martes, 29 de agosto de 2017

Death Note (serie anime)

Serie anime del 2006 y del 2007 que cuenta como un muchacho muy inteligente llamado Light Yagami se encuentra un cuaderno llamado death note, que pertenece a un dios de la muerte o demonio que abandona su libreta a propósito en la tierra porque se encuentra muy aburrido en su mundo. A estos demonios se les conoce como Shinigami, y este demonio en especial se llama Ryuk. Light tiene una visión personal sobre la justicia (en sentido de que es capaz de llevarlo hasta las últimas consecuencias), le encoleriza que el mundo sea tan corrupto. Pronto la death note le dará la facultad de poner sus ideas en práctica. Si escribes un nombre en la death note y piensas en esa persona ésta morirá, incluso puedes decidir cómo y cuándo morirá y hasta manipular sus decisiones poco antes de morir. El death note tiene muchas reglas que cada vez hacen más interesante la trama. Este anime juega con algo que muchos suelen discutir, que se debería matar a los criminales, y tomar la justicia en nuestras manos. Para ello Light será conocido como Kira y se creerá un dios en la tierra.

Light tendrá un potente antagonista, un personaje tan rico como él, se le conoce como “L” y es un investigador famoso y anónimo que persigue ahora a Kira. Entre ambos habrá un gran juego a ver si es finalmente descubierta la identidad de Kira, para eso L rápidamente cree que es Light, mientras Light espera matarlo antes de ir a la cárcel. Light y L perpetran grandes luchas cerebrales, el filme propone mucha inteligencia en ambos, e ingeniosamente vemos que L descubre muchas pistas que señalan quien es Kira, pero Light también contraataca y va cubriéndose los pasos. Light y L son muchachos excepcionales. L es un freak, mientras Light es prácticamente el joven perfecto. Su lucha es lo mejor de este anime de 37 episodios de 24 minutos cada uno, contando la intro y el cierre musical que llegan a ser tres en toda la serie. Las 2 últimas introducciones son música genial, muy intensa, mezcla de heavy metal, punk y rock, pertenecientes al grupo japonés Maximum the Hormone.

Este anime se puede dividir en 3 partes. La primera dura hasta el capítulo 17 más o menos y es lo mejor de la serie, es realmente maravilloso –una obra mayor- ver como Light y L juegan a destruirse, como si estuviéramos presenciando un juego de ajedrez del más alto nivel. El anime es muy claro, todo se entiende sin ningún problema, pero ostenta admirable inteligencia, es un filme de razonamientos –y filosofía- puestos a pelear. L suele deducir qué piensa Kira/Light y viceversa, qué planea el contrincante, y con ello replantear todo, buscar ser siempre más astuto que el enemigo-amigo (porque así se tratan) y vencerse. Los análisis exceden lo normal, sus mentes son demasiado precisas y poderosas, pero todo genera un juego glorioso de suspenso, de cuál será la próxima jugada maestra.

Light es perverso, sin sentido alguno de culpa –porque cree fervorosamente en su ideología como la más digna y justa para la humanidad- y terroríficamente crudo. Esto genera que Kira sea un ser invencible y omnipotente, admirado por muchos, quien se escapa de los mayores retos y no desiste –maniático- de matar sobre todo criminales y quienes se oponen a él (al final todo termina siendo sobrevivir, L lo empuja a ello, lo reduce, aunque en la sociedad no), Light es un mentiroso de antología. A esa sazón la risa de Ryuk divertido con él y sus muchos contrincantes es la risa empática del público. L planea muchas formas de atrapar a Light/Kira, pero de todas se escurre con grave sagacidad, presenciando una gran investigación. El manga lo escribe Tsugumi Oba y lo ilustra Takeshi Obata; la serie anime la dirige Tetsuro Araki.

Una de las tantas novedades del anime es la intervención de la bella ídolo pop Misa Amane, como la de su shinigami llamada Rem que la adora a diferencia de Ryuk que únicamente se divierte con Light. Misa Amane no desentona para nada, y aunque es un personaje chillón y exagerado es otra virtud de la historia, generando audaces vuelcos y sorpresas.

La segunda parte de la serie es cuando aparece el grupo Yotsuba y suma a los criminales como asesinos y violadores la corrupción del dinero, el enemigo es el empresario ciego de ambición. La tercera parte es cuando surge un Kira más –hay varios en toda la trama- y se incorporan dos investigadores (Near y Mello). En la serie hay muchos tras Kira (que significa asesino en japonés), incluido el mismo Light haciendo un doble –e hipócrita- papel. Near y Mello son personajes endebles, de lejos el mejor investigador es L, y le sigue el padre de Light, Soichiro Yagami, que es un policía híper idealista, que genera una escena emocionante e impactante cuando quiere matar a su hijo y suicidarse (qué diferente es el Death Note, 2017, de Adam Wingard, un bodrio, así a secas, un intento de propia interpretación que es un canto de torpezas y bochorno). Soichiro representa al japonés tradicional; Light al hombre de hoy en día, aunque al peor de todos. Light es muy recio y perverso, hasta niveles impresionantes. Ryuk se queda corto en mucho frente a él. Solo L le hace la competencia de la mano de sus manías y rarezas. La segunda y tercera parte son aun interesantes, el conjunto es muy bueno, pero va decayendo el ingenio. Es un arranque intenso y va descendiendo de a poco, pero hasta el final uno está pegado. La serie tiene en un inicio más realismo, pero poco a poco esto va liberándose y entrando de lleno a la fantasía, más allá de la idea de tener Shinigamis alrededor.

El anime tiene su cuota de erotismo y mucha modernidad, aunque Light es frío con las mujeres, las suele manipular, y no le tiembla la mano para deshacerse –matar- a alguna, aunque es un mujeriego y un seductor nato. El anime tiene humor pero felizmente no en gran cantidad. Es un anime sólido, libre, pero serio, que no teme hacer lo que le da la gana –arriesga en muchas oportunidades- y nunca pierde su interés. Esta serie anime no está hecha para una mente cuadriculada que desmerezca la radicalidad, la fantasía o la mezcla con lo naif. Near se comporta como un niño con inteligencia superdotada y Misa como una mujer a la que muchos creen estúpida –pero a veces se hace la estúpida- y otros la desean y ella es coqueta. En el anime hay cierta sensualidad, pero es menor, e igual todo suma.

Cuando acaba la investigación uno se siente un poco defraudado. La mayor inteligencia está en los antecedentes que crea la primera parte. L descubre todo, pero aun así Light sigue en pie (lo cual es ingenioso), prueba que culparlo y atraparlo es lo de menos interés en el anime (y es que ha hecho demasiados méritos), salvo que el final –capturarlo o no capturarlo- se aprecia poético, único momento de debilidad de Light, que recordarlo impertérrito peleando intelectualmente con L es la obra maestra de la trama.