lunes, 13 de noviembre de 2017

El otro lado de la esperanza (Toivon tuolla puolen)

Todo empieza con 2 personas por separado haciendo su propio trámite de vida, se preparan para el cambio. Muy ordenadamente y calculado se mueven hacia sus propias metas con suma seguridad, a pesar de que nunca nada está dicho o prescrito en el mundo.

Uno de ellos es un finlandés, Wikström (Sakari Kuosmanen), quien abandona sus negocios, a sus clientes, y va en busca de una gran suma de dinero. De la forma más inaudita y fantástica pone todo el capital que ha acumulado en un juego de póker, con algún tipo de casa mafiosa, y gana. Ese dinero le sirve para comprar un restaurante y a sus 3 empleados.

El admirado director finlandés Aki Kaurismäki se lo toma todo con su humor raro, ese que hace comedia de situaciones muy dramáticas, aunque en su punto preciso, ese que guarda respeto y afecto por la gente que retrata, a través de casos sociales que refieren pobreza, necesidad y mucho de humanidad. Se habla, de lo más sencillo, de gente buena, gente que ayuda al prójimo desinteresadamente y sin apelar a los reflectores. Pero la vida es mucho más complicada que esto, y la realidad es que abundan los problemas, la soledad, la indiferencia.

El otro protagonista es el sirio Khaled (Sherwan Haji) que rodando por Europa medio por accidente ha terminado en Finlandia. Lo vemos bajar de un barco de la forma más curiosa. Lleno de hollín con su gran bolsa de ropa. Khaled huye de la guerra y de la destrucción en Alepo donde ha muerto su familia y sólo le queda una hermana, que está perdida y Khaled, además, la busca. Khaled no tiene bando ni tampoco le importa mucho la religión; éste hombre sólo quiere una vida decente, como cualquiera, integrarse como inmigrante.

En otra entrada de esas algo absurdas Khaled termina trabajando con Wikström. El filme apela a la nobleza y a la sensibilidad humana por el camino del humor seco. Khaled mantiene siempre la dignidad y la entereza. Wikström es un tipo competente en todo sentido. Son dos caras de la misma moneda. El tipo (finalmente) afortunado y el tipo caído en desgracia; el hombre viejo y el joven en tránsito de querer salir adelante; el europeo y el refugiado; el que necesita de los demás en un mundo (aparentemente) nuevo y el que proviene del “mismo” lugar aunque europeo. Tanto Khaled como Wikström son tipos salidos del pueblo, de la clase trabajadora en un mundo capitalista. Wikström no terminará como un capitalista cualquiera, es un tipo con consciencia social, pero relajado, como el cine de Kaurismaki.

El filme de Kaurismaki en ésta oportunidad tiene menos que antaño de puesta de aire antinatural, mientras tanto muestra la realidad como pocos, toca fibra. El séptimo arte de Kaurismaki tiene mucho corazón, pero es un cine fuerte, y entretenido. El director finlandés tiene una manera de contar historias que salen de lo común, tiene una puesta en escena personal y un estilo patentado. Kaurismaki abre con una escena fría, un hombre abandona a su mujer (a la que no conocemos), el anillo queda aplastado en el cenicero. Y termina con una escena muy bella. El filme de Kaurismaki es hacer también poesía del hombre solitario. 

sábado, 11 de noviembre de 2017

Baronesa

Un trasero empieza a agitarse en pantalla, en realidad sólo un pedazo de él, está bailando al ritmo de una canción de moda, así abre el documental de la brasileña Juliana Antunes. En éste conoceremos a Negao, Leidiane y Andreia. Andreia es el centro del filme, y comparte con su amiga Leidiane, mujer joven de una gran prole de pequeños, el día a día en la favela Vila Mariquinha, en Belo Horizonte, en el estado de Minas Gerais. Vemos como beben cerveza y fuman, como se entretienen, como lamentan la violencia de la zona, dicen que a cierta hora no se puede andar por las calles. Negao, un muchacho de aspecto bastante relajado, de muy poca meditación, libre y despreocupado, del tipo hip hop o a lo Snoop Dogg, es buen amigo de Andreia, comparten una línea de coca. El documental trata de ser lo más descarnado y real posible, pero sus protagonistas son simpáticos aun así, parecen gente amable a pesar de su precariedad y llaneza, mantienen la alegría, lucen positivos, no se quejan mucho como película socialista, más bien piden lo justo, un lugar tranquilo para poder caminar sin temer morir. Andreia tiene una meta, quiere ir a vivir a una favela más pacífica, se llama Baronesa, y la cosa es bastante clara, ella habla de invadir lo máximo posible, la realidad es dura para ella y la mujer simplemente sobrevive como puede, mientras en el trayecto se relaja, se toma su cerveza en la puerta de su casa, comparte grandes conversaciones con sus 2 mejores amigos.

El filme es en buena parte como “filosofa” ésta gente humilde, Andreia en especial. Es darles voz absoluta y escuchar cómo ven el mundo (a veces sólo a través de acciones, como Negao), sin drama tampoco, no son gente lacrimógena, es gente fuerte. Oímos de su vida personal, los vemos reír y tratar de tener una vida satisfactoria a uno que va hasta un sueño de mejorar, con algo “pequeño”, mudarse, siempre difícil de conseguir. Pero, claro, hablamos también de construir una nueva casa. No es poca cosa.  Es el gran dilema de la vida, tener dinero para vivir decentemente, para ser feliz. Lo interesante del filme es que no trata de maquillarnos gente impoluta; sí, existe simpatía, no vemos un lado violento directo en ellos, pero nos acercamos a la sombra de hacer algo delictivo, tomar drogas, llenarse de hijos que apenas están vestidos. Andreia confiesa sin pelos en la lengua con fuerza que tuvo que defenderse de un familiar abusador sexual y pensó que lo había matado. Es una mujer que a temprana edad debió ingeniarse como subsistir en el mundo. Muy cerca de su casa en una pared brilla la bandera de Brasil, la favela Vila Mariquinha es también Brasil y en ese lugar hay gente que voltear a mirar. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Halloween 2017

Éste es el resultado de la sexta maratón que hago en el blog, que ha dado 11 películas.

Eaten Alive (1976)

La segunda película de terror de Tobe Hooper tras el hit The Texas Chain Saw Massacre (1974) es sobre el dueño de un hotel de mala muerte en Texas, el viejo Judd (Neville Brand), que yace al lado del pantano y tiene de mascota a un cocodrilo que alimenta con los cuerpos de las personas que asesina, una mascota que le ha arrancado una pierna. De Judd se dice que es un viejo loco y retardado, no hay más indicativos de las motivaciones de sus crímenes. El filme se inspira en un asesino en serie real, Joe Ball, llamado El hombre cocodrilo (The Alligator Man). Hooper pone las cosas claras, en un hotel de aspecto sucio y rustico, llegan clientes y Judd los mata sin contemplaciones con herramientas agrícolas, sea una enorme hoz o una gran horca, o los empuja hacia el cocodrilo que embiste. Judd secuestra a una bella mujer interpretada por Marilyn Burns, la famosa scream queen y final girl de The Texas Chain Saw Massacre que se dedica a lo suyo, a desesperarse, asustarse y gritar, aunque hay otra que sale corriendo haciendo lo mismo. Tampoco faltan los desnudos y las clásicas bimbos del terror. Por la pantalla pasan rostros reconocibles, como Robert Englund (Freddy Krugger), quien trabajaría con Hooper en varias oportunidades. Englund hace de chico típico texano, rudo, simple y con la libido alta. Otro rostro reconocible es el de Mel Ferrer quien estuvo casado con Audrey Hepburn por más de una década. También William Finley que trabajó bastante con Brian De Palma y hace de estúpido, como el marido de Marilyn Burns en el filme. Y una irreconocible -por la edad- Carolyn Jones (The Addams Family). El filme es muy básico, pero entretiene, mantiene la tensión y la inquietud todo el tiempo, es intenso y tiene su cuota de histeria, la que está mejor trabajada con la niña que es perseguida hasta por el cocodrilo. Las muertes son fuertes y llevan bastante dramatismo, salen un poco de lo común en cuanto a interpretación. El cocodrilo se deja ver pero el que perpetra todo y domina el escenario es el viejo Judd, que es el extremismo en persona, no disimula en absoluto ni su mal humor.

Candyman (1992)

Se basa en el cuento Lo prohibido (The Forbidden), del famoso escritor inglés Clive Barker. Dirige su compatriota Bernard Rose. Es sobre una leyenda urbana de un afroamericano asesinado por enamorarse de una mujer blanca en el siglo XIX y que fue amputado violentamente de una mano por una turba pagada por el padre de su novia y luego llenado todo su cuerpo desnudo de la miel de un apiario matándole al soltarle las abejas, de esto nace el sobrenombre de Candyman, el hombre dulce, como también significa el hombre de los dulces, que es un eufemismo para comerciante de drogas. Esta dualidad está muy presente en el filme, contextualizado en Cabrini-Green, Chicago, donde mataron a Candyman (Tony Todd). Cabrini-Green tiene una zona de pandillaje, peligro y pobreza, de población afroamericana. La protagonista es una estudiante de posgrado, Helen Lyle (Virginia Madsen), que hace una tesis sobre leyendas urbanas y le atrae la de Candyman. La historia es una mezcla de locura, terror psicológico, y algo sobrenatural, paranormal. ¿Quién mata?, esa es la pregunta, y es como una posesión tras el maleficio de repetir el nombre del monstruo 5 veces frente al espejo, pero también vemos a Tony Todd no sólo como el Candyman del garfio, también como un pandillero de la zona, lo que puede dar a entender que todo es parte de la psiquis enferma. Por el final toma la forma de un nuevo cuento urbano. La parte más interesante es el desequilibrio mental que proporciona Candyman, pero el terror también yace importante en el titiritero vengándose directamente de la humanidad, en éste Freddy Krugger afroamericano.

Don't Look Now (1973)

La pequeña hija de John y Laura Baxter (Donald Sutherland y Julie Christie) muere ahogada en un estanque, en un pequeño pantano, en la casa de campo inglesa del matrimonio Baxter. John sangra y su sangre se mezcla con una fotografía que muestra a alguien con un impermeable rojo en el interior de una iglesia, esto es una profecía encubierta que pronto entenderemos con la película. El filme maneja la idea del doble, representando en aquel impermeable rojo con el que muere la hija de los Baxter y que John suele ver al vuelo y anónimo y se siente atraído por las calles, de la que nace la lectura de que el dolor te persigue hasta destruirte cuando no lo logras manejar, para el caso la muerte de un hijo que es la temática central de la propuesta. El filme produce flashforwards (visiones extrasensoriales del futuro) tanto como flashbacks (fijación en el dolor). Laura por su lado cree en una vidente ciega y su hermana que la cuida, pero el filme de Nicolas Roeg que se mueve en el misterio y el suspenso las pone en constante duda, hasta parecer una especie de brujas (se hace énfasis en la risa y se pone a la vidente como destello en la memoria). Puede sonar ridículo pensar que una viejita luzca tan peligrosa, pero terminada la película habrá que creerlo para salir contento. Al mismo tiempo hay un asesino suelto, aunque todo se ve muy leve, accesorio, aunque aquí tenemos un thriller. El filme maneja distintos caminos, llegando a optar por el terror gore. Pero es bastante un drama, el ver como se reconcilian como pareja y con la vida los Baxter, a ese respecto vemos una candente y famosa –por la censura y creerla real- escena de sexo entre Sutherland y Christie. Roeg hace ver a todos raros y sospechosos, desde el policía (Renato Scarpa) al que llaman por un secuestro, al Obispo (Massimo Serato) de muy cambiante mirada, hasta al propio John Baxter (un perfecto Donald Sutherland en quien brilla siempre la extravagancia). El invierno de Venecia y sus solitarias calles tienen un rol trascendental, la mimetización con la trama, los asesinatos, la desconfianza perenne y el duelo.

The Toolbox Murders (1978) y Toolbox Murders (2004)

The Texas Chain Saw Massacre (1974) marcó un hito, impresionó a muchos, no sólo a espectadores, también a la gente que hace cine, ya que con muy poco presupuesto fue un hit, de ingresos en pocas palabras, por lo que muchos querían tener su éxito comercial de la misma manera. The Toolbox Murders (1978) fue una de ellas, dirigida por Dennis Donnelly quien siempre se dedicó a la televisión y fue ésta su única película de cine. Ésta propuesta se divide en 2 partes. En la primera aparece un hombre con una caja de herramientas y un pasamontañas y empieza a matar mujeres en un edificio. A cada una la mata con una herramienta distinta, con un martillo, un taladro o una pistola de clavos. El asesino es muy tranquilo y muy seguro, apenas se mueve, muestra gran frialdad. En ésta parte abunda el gore. Uno de los homicidios es todo un acontecimiento. Ésta muerte la interpreta Kelly Nichols, actriz novel que solía posar desnuda para revistas y más tarde se convertiría en actriz pornográfica. Nichols yace masturbándose en la bañera cuando aparece el asesino y ella completamente desnuda empieza a correr por el apartamento perseguida por el lento criminal. La primera parte salvo las muertes en sí son momentos muy poco intensos, o es que se deja todo a la fuerza de los sanguinarios efectos especiales. Tras el comienzo de la investigación, que poco importa, pasamos a la segunda parte. Antes termina con el secuestro de una chica de 15 años, que hace Pamelyn Ferdin, la niña que encuentra al soldado del norte en The Beguiled (1971). Ferdin se dedica a hacer lo mismo que hiciera Marilyn Burns, llorar y tener miedo, pero poco después empieza a manipular a sus captores. Esto es otro punto del WTF de la segunda parte, la identidad del asesino de la caja de herramientas se ve llegar de lejos, pero tiene un “compinche” salido de prácticamente la nada. En ésta segunda parte todo es producto de la locura, no hay mucha coherencia que darle al asunto, pero se hace bastante entretenido así el filme, imperfecto, extravagante y algo absurdo. En la película aparece Cameron Mitchell, actor muy popular por la serie El Gran Chaparral quien en sus horas bajas se dedicó a actuar en películas de terror de todo pelaje, con la dignidad del caso, con más de lo que aspiraban los filmes. The Toolbox Murders (1978) dice haber dramatizado hechos reales.

El remake, Toolbox Murders (2004), lo haría Tobe Hooper y sería completamente distinto. Empieza bien con la participación de Sheri Moon Zombie (Baby, de la familia Firefly, The Devil's Rejects, 2005), aunque no llega a la altura de la memorable escena con Kelly Nichols. Lo de la guapa Sheri Moon Zombie es convencional, además de no presentar polémica alguna. Después el filme se presenta como típico contemporáneo con su gente –inquilinos de un edificio de mal aspecto- entre algo trash y cool y pinta feo como producto, manido. Adam Gierasch interpreta al tipo raro y marginal, del cabello largo tapándole la cara, que arregla el edificio, uno donde suelen llegar aspirantes a actores; también es el guionista del filme –junto a Jace Anderson- y más tarde director de películas de terror. La protagonista es Angela Bettis (May, 2002) y simplemente está bien. Una vez avanzado el filme, ver al pandillero maltratador, a la muchacha fácil y sobrada, al chiquillo mañoso con la cámara web y al dueño del edificio fumando marihuana la trama crea un poco de misterio, más allá de la existencia del asesino de las herramientas. Nell (Bettis) es curiosa y muy tensa, suele llamar a la policía a cada ruido o griterío que oye, luego de varias falsas alarmas nota que el edificio tiene cosas extrañas y se lanza en pos de descubrir que pasa. De aquí en adelante la película toma ritmo y atractivo y terminamos conociendo a Coffin Baby o al hermano de Darkman (1990).

Alone in the Dark (1982)

El filme empieza satirizando la levedad con la que un psiquiatra, Dr. Leo Bain (Donald Pleasence), se refiere y trata a los psicópatas asesinos, esquizofrénicos, con los que se interrelaciona como si todos fueran una comunidad de hippies. Hay un piso especial para estos enfermos y peligrosos asesinos. A la residencia médica del Dr. Bain llega un nuevo doctor sustituyendo a uno muy querido, el Dr. Dan Potter (Dwight Schultz, a un año de convertirse en el loco Murdock de esa genial serie de mi infancia The A-Team), que curiosamente hace de un hombre muy estable, educado y pausado. El problema llega cuando los psicópatas del piso especial creen que el Dr. Potter ha matado en realidad al anterior psiquiatra y quieren vengarlo. Ésta simple idea es el motor para generar toda la película y el terror. Con la ayuda de un apagón general en la ciudad 4 psicópatas escapan de la institución mental y van en busca de la casa del Dr. Potter. Esto sucede a media hora de empezada la película y presenta distintos clímax, intentos, crímenes y apaciguamientos, producto de que el Dr. Potter es algo lento en darse cuenta y reaccionar. Los 4 dementes lo conforman un hombre que se cree predicador pero se toma muchas licencias de interpretación bíblica y es pirómano (Martin Landau, que pone una cara de loco precisa); Ronald Elster, alias Fatty (Erland van Lidth, un ex luchador olímpico de 150 kilos), que es un abusador de niños; un hemofílico que vemos tras una máscara de hockey; y el gran Jack Palance como un veterano de guerra que fue prisionero y es el gestor de la cacería, pero que no vemos nunca matar directamente, sólo sugerirlo llevando él una ballesta. Dirige Jack Sholder y es considerada una película de culto.

Alice, Sweet Alice (1976)

El director americano Alfred Sole se inspira en Don't Look Now (1973) para hacer su película. Se ubica en Paterson, New Jersey, pero con tanta presencia del catolicismo/cristianismo uno duda un poco. El filme gira alrededor de una niña de 12 años llamada Alice (Paula E. Sheppard) que tiene acciones crueles y algunos hasta la consideran desequilibrada. Cuando su hermana menor (Brooke Shields) es asesinada en una parroquia a la que asisten a su primera comunión todo el mundo señala a Alice como la culpable, a pesar de que es un niña. En pantalla vemos al asesino con un impermeable amarillo, zapatos y medias blancas, el uniforme del colegio femenino St. Michael, y la máscara con la que suele jugar Alice. Todo apunta hacia ella, el filme trata de como una niña puede ser una posible psicópata homicida. Alice es muy segura de sí y vengativa, además celosa de la bondad y el cariño que genera su hermana pequeña. Sus padres la defienden pero su tía le tiene miedo, encima su tía es atacada por el mismo asesino y entra en crisis gritando que fue Alice. El filme va agregando cada vez más indicios de que Alice es la culpable. Alice lo niega, pero no deja de mostrarse impasible y dura. La película trata a la niña como a una adulta en muchos casos, incluso la hace defenderse de un posible abuso sexual con suma autosuficiencia y sin trauma alguno, aparte de frialdad y hasta maldad. El filme utiliza mucho la religión, está por todas partes, pero Alice como que vive al margen de su profundización. El filme guarda el misterio, siempre cabe el despiste, nunca muere la duda, pero al ver al asesino baja un poco el interés, la originalidad y el encanto descienden aun con la coherencia de su lado, pero queda la curiosidad de ver la resolución de la trama una vez que todo está expuesto. El filme explota harto la figura de Alice, se hace muy rica su participación, la niña mantiene bastante la picardía y astucia. La película es elegante en gran parte, la religión le da un toque y estética muy familiar y se van arrojando destellos de sordidez.

Alligator (1980)

Ésta historia es una leyenda urbana americana convertida en película de terror. Una niña compra un pequeño cocodrilo y lo tiene de mascota, pero un día su padre se molesta con el animal y decide echarlo por el inodoro. El cocodrilo llega hasta las cloacas, crece y de pura casualidad empieza a alimentarse con unos perros muertos que tiran donde se halla, pero está la particularidad de que estos perros son trabajados científicamente, se agigantan, cuando buscan hacer ganado más grande. El cocodrilo por tanto llega a crecer hasta 10 - 12 metros,  y como se alimenta de lo que tiene cerca esto incluye gente que cae en su zona, con lo que partes humanas desmembradas salen a la superficie. Un policía que tiene mala fama, los compañeros que salen con él terminan muertos, lo interpreta Robert Forster, se obsesiona con el caso del cocodrilo, pero nadie le cree, buscan a un asesino en serie. Forster trasmite mucha simpatía y relajo, y así se luce el filme de Lewis Teague, con guion de John Sayles (director independiente; guionista de Piranha, 1978; y sería co-guionista de Aullidos, 1981). Esto genera que se sume al conjunto humor algo tonto y cierto cariz de cine familiar, pero también hay sus momentos prodigiosos de gore y espectáculo, como cuando el cocodrilo sale a plena ciudad y se mete en un matrimonio y se come a casi todo el mundo, incluyendo a los malvados. El cocodrilo está en su propia fiesta masticando a cuanta persona se le cruza. Con esto se podría decir que la propuesta de Teague mezcla distintos espectadores, al hardcore y al naif. El policía que hace Forster logra la ayuda de una herpetóloga (Robin Riker), que aporta muy poco, es una simple compañera. Forster es el único personaje que brilla (Perry Lang como Kelly, un joven e impávido policía, tiene su gracia, además), aunque por algo el filme lleva ese título. El filme es sencillo, práctico y muy entretenido. Al cocodrilo se le ve en toda alevosía, y aparte de verlo tragar personas y luego ver restos de su comida, tiene varias escenas memorables, como cuando lo observamos moverse enorme sobre una gran pista de Chicago.

Let's Scare Jessica to Death (1971)

Éste filme luce bien independiente, de bajo presupuesto, y no tan programado, se ve algo descuidado o dígase de aspecto espontaneo, pero de esta manera es interesante. El director americano John D. Hancock nos presenta a Jessica (Zohra Lampert), a su marido y a un amigo trasladándose a vivir a una casa de campo en una isla en Connecticut. Para raros llegan en una carroza fúnebre. Jessica siempre anda tensa, suele hablar en su mente, solemos escuchar muy seguido sus pensamientos, cómo trata de no parecer una loca, de comportarse lo más normal posible, de disimular (tal cual lo hacía Norman Bates al terminar en una celda), cuando recién acaba de salir de un instituto psiquiátrico, aunque sonríe y se porta amable con todos. Su amabilidad la lleva a invitar a una mujer que estaba viviendo de polizón en su casa de campo a que se quede con ellos. Su nombre es Emily (Mariclare Costello, la que tiene un cierto parecido con Meg Ryan), y aunque tiene de hippie es una mujer educada. Ella generará seducción en el ambiente y aunque pretende siempre irse es retenida por el grupo. En el pueblo hay mucha gente extraña, los ancianos lucen como salidos de un sanatorio mental, tienden a agolparse hacia los recién llegados. El filme siempre maneja una atmosfera enrarecida, es perenne el suspenso de que algo anda mal o va a terminar mal, provocando expectación y vigilancia, mientras Jessica y compañía tratan de adaptarse a su nueva vida y buscan relajarse entre ellos. Jessica desde el arranque de la historia (un flashforward) nos presenta la disyuntiva si lo que vive es su locura o una verdad sobrenatural, duda que jamás se resolverá, y es donde anida el terror, transparente, básico y muy libre, dentro del terror psicológico, pero el que se toma muchas licencias. El filme alude a una tal Abigail que se ahogó en el lago próximo a la casa de campo y que el folclore local la señala como un vampiro que pasea por la zona, pero su presencia llega a tener muchas expresiones, es un fantasma, una asesina en serie propia de un slasher, un monstruo a lo Jason Voorhees que está dentro del lago y un vampiro e historia que recuerda a la Carmilla de Sheridan Le Fanu. Todo se relaciona a un retrato del siglo XIX de los antiguos dueños de la casa de campo, la familia Bishop. El filme se presenta con un espíritu hippie, muy suelto, pero finalmente toma sentido, de lo alejado y despreocupado del terror que está se convierte en una revolución, una avalancha, de elementos del género.

The Legend of Hell House (1973)

Se basa en una novela del famoso novelista americano Richard Matheson, quien se encarga además del guion. Un millonario le paga a 3 estudiosos de lo paranormal por ir a la casa Belasco, alias La casa del infierno (Hell House), a comprobar la veracidad de la vida después de la muerte; al Dr. Lionel Barrett (Clive Revill), a la médium Florence Tanner (Pamela Franklin) y al estudioso del espiritismo y sobreviviente de Hell House Franklin Fischer (Roddy McDowall). Junto a ellos va la guapa esposa de Barrett, Ann (Gayle Hunnicutt). La leyenda habla de un asesino en serie llamado Emeric Belasco que ha dejado embrujada la casa con sus asesinatos. El filme tiene escenas y sustos bastante buenos, como cuando los objetos enloquecen y son lanzados violentamente por algún espíritu contra el Dr. Barrett. Aquí se prueba la potencia y facilidad con la que pueden matar los espíritus. También es interesante la posesión erótica y sexual, los fantasmas llenan de lujuria y liberalidad a las mujeres protagonistas, y hasta intentan tener sexo con ellas. Una de las muertes con una enorme cruz cayendo encima tiene su encanto. El filme verbaliza mucho por su parte la depravación y las posibilidades. El lenguaje y la investigación tienen un toque (pseudo) científico bastante elogiable. Aunque éste filme es más técnico y serio más tarde Los Cazafantasmas (1984) reinventaran sus usos. Movilizaran la idea del ectoplasma que llegamos a ver, de Hell House como una gran batería y de una máquina para jalar dentro a los fantasmas. A Belasco lo llaman el gigante rugiente (Roaring Giant), para cuando llegue la solución esto y el filme sonará ridículo. Pero el filme de John Hough ya habrá cumplido, nos habrá entregado una buena película de terror.

Hellraiser (1987)

Dirigida por el famoso novelista Clive Barker quien Stephen King llamaría el futuro del terror. Hellraiser se convertiría en una franquicia, con 9 secuelas en su haber. Se basa en la novella The Hellbound Heart (que traducida sería El corazón atado al infierno), del mismo Barker. Es una gran película, una gran historia, pero tiene algunos cabos y ratos imperfectos, como aquel dragón salido del fuego, también aquel monstruo del laberinto está intrascendente, y la desaparición de los enemigos parece más de ciencia ficción cutre que de película de terror. Pero el resto es una delicia para el fanático del género. Un hombre totalmente perverso anclado a experimentar con los límites del sexo llamado Frank (Sean Chapman) compra en Marruecos un cubo de rompecabezas, que es una puerta y llave a otra dimensión y al placer y al dolor, un dispositivo mecánico y místico llamado La Caja de Lemarchand, o La Configuración del Lamento. Esto lo relaciona con los cenobitas y su líder, el icónico en el género, Pinhead, que apenas aparece. Los cenobitas son gente desfigurada, mutilada o monstruosa pertenecientes a un culto destinado al sadomasoquismo que es tanto el cielo como el infierno. Los cenobitas parten en pedazos a Frank en una de sus sesiones extremas, pero Frank regresa a la vida con la sangre que gotea sobre su cuerpo por el piso. Frank vuelve como un cadáver de muy poca piel sediento de más sangre, interpretado aquí por Oliver Smith. Larry y Julia Cotton (Andrew Robinson y Clare Higgins) se mudan a la casa donde está Frank, que es el hermano seductor del obediente y dócil Larry. Frank fue el amante de Julia y ésta no deja de sentir placer y devoción con su recuerdo, con sus encuentros sexuales. Julia se encargará de proporcionarle sangre a Frank trayendo tipos excitados a su hogar y matándolos. Los efectos visuales del filme son tremendos, muy terroríficos, no dejan espacio a la imaginación, tiene un buen manejo del gore y lo grotesco y desagradable. La explicites, estética y potencia de Barker es su mejor marca, aparte de la subyugante y entretenida historia que tiene entre manos.

martes, 31 de octubre de 2017

Una historia inmortal (Histoire immortelle)

Basada en un cuento de Isak Dinesen, dirigida por Orson Welles, guion del mismo Welles y la novelista francesa Louise de Vilmorin. Apenas dura 50 minutos, pero es de una intensidad y complejidad muy subyugante. Arranca con el cameo del actor español Fernando Rey –que no aparece en los créditos- mientras se narra la historia de un hombre malvado, Charles Clay (Orson Welles, con su habitual solvencia para hacer de hombres terribles y no hacerlos unidimensionales), un comerciante millonario expatriado que se encuentra en sus últimos días de vida, pero lo guarda en secreto. Se habla mal del hermético, estoico y solitario Clay, se cuenta que destruyó a su socio, lo dejó en la bancarrota y lo arrojó a la calle con su familia, le quitó su mansión y finalmente éste terminó suicidándose. Tiene una hija ya mayor pero aun atractiva, Virginie Ducrot (Jeanne Moreau), que vive sola, en la pobreza.

El filme se ambienta en Macao, colonia portuguesa en China, con un aspecto típico de la colonia muy bien reflejado en las calles. Nos hallamos en el siglo XIX. El mediometraje de Orson Welles sólo cuenta con 4 personajes, muy bien distribuidos. Es una propuesta donde se habla mucho, y puede uno perderse entre tanta literatura. El filme toma un giro fantástico aunque la pretensión sea otra cuando Mr. Clay, que tiene un rostro enfermo como también uno de aspecto demoniaco, se aburre de oír siempre sobre sus cuentas y fortuna, a su fiel secretario y mano derecha, el judío errante Elishama Levinsky (Roger Coggio). Un día Mr. Clay buscando ser interesante le habla sobre una historia de marineros, pero el inteligente Levinsky le dice que conoce la historia y es falsa, que todos los marineros solitarios se la atribuyen para ufanarse y negar su vacía y monótona existencia. El sagaz Charles Clay rechaza lo bíblico, el destino, lo profético, cree en los hechos, en la verdad palpable y decide hacer realidad esa historia que escuchó del marinero, pero en el fondo planea su redención, aunque silenciosa.

En un vuelco que hace del mundo literalmente un gran teatro donde los actores terminan siendo en el alma y en lo emocional sus propios personajes, creen en su propia ficción, mezclándose fantasía con realidad, ilusión con la persona auténtica, sin distinción alguna, Mr. Clay encomienda a su secretario cumplir con la historia, crear una historia inmortal. Lo que se le ofrece a Virginie no es la prostitución sino una historia de amor verdadero, poético y eterno, aunque ella crea estar en pos de su venganza. La historia que escuchó Clay es sobre el ofrecimiento a un marinero de un hombre millonario que no puede tener hijos de que embarace a su joven y bella mujer. Es la historia de una noche de pasión, del hombre anónimo que coge, embelesa y se va, donde tanto el hombre como la mujer quedan vinculados para toda su vida aunque no vuelvan a verse.

En su carruaje tenebroso el gigantesco y moribundo Mr. Clay va en busca del marinero, recoge a un mendigo y náufrago (como cuando Moreau se siente vieja, pero dice tener 17 años; también es notable la seguridad que trasmite como actriz), un danés de cabello bien rubio y falso, Paul (Norman Eshley). Éste no será un hombre común, por algo es parte importante de una historia inmortal. Aunque es muy joven mostrará inteligencia y sensibilidad. El filme es una historia gótica donde Mr. Clay más que un pervertido y un voyeur o un demiurgo omnipotente que se sale con la suya le entregará a dos almas perdidas una noche que rememorar, un lugar para celebrar la vida, para olvidar la frustración y con ello Mr. Clay sana sus heridas, culpas y suelta sus cargas. La película también se puede leer como la historia romántica y maldita de una puta y un mendigo que le venden el alma al diablo a cambio de amor. 

domingo, 29 de octubre de 2017

Mimosas

La propuesta se divide en 3 partes del rezo islámico (reverencia, levantamiento y postración), la trama significa un recorrido por la fe frente al mundo del escepticismo religioso que se ha vuelto tan influyente, pero primero hay que tener presente que hacia la caravana que lleva a un Sheik a su descanso –quien ha decidido morir-  llegará un maestro sufí y no cualquier persona.

El personaje especial del filme es un maestro sufí que parece retardado y hasta suena cómico, Shakib (Shakib Ben Omar). Inicialmente todos lo ponen en duda, como cuando habla del demonio en la estación de taxis, y hasta se burlan de él, incluso su pupilo que aún no se ve así, sino un avispado hombre de mundo, el corpóreo. Shakib tiene su manera revolucionaria y naif de ver el mundo, como cuando opta en su idealismo, bondad y locura por el sacrificio, una muerte segura ante unos bandidos del desierto de Marruecos, instando a pelear por el amor, expuesto de manera muy básica. Shakib Ben Omar no es un actor profesional y en buena parte está haciendo de sí mismo, pero resulta harto carismático.

Por más curioso que parezca Shakib es el guía espiritual del autosuficiente Ahmed (Ahmed Hammoud) quien con otro truhan se comprometen a llevar el cuerpo del Sheik al lugar que había escogido para descansar, la ciudad de Sijilmasa, pero en realidad no conoce cómo llegar hasta allá cuando están cruzando por la cordillera del Atlas, solamente quería aprovecharse de la situación y coger la recompensa por llevarlo, y pretende abandonarlo. Pero aparece de pronto Shakib, uniendo dos tiempos, perpetrando un espacio conjunto de introspección.

Shakib en el presente es un taxista marroquí, vemos los vehículos ir por el desierto (luego uno transportando gente no identificada), como si fueran conducidos por ángeles, lo cual dígase que sonaría bastante cómico si lo pensáramos/emuláramos literalmente en nuestra realidad (la peruana), donde por lo general brilla la vulgaridad, la misma que se representa en los bandidos y asesinos y los peligros del desierto.  

Marruecos es un lugar místico para el director gallego nacido en Francia Oliver Laxe, que está por encima de lo salvaje o, en todo caso, cohabitan. El filme recurre a lo mínimo aunque es una película de aventuras también, un neo western metafísico sin mucha acción, de andares cansados frente al poder de la naturaleza, contextualizado en un lugar imponente, el desierto y la cordillera marroquí, agradeciendo de paso la fotografía del catalán Mauro Herce. Mimosas (2016) ganó el gran premio Nespresso de la semana de la crítica, festival de Cannes 2016. 

Que Dios nos perdone

El Papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, está por llegar a Madrid, estamos en el 2011. Aunque se halla en pleno el movimiento 15-M el gobierno intenta hacer lo más apacible la visita del Papa, pero anda suelto en la ciudad un asesino en serie, alguien que mata ancianas solitarias, pero no pueden hacerlo público, con lo que el asesino se cree impune y acrecienta sus crímenes. El thriller de Rodrigo Sorogoyen se forja a la vera de dos compañeros policías. Uno es Velarde (Antonio de la Torre), tartamudo que vive sólo y se siente atraído por una mujer (María Ballesteros) que limpia su edificio; el otro es Alfaro (Roberto Álamo), un hombre violento, de poca paciencia, pero un policía muy competente y entregado a su labor. Ambos investigan al asesino en serie, mientras que los demás están más que despistados.

Alfaro es un problema para la policía, hasta ha dejado casi tuerto y cojo a un policía (esto tiene de comedia involuntaria, también hay que decir). Alfaro es un tipo de trato bruto por un lado, pero alguien analítico en su investigación. Los protagonistas tienen profundidad gracias a su vida social, el filme permite ver como son fuera del trabajo y es un gran aporte. Velarde es torpe con las relaciones afectivas y lo vemos en una escena que puede verse como violencia doméstica, pero todo es producto de unos movimientos apresurados. Ésta escena es chocante, pero interesante, bien manejada.

Ya la dupla en guion de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen dirigiendo Sorogoyen mostraba intrepidez y personalidad en su película anterior, Stockholm (2013), una película convencional pero con su cuota de simpatía durante una hora, en la seducción del chico listo y seguro de sí (Javier Pereira) detrás terco de la chica difícil (la bella Aura Garrido), pero que se convierte en su última media hora en una película curiosa y original (justificando además la existencia de esa parte convencional), dura, dolorosa, incómoda e impactante –la última escena puede ser algo predecible, pero está escenificada con suma belleza, si cabe ante tanta melancolía-, al cotejar la actitud del muchacho autosuficiente.

Durante hora y media asistimos primero a la investigación de Alfaro y Velarde, para pasar al karma de Alfaro por su comportamiento violento, y el vacío de Velarde. Vemos a ancianas muertas, provocando una explicites mortuoria, pero esto es parte del cine de crímenes, no hay que ser demasiado sensible tampoco. También esto sirve de soporte para la dualidad del asesino en serie que es otra construcción valiosa, como personaje, y apreciar su demencia, brutalidad e incongruencia de personalidad, la misma que se puede ver en las debilidades y torpezas de los policías, pero, lógicamente, en menor grado.

Parte importante de la película es la pérdida de la fe, cómo muchos empiezan a descreer, aunque a su vez vemos al Papa atrayendo multitudes en España que ha mostrado cambio hacia la religión. El título por eso se hace apropiado, que Dios nos perdone (nuestras perversiones, carencias y soberbias).

La última parte muestra quien es el asesino, con una magnífica actuación, digna de un gran premio previo. Los policías aun lo buscan, las fichas ya están sobre la mesa, la exposición primera de un misterio pasa a exhibirse en toda magnitud. Por último la trama conjuga la tartamudez y el asesinato, o hacer daño a otros (el centro del filme y todos lo hacen de alguna forma), es algo que va en ascenso nos dice y hay que parar, evitar, pensar o aminorar. La tartamudez –lo emocional- se asocia con la violencia, el feminicidio –la mayoría de muertes en el filme son de mujeres-, en distintas vertientes, de forma sutil. 

sábado, 28 de octubre de 2017

La luz en el cerro

Ópera prima de Ricardo Velarde. Es un filme que se ambienta en Marcapata, Cuzco, que nos pone de protagonistas a 2 muchachos, Jefferson (Manuel Gold) y Chino (Emilram Cossío), que son forenses y mejores amigos. Están a las órdenes de un policía, Padilla (Ramón García), que suele ser honesto y digamos que justo en su cargo pero es rudo y violento.

Éste thriller peruano es bueno en potenciar su misterio, que es algo pequeño, pero se proyecta notablemente. El filme se dedica sólo a manejar unos cuantos elementos, unir la ambición, el peligro (natural, místico-sobrenatural y físico) y algo de leyenda inca, teniendo un ritmo un poco sosegado, no tiene un ritmo hollywoodense, veloz, clásico del thriller, pero tampoco uno demasiado lento, pero es cine de género, uno bien adaptado a nuestra realidad, muy peruano.

Es un filme favorablemente autóctono, se plasma bien el Ande y a la gente oriunda del lugar sin tantas vueltas, a lo fresco. Hay una buena conjunción que evita lugares añejos, salvo en el anciano padre de la esposa del hombre fallecido, lo cual resulta muy lógico siendo un hombre híper tradicional y básico. El filme “criolliza” el asunto de la ambición, hace que la gente del Ande también sienta mucha codicia, como esa turba con antorchas a lo Frankenstein. El filme maneja una notable fusión de orígenes nacionales. La gente del Ande no está romantizada ni idealizada, pero se puede percibir un lado de inocencia y pureza en la esposa e hijo del fallecido.

Es bueno ver que no es necesario recurrir a la grandilocuencia, todo es muy sencillo y crece en la interacción, no necesita de un regadero de muertos en la mayoría del metraje, como la autopsia hace más bien de multiplicación e intensidad en su lugar, con un toque gore razonable que pega idóneo con el heavy metal que escuchan los forenses. La propuesta como que se mueve con mucho cuidado y algo rígida, pero lo que produce en conclusión es destacable en su medida. Como ópera prima es conservadora en varios puntos, mientras apuesta al entretenimiento, pero tiene muchas sorpresas en el desenlace.

El tipo mafioso (Mario Velásquez) aprovechado de los débiles y su compinche mudo del machete (Daniel Núñez) están perfectos, así básicos pero creíbles de acuerdo a la historia y lugar. La sexy Stephanie Orúe es una lugareña fácil y ambiciosa en la trama. Sólo su rabieta cuando la botan al piso se ve muy amateur, parece momento de humor de telenovela, pero en general está bien, es una actriz con potencial, e igualmente también Ramón García tiene algún pequeño desliz, en cierto momento se traba con las palabras, pero en su mayoría tiene momentos decentes, aparte de gran naturalidad para llorar.

Tres personajes –mafioso, guardaespaldas y amante- son muy elementales, pero simpáticos al uso, lo que le da un toque al producto digamos que típico de cine regional. Pero los 3 protagonistas –el policía y los forenses- generan algunos matices cuando también se ven codiciosos y llegan hasta pretender pasar por alto el sacrificio de vidas humanas. Esto puede sonar algo endeble con la figura de Jefferson al llegar a romper demasiados vínculos, pero el filme es más movilidad que profundidad, además de que se olvidan de su pasado. El maleficio inca –detrás de la ambición colonialista- cumple a cabalidad, con lo que el filme se hace cargo de una leyenda sencilla, pero muy efectiva, como lo es ésta propuesta.

viernes, 27 de octubre de 2017

Mindhunter (serie)

El departamento de Ciencias de la Conducta del FBI en Quantico, Virginia, tiene a un profesor muy especial, el joven Holden Ford (Jonathan Groff), que es un hombre -en apariencia- muy formal (su traje de sastre es parte de la identidad de su personalidad), pero audaz, inteligente, imaginativo, quien aplicará su ímpetu, instinto y buena cabeza a la investigación de la conducta y psicología de psicópatas asesinos, aunque con autocomplacencia, un gran ego y vanidad. Todo esto es algo nuevo para la ley para el año en que se contextualiza la serie, 1977. Aun la policía cree en la conducta normal del criminal, la de tener siempre algún motivo, generalmente la codicia o la necesidad, pero hay un nuevo criminal suelto en Estados Unidos, y es cuando el departamento de Ciencias de la Conducta a la cabeza de Holden Ford acuña un nuevo nombre, el de asesino en serie.

El departamento de Ciencias de la Conducta está en pleno ejercicio de consolidación, están desarrollando un nuevo estudio sobre criminología, para ello Holden Ford se hace de 2 aliados, compañeros. Entra a tallar Bill Tench (Holt McCallany), un hombre en los cincuenta, un típico policía rudo, pero también muy inteligente, consciente, de comportamiento fresco y suelto con una existencia tensa. Tench es un ducho profesor itinerante de la ciencia de la conducta criminal, y pronto queda identificado con Ford. Luego el tercer puntal del departamento es la psicóloga y estudiosa de criminología Wendy Carr (Anna Torv), una mujer bella, sexy –nunca deja los tacos altos- pero ultra racional, seria y ética, tiene una dominante aspiración académica. Los 3 se conocen sin tanto rodeo –la serie va al grano rápido- y pronto se unen para éste proyecto -que como la mayoría parte de nada- de querer detectar como piensa el asesino en serie, buscan hallarle una lógica al nuevo depredador americano, sistematizar patrones a su aterradora crueldad y frialdad, que por la fecha era prácticamente inexplicable e incomprensible. 

Los asesinos en serie son como sabemos lo peor de lo peor, y solían ser vistos solamente como locos, pero el atractivo de la serie es hallarles sentido, su propia manera de ver el mundo y sus actos sanguinarios. Holden y Tench se sientan a escucharlos –a entrevistarlos-, los asesinos hablan directamente sin cortapisas sobre sus atrocidades, mentalidad y su pasado, de dónde provienen, qué los ha hecho así, como justifican sus actos descabellados. El estudio los dividirá en asesinos organizados y desorganizados. Los organizados son los que planean todo al milímetro y fantasean con lo que hacen al punto de llamarlo una vocación. Los desorganizados son los que espontáneamente se dejan llevar por el momento, pero se comportan igualmente sádica y extrañamente. Producen con su victimas caprichos homicidas, torturas y perversiones.

El guion lo escribe Joe Penhall, guionista de The Road (2009). Se basa en el libro Mind Hunter: Inside the FBI's Elite Crime Unit, de John E. Douglas, ex agente del FBI especializado en perfil criminal y en quien Holden Ford está inspirado; y Mark Olshaker, estudioso de larga data y consultor de justicia criminal. Dirigen los episodios 4 directores de cine. David Fincher, la cabeza más visible y famosa, se encarga de los 2 primeros y los 2 últimos episodios, además de ser productor de la serie, aportando su buen dominio de la temática de asesinos en serie, con sus magistrales Se7en (1995) y Zodiac (2007). En un arranque es algo pesada la serie pero le sobreviven momentos maestros, está cuando recién se conoce Holden y su futura novia, Debbie Mitford (Hannah Gross), que es rica en personalidad, estudios y diálogos; y cuando Holden se acerca por primera vez a Edmund Kemper (Cameron Britton), alias The Co-ed Killer, que es el mejor asesino en serie caracterizado en la serie, de los 4 que conocerá, agregando que cada uno de los asesinos en serie entrevistados genera grandes y jugosas conversaciones, incluso clímax –como con el pájaro o los zapatos altos de mujer-.

Los otros tres directores dirigen 2 episodios cada uno, es un grupo sólido y compacto. El danés Tobias Lindholm aparte de cineasta también es un consagrado guionista, fue guionista de The Hunt (2012) junto a su compatriota Thomas Vinterberg que dirige la película, y la temática de la pedofilia y el señalamiento dudoso de culpa también es parte de la serie. Esto le da matices a la personalidad de Holden y al trabajo en Quantico. Andrew Douglas ha dirigido el remake The Amityville Horror (2005), un clásico del cine de terror basado en un criminal real que decía oír al demonio y acababa con toda su familia, y aparte de encajar a la perfección aunque no sea un nombre célebre entre el grupo se podría decir que aporta momentos de miedo, momentos oscuros, como con los temores y repulsión -camuflada, ya que deben ganarse su confianza y seguirles el juego perverso- que producen los asesinos en serie, los que sirven también para resolver casos anexos (es típico que los policías locales les pidan ayuda tras sus exposiciones sobre los nuevos criminales), casos de asesinos con su primer homicidio, lo que justifica la existencia de sus estudios y su consagración como criminólogos. Asif Kapadia, reconocido documentalista inglés de ascendencia india, director de Amy (2015), ganadora del Oscar, es más clásico o cae preciso cuando llama Sherlock Holmes a Holden. Kapadia moviliza simpatía, humor inteligente y ritmo.

La serie será muy clara en general, con muy buen manejo del background criminal, será interesante y entretenida, tendrá ratos sutiles también, y a sus tres protagonistas les brindará alguna idea de vida social, familia, pareja o soledad, mostrando una visión más grande que se incorpora a su vida profesional, a lo que hacen y más nos importa. No será algo superficial o de relleno, sino que se mezclará muy bien con el conjunto y nos dibujaran quienes son los protagonistas, les brindará personalidad y profundidad real, como el cambio de la predecible homosexualidad al cuidado elíptico de un gato. Los diálogos y la palabra son de suma importancia, la conversación brilla por su ingenio transparente.

Habrá sexo y sensualidad, pero es irrelevante en realidad y avanzada la serie se diluirá, aunque los hippies sobrevuelan la trama y la época, haciendo de pequeño inicial contraste, como también Tarde de perros (1975) hace de soporte elemental, pero todo esto es pasajero aunque paradigmas y prejuicios a destruir. Abre la propuesta una escena muy violenta pero para bien la serie evolucionará en la sugerencia que en la explicites (innecesaria), aunque recurriendo a la constante de las fotografías de los asesinatos que reflejaran el lado macabro del asunto, que no hay que perder de vista, y está bien al tanto la serie, de esto que se argumente bastante al respecto y halla cambios de humor entre los asesinos brutales y los policías que quieren comprender su modus operandi. No todo es perfecto en la serie, como el compañero soplón y la crisis final que son bastante ordinarios y desangelados, pero la serie está bastante bien. 

sábado, 21 de octubre de 2017

Alanis

Ganadora de mejor director y mejor actriz –para Sofía Gala- en el festival de cine de San Sebastián 2017. La directora argentina Anahí Berneri pone de protagonista a una joven prostituta de la calle, Alanis (Sofía Gala Castiglione), con la que el filme no pretende dibujar a alguien con sentido alguno de culpa o vergüenza, es una prostituta libre y orgullosa de su elección, teniendo además que cuidar sola de un hijo muy pequeño, pero con el que no se busca complicidad de cine candoroso, porque es madre así puta y sin extremismos al cuidar de él. Lo que se quiere es reforzar la idea del relajo de las figuras, no hay que ser pura ni iluminada para ser madre, tampoco ser puta te hace una mala madre en la práctica directa.

A Alanis le proponen el trabajo de empleada del hogar, pero le agota mucho y añora la vida fácil de la prostitución, decide sin muchas vueltas seguir ejerciendo de puta, se refleja sin ambigüedad que ser empleada no es lo suyo. La trama es su sencilla existencia, cómo es su día a día, cómo su lugar en el mundo es vender su cuerpo, sin prácticamente discusión que dar (con unos amigos/tíos hay un mínimo sutil de exigencia a ese respecto). Se le ve muy segura de lo que quiere hacer, no hay medias tintas, inclusive es sarcástica con los detractores, como con aquel interrogatorio del servicio social, en un filme que no quiere ser parte del cine social, por lo menos no del típico, aun cuando es un Buenos Aires humilde el que se retrata.

Observamos a Alanis en más de una oportunidad en pleno ejercicio de furcia, no es una fémina violenta, tiene su lado amable y hasta nobleza sin aspavientos, pero no es de carácter sumiso. Hay una escena de cierta duración donde está en la posición del perrito y ella va diciendo palabras que quieren calentar a un cliente que inicialmente no puede conseguir una erección. Ella se aburre por la demora una vez empieza el coito (lo normal), pero sigue fingiendo excitación, a la vez que va poniéndose agresiva e intensa en su expresión facial y en sus palabras eróticas y pedestres. La cámara está cerca, yace casi pegada a ella –provocando un sentir de intrínseca incomodidad, de invasión-, a quien están empujando por atrás con rudeza y ardor en ascenso, y ella luce firme y fiera, como la personalidad de su personaje. Es una escena memorable que pinta de cuerpo entero a ésta mujer, y a la fuerza interpretativa de Sofía Gala, que abre con todo el filme cuando yace paseando desnuda por buen rato por su apartamento, con mucha seguridad y soltura, fresca y entregada a su papel; a la que se le aprecia bella y trasluciendo espontaneidad, sin ser físicamente perfecta.

El mayor logro del filme es que no hay la intención de provocar conmiseración hacia Alanis, no es una mujer sufrida, maltratada por la vida, o entregada a un infierno; es libre en toda voluntad, anclada únicamente al lugar más cómodo y empático con quien ella es. Cierto la vida es dura en Buenos Aires, pero Alanis tiene opciones, además de que tiene “familia” (como una pareja de tíos), pero no las quiere, le son problemáticas porque en lo que ella cree es en la prostitución, y ésta no es color de rosa, pero nos hace ver que es lo suyo, aunque se enfrenta a posibles clientes violentos –como en el pedido de sexo anal que no quiere aceptar; en un lugar desolado- o como cuando choca con otras prostitutas que cuidan de su zona, de sus ingresos.

El filme de Anahí Berneri no quiere hacer melodramática la historia, no quiere buscar la tragedia, ni el padecimiento –lo lacrimógeno- ni los efectismos fáciles, no quiere la retribución ni confabulación de un público primario de cine amable pecaminoso y redentor, sino a otro, a ese que gusta de la liberalidad y las causas perdidas, quiere ser una película de cine arte seria y madura, condescendiente con la prostitución o, en todo caso, no señalar con el dedo de la superioridad, sino busca tratar de presentar una elección personal, sin traumas ni fuerza bruta de por medio. Sólo a una mujer y su facilidad para vender su cuerpo, su total relajo para que cualquiera le pague y tenga sexo con ella; efectuar una transacción como cualquier otra, un trabajo donde somos buenos y nos sentimos a gusto, nos expresa claramente Alanis, y ésta propuesta. No es una mirada común, pero es una realidad y también una elección, y no es la mayoritaria perspectiva del dolor, tampoco la del placer sexual ni la fantasía perversa, sino la de la economía light, un trabajo, el de mujer barata. 

martes, 17 de octubre de 2017

Your name (Kimi no na wa)

Your name (2016) es una película muy popular, un éxito histórico de taquilla en Japón, dirigida por Makoto Shinkai, y tiene los mejores elementos cinematográficos de su cine, mística, una historia de amor, superstición, folclore nipón y ciencia ficción. El filme arranca algo complicado de entender; una chica se toca los senos y grita, su nombre es Mitsuha y vive con su abuela y su hermana menor. Esto a la media hora de metraje se explicará directamente. Mitsuha se aburre en su pequeño pueblo, Itomori, y cómo que pide un deseo, quiere ser un chico guapo viviendo en Tokio y, sin más, eso es lo que presenciamos. Ella se mete en el cuerpo de Taki, y Taki en el de Mitsuha, de esto los gritos, al descubrir Taki que de la nada es una mujer; y viceversa, Mitsuha se sonroja al descubrir el órgano masculino. Esto se ha visto muchas veces en el cine, aunque siempre es divertido, pero lo que agrega al filme en esta parte es que el genial Shinkai tiene un sentido del humor fino y gusta de la tradición japonesa.

Your name tiene mucho de la mística y las creencias populares de su país, a cada gran suceso se le asigna un nombre y argumentación nipón, pero la superficie siempre es amable y simpática, y fácil vernos todos retratados, Shinkai maneja una buena universalización sin perder la identidad, hace una buena combinación, un buen cine comercial con autoría. El filme versa en su primera parte sobre el intercambio físico entre Taki y Mitsuha, ella sobre todo es beneficiosa para la vida de Taki que es un poco retraído aunque buen muchacho. En su trabajo hay una beldad que a todos aturde, y es cuando el invisible Taki muestra un lado femenino, sensible (cuando Mitsuha es él), que la enamora, pero en el trayecto el verdadero amor surgirá, ese que no ve sólo aspecto físico, sino lo que llena la personalidad, actitud, espontaneidad, nobleza, alegría, inteligencia y el desarrollo de virtudes. Como demuestra su filmografía Shinkai sabe movilizar muy bien los afectos, hacerlos próximos y empáticos, y entregarnos una bella historia romántica, dentro de un aire relajado y con cierto humor.

En la segunda parte surge la ciencia ficción, cuando Taki de pronto se pregunta por Mitsuha, y empieza una nueva historia, y viajamos en el tiempo, 3 años adelante y vamos atrás, un cometa amenaza con destruir una parte de Itomori y matar a mucha gente. Empieza la aventura, y se mezcla con la tradición, lo místico y legendario. Interviene uno de los primeros sakes de Japón, que es bastante curioso, se fermenta a base de saliva humana, se llama kuchikamisake. La abuela también agrega historias, y hace mención de que en su familia siempre han existido esos sueños raros que tiene Mitsuha (cambiar de cuerpo). Entra a tallar el musubi, que quiere decir conexión, y es sentirse unido a varias cosas de forma trascendental, esto incluye el amor, la muerte, la religión, la cultura. Después tenemos el kakuriyo, que es el ultramundo y el trasmundo, el portal en la tierra hacia donde descansan los muertos. Idéntico a quien prepara una deliciosa cena, todo se mezcla y se reúne en otra dimensión, como en un limbo. Para ello Shinkai maneja sin ciertos preámbulos los tiempos y sucesos, le da ritmo y vertiginosidad a su historia, sorpresa, novedad, originalidad.

En medio yace siempre la relación de amor, apelando al romance por circunstancias especiales y fantásticas de aferrarse a no olvidar el nombre del amor tras entregarse a la aventura reconstitutiva del ser amado. La ciencia ficción y el folclore danzan de la mano. La tercera parte son estados de ánimo, sensibilidad, rodeos y melancolía, vuelve a manipularse el tiempo y de forma veloz pero coherente. Si en la primera parte se impone el humor, en la última es puro romance y poesía, aunque tampoco muy distendida. Ya no se puede vivir sin algo que no se sabe que es, pero abarca toda nuestra existencia.

La segunda parte es la verdadera imaginación y sustancia del filme, pero se complementa bien todo el conjunto, la primera parte genera el vínculo, finalmente una forma curiosa de profundizar en alguien (que incluye bastante respeto por el otro género), meterse literalmente en su piel, en su mundo, sin grandilocuencia, todo de lo más sencillo y general (como cuando Mitsuha lamenta no tener cafés en Itomori, sólo una máquina). También el desastre se dibuja con arte (no es lineal, la ciencia ficción en ello da mucho juego), hay más de una recreación de lo mismo, posibilidades, una notable construcción hasta armar la figura y termine el clímax, el armagedón en varios sentidos. 

sábado, 14 de octubre de 2017

Lover for a day (L'amant d'un jour)

Una jovencita, Jeanne (Esther Garrel, hija del director), pelea con su enamorado, rompe su relación, y se va de su apartamento, sin no tener a donde ir va donde su padre, Gilles (Éric Caravaca) que vive con una muchacha, Ariane (Louise Chevillotte). Mientras Jeanne detesta la vida y se haya muy desolada sin el hombre que ama, Ariane ve la vida con mucha libertad y promiscuidad, engaña a Gilles con amantes de un día, como indica el título. El director Philippe Garrel se mueve como pez en el agua en las complejidades de las relaciones amorosas, la temática de sus películas. Suele ser muy relajado en su exposición; Gilles es profesor de filosofía pero sus respuestas son muy sencillas, como el filme.

Hay un manejo interesante de cómo nos relacionamos, de cómo se presentan distintas miradas y cómo éstas se complican cuando se interrelacionan, producto de que las personas están en diferentes momentos en sus vidas. Gilles quiere una relación seria y antes ha sido liberal con las mujeres, les ha sido infiel, y puede que le toque como karma ahora sufrir lo que antes fue e hizo él. Ariane está en una etapa de no limitar su ánimo sexual, si quiere algo lo busca, pero tiene una relación formal, sólo que cree que no debería afectarse por su decisión de acostarse por sexo a la vez con otros. Ariane quiere las dos cosas, y aunque está consciente de que no es viable, igual lo practica, lo cree normal, pero, claro, lo guarda en secreto.

Hay dos líneas narrativas en el filme, dos lugares de profundización de las relaciones amorosas. En la otra, Jeanne ama con locura a un único hombre y éste sin mayor importancia la ha echado de su hogar. Jeanne valora mucho lo que tenía, aunque en un inicio fue dura con su amor. Ella está tan deprimida que llama a su reciente ex pareja y no habla en el teléfono, espera un especie de milagro de reconciliación, que el hombre recapacite. Garrel no nos dice exactamente a qué se debe la ruptura, pero se entiende que en muchos los afectos son volubles, un día quieres y otro no, o te hartas de aquella persona sin que haya algo grave de por medio, es así de simple y a la vez insoportable el existir, como se ve en Jeanne, que aunque luce una mujer hermosa en muchas capas y leal sufre por desamor.

Como unión narrativa de los casos está la relación de Jeanne y su padre, y ambos argumentos se relacionan, hablan entre sí, pasando porque el tema central es la fidelidad y el amor entregado. Es un filme en blanco y negro, muy cálido y amable, entretenido, como son los filmes de Philippe Garrel, que ausculta y piensa sin ínfulas sino como una persona como uno, una que genera empatía, su sabiduría viene de ese lugar, de identificar y hablar como muchos; pero sin ser demasiado conservador ve en la madurez de las personas. Existe un compromiso. Esto puede sonar algo contrario al uso, cuando la liberalidad y permisividad impera en los discursos, pero se entienden sus argumentos. Jeanne es ese catalizador, porque a pesar de que ama a su padre no delata a Ariane en su sensualidad con otros ni con los desnudos, y es que al querer a Ariane, Garrel también quiere a la liberalidad, pero son etapas y consentimientos. 

El seductor (The Beguiled)

Contextualizada en la guerra civil americana, un soldado del norte es encontrado por una niña del sur, ella pertenece a una escuela de señoritas, que está casi vacía, y al verlo herido de una pierna el puñado de mujeres de la escuela deciden curarlo primero antes de entregarlo, pero terminan resguardándolo. La escuela la dirige Miss Martha (Nicole Kidman) y sólo le queda una profesora, algo tímida, Edwina (Kirsten Dunst); con ellas hay 5 alumnas, la que más se hará notar es la que interpreta Elle Fanning.

El filme de Sofia Coppola se basa en la novela de Thomas P. Cullinan y el guion también ha corrido a su cargo; otro filme que también adapta la misma novela es el de Don Siegel del año 1971, es bueno traerlo a colación porque viendo las 2 películas uno puede apreciar la diferencia entre hacer una película osada, ambigua e inteligente y otra sosa, naif y cuidadosa. El seductor (2017), de Sofia Coppola, está bien, tiene oficio, es muy limpio y entretiene, pero por lo mismo le falta audacia, riesgo, es bastante bonito. O sea, es demasiado plano y austero como narrativa, aunque estéticamente impecable.

El filme de Don Siegel se prestaba para varias interpretaciones, era ambiguo con muchos de sus protagonistas; tanto el cabo McBurney (Clint Eastwood) como Miss Martha (Geraldine Page) tenían de corruptos, uno sexualmente y por violencia, la otra por incesto. Pero tienen también un lado simpático o noble aun así. El McBurney de Siegel es muy racional y normal, imperfecto; Coppola añade muy buenos diálogos eso sí, las conversaciones entre su cabo McBurney (Colin Farrell) y su Miss Martha son muy cáusticos y jugosos.

En el filme de Siegel hay más aventuras y suspenso también, incluso el final muy parecido entre ambos en la película de 1971 tiene un matiz macabro, cruel e irónico, en la de Coppola es sólo un hecho, un momento muerto. La personificación de la chiquilla sensual que hace Fanning tampoco presenta mucha vida o matices, la que hace en cambio Jo Ann Harris tiene de rebelde, de pícara y de malvada. El problema es cómo expone Coppola los momentos, muy simples, muy limpios, hasta rápidos, y se ve que está todo muy calculado y embellecido, pero carece de existencia, de mayor espontaneidad, luce muy artificial. La cara de Geraldine Page está como nerviosa, igual la profesora Edwina que hace Elizabeth Hartman, están algo sudadas; Hartman es un poco unidimensional en su performance, es una mujer retraída y apocada, desconfía de los hombres como ella misma dice, pero más tarde con los sucesos que trae el vínculo con el avispado personaje de Eastwood toma vuelo, se vuelve más abierta a otras realidades, la humillación, el perdón, enfrenta los puntos flacos del mundo.

Lo que hace Dunst como Edwina está escogido al mínimo, no trata de ser tan lenta y temerosa como el personaje de Hartmann, lo cual está bien, pero no aporta casi nada en su lugar, salvo una escena sexual muy bien trabajada, muy lógica, y ese es otro problema en el filme de Sofía Coppola, curiosamente cuanto más coherente en general menos película, menos interesante. Y es que todo es demasiado sencillo, está simplificado en exceso, dejando únicamente un esqueleto narrativo ciertamente entretenido, pero de empobrecida argumentación y proyección. La mejor parte del filme de Coppola es cuando Farrell despierta tras la caída de las escaleras y lanza unos alaridos de sorpresa -justificados- que parecen humor negro.

Coppola carga las tintas con la religión, haciendo de las mujeres unas devotas, pero luego se trastoca esto con una facilidad inaudita. Se magnifica la situación de peligro, en un ataque de feminismo extremo, o vulgar, que el mal está despierto y hay que hacerse cargo. Pero se diluye mucho la malicia de la sexualidad que en Siegel late virtuosa en todas partes. 

lunes, 2 de octubre de 2017

A Ghost Story

Ésta película trata de un fantasma, del lugar común más inocente al respecto, un hombre (Casey Affleck) muere, exactamente a los 13 minutos de comenzada la película, y no se va a ninguna parte, no decide cruzar la puerta de luz hacia se supone que el cielo, y se queda  en la tierra cómo una sábana con 2 agujeros por ojos. Sale de la morgue y camina así de sencillo hacia su hogar donde su gran amor (Rooney Mara) sufre horriblemente su pérdida y se come un pie de manzana frente a nosotros por 5 minutos, es decir, en tiempo real. Es el momento melancólico Jeanne Dielman (1975) más la patata/papa de The Turin horse (2011).

Ese hombre, ahora tan sólo una sábana con 2 agujeros, nuestro protagonista, se dedicará a observar en silencio qué viene después de su muerte en su mundo perdido. El filme tiene un centro muy cautivante; no es ninguna película de terror aun con elementos suyos. La película es primero la observación del vacío que le ha dejado éste hombre a su amada y como su figura se va difuminando y va surgiendo su olvido. La propuesta logra trascender su simplicidad, su estado mínimo y su “artificioso” inicio, el que huele a imitación de cine arte minoritario, se siente un poco forzado. El filme maneja muy bien la especulación y el lugar común sobre los fantasmas, presenta en su última parte viajes en el tiempo, ciclos de vida, algo de reencarnación, cuentas pendientes, patrones. Ese hombre se fue temprano y abruptamente y presenciamos su camino para conseguir la paz.

Tener a éste tipo de protagonista en manos del director David Lowery, el mismo director de la maravillosa Ain't Them Bodies Saints (2013), no es un acto de irreverencia, como inicialmente lo es Frank (2014) por mencionar una película con similitudes, aunque sí una curiosidad y audacia, pero terminan siendo películas más profundas de lo que uno creyó en principio. El filme como con Rooney Mara y sus sublimes y sugerentes silencios reflexivos en Ain´t Them… se moverá a través de ellos con su fantasma, que se enoja, se frustra y sufre sin poder hablar, pero debe aceptar la muerte. Un personaje de "relleno" lanza un largo monólogo sobre que nada trasciende al final porque todo se terminará olvidando, perdiéndose, destruyendo, a raíz de si no existiera Dios, en quien Lowery cree.

El filme escoge como razón del mundo al amor, el vínculo íntimo y humilde es la trascendencia. No lo pomposo, grandilocuente, la fama, la inmortalidad, ni siquiera el arte. El filme es un hermoso cuento romántico, mucho dolor y una aventura mística para sanar. La historia del filme y la solución son muy básicas, incluyendo la manipulación de la información temática. Lo distintivo es el empaque, la forma de contarlo. Tenemos un inicio lento, pero una fragmentación (detallismo) que se hace interesante al revisarle más tarde; poco diálogo y mucha observación, pero con ritmo y fuerza escénica; un largo monólogo (lógicamente) autosuficiente y algo pedante, pero que luego queda poéticamente contrastado, respondido; mucho “rodeo” -algo confuso- por el final,  efervescente, siempre novedoso y sobre todo justificado, lo que hace de éste filme uno bien engranado, donde brilla personalidad. Además, Lowery suele continuar e inspirarse donde la mayoría pone el final.

domingo, 1 de octubre de 2017

¡Madre! (Mother!)

Una mujer hacendosa, una mujer dedicada a su hogar y a su marido, interpretada por Jennifer Lawrence, desea tener un hijo y reparar la vieja y enorme casa que tienen; su marido (Javier Bardem) es un escritor sin inspiración hace buen tiempo y se siente decaído. Un día un fanático (Ed Harris) llega sin invitación a su casa y el personaje de Bardem –que no tiene nombre en la película- hambriento de celebridad y reconocimiento lo hace su huésped. El invitado incomoda a la madre –así solamente se le conoce al personaje de Lawrence- y esto irá en aumento, y se desbordará –hasta lo inimaginable, fantasioso y artístico- en un estado de frenesí y locura propio de una pesadilla; llegará más tarde su esposa (Michelle Pfeiffer) y sus 2 hijos adultos. La madre –Lawrence- sólo quiere una vida apacible, humilde y familiar, y la gente le mortifica, pero su marido es un hombre que ansía lo público y su deseo invadirá a su mujer que sufrirá la fama y popularidad del escritor que vuelve a saltar a la palestra.

En un inicio el filme es sutil, la pareja de huéspedes generan pequeños fastidios, son conchudos/frescos, mientras tanto ella toma algo para controlarse, siempre está a punto de caer en una crisis (el filme maneja mucha tensión). Esto, desde luego, no es nada, para lo que nos tiene preparado más adelante el director, Darren Aronofsky. Tras un incidente de violencia fortuito, en realidad todo sucede como una explosión, lleno de absurdo, vuelve la calma. Pero esto dura muy poco tiempo, Aronofsky vuelve a encender la llama de la intranquilidad de Lawrence. Regresan a la casa los huéspedes. En la segunda parte del filme Aronofsky se dice, vamos por más, vamos con todo, y estalla el pandemónium.

El filme se transforma en una invasión absoluta, en una muchedumbre destruyendo la casa, la que literalmente sangra y late (y representa a la madre naturaleza, maltrecha por el hombre); en una fiesta tipo rave o como en una intervención de la policía especial contra secuestradores, en un saqueo, en un culto de fanáticos paganos enardecidos. Esto entretiene, todo resulta muy loco. Pero Lawrence con lo que sucede yace pasando las de Caín, todo se concentra en su emotividad, frustración, en su desesperación. El filme a ésta altura genera reacciones distintas, por un lado todo ese desborde tiene hasta de gracioso, pero la histeria que rodea al personaje de Lawrence encrespa, fastidia. 

La propuesta de Aronofsky se vuelve muy cruel y sádica con la madre, pero si uno conoce la filmografía de éste director sabe que no es nada nuevo en su tipo de cine (Aronofsky suele apretar sin pena ni contemplaciones). La madre pasa por tremendo, intenso y largo tormento, es todo un tour de force para su actriz protagonista y pareja (para generar un pequeño cristal, una ofrenda surgida en el sacrificio, malagradecido), producto de ser dejada de lado por su marido, el que se aboca a su egocentrismo y tiene de muy básico.

Se da una crítica a la popularidad, hacia el creador obnubilado –que deja de lado a su familia y a la paz e intimidad de su existencia- y hacia el fan ciego de pasión animalizado, intrusivo e inclusive peligroso. Lo que vemos es sólo la exageración de éstos patrones (el terror, digamos); que muera gente sin mayores justificaciones (una editora disparándole a la gente, Kristen Wiig), o que el contexto parezca como el de una turba enloquecida por un día de suculentas ofertas es sólo la montaña rusa cayendo hacia el precipicio, diversión pura y dura.  

martes, 26 de septiembre de 2017

Come drink with me, Dragon Gate Inn y A touch of Zen

Son tres películas míticas de artes marciales chinas, espadachines y de época, en China es un género en sí llamado wuxia, pertenecientes al chino King Hu, tres películas que sentaron las bases del cine de acción marcial de su país como renovación, expansión y popularidad.

Come drink with me (1966)

Tiene como heroína a la guerrera conocida como Golondrina de oro (Cheng Pei-Pei; la que más tarde haría de Zorra de Jade, la antagonista ambigua en Crouching Tiger, Hidden Dragon, 2000) y en segundo plano como su guardián secreto a un maestro de kung fu que se hace pasar por vagabundo y alcohólico apodado Gato borracho (Yueh Hua). La trama es sencilla y emocionante como buena cinta de acción.

Unos bandidos han secuestrado al hijo de una importante figura política para intercambiarlo por el líder de su banda que yace preso. Éste es el pretexto del filme para rivalizar, pero es innegociable porque el gobierno no accede a intercambios y envía a Golondrina de oro a rescatarlo. Con tan sólo esto vemos variedad de enfrentamientos donde la protagonista muestra toda su habilidad de pelea, especialmente con armas (cuchillos, dardos, espadas).

El filme no tiene una lógica estricta marcial, los combates tienden a exagerar, pero se ven excelentes las coreografías así, imponiendo mítica y pegándose a la historia, más que buscar la destreza real. Es un lugar para magnificar a los personajes y perpetrarlos como parte de un cuento. El filme es un sólido entretenimiento, con su ligereza argumental, vital y sus continuos ataques y contrataques, sobre todo porque la grandilocuencia no viene por la fluidez, rapidez y coherencia de los golpes, sino por la construcción en cuanto a la sobredimensión de habilidades en el combate, plenamente justificados en su propia visualidad y libertad.

La trama muestra a Golondrina de oro yendo de frente contra los bandidos cuando entra a sentarse en un restaurante-posada donde ellos suelen hallarse, toma un cuarto en el lugar, y más tarde los sigue hasta su escondite, un templo budista. Los bandidos que son un ejército quedan plenamente dibujados cuando matan a un niño fisgón. El filme saca un as de la manga con una sub-trama bien avanzado el metraje, con el hermano mayor de Gato borracho –hermano mayor que lo recogió, pero es un traidor y ambicioso- que es el gran reto final de combate de la propuesta. Gato borracho impone alegría, poética, humor, música y simpatía también, anda con un coro de niños y tiende a cantar. Lo curioso es que los artistas marciales principales se ven bien comunes, pero pelean como los más fieros. El filme crea su entero mundo fantástico. La ambientación y la vestimenta también son muy loables.

Dragon Gate Inn (1967)

Película que es algo más compleja que su antecesora, tiene más giros, más escapes para seguir con la acción. Ésta vez se trata de una zona dominada por un gobernante eunuco que tiene a su banda de guerreros tras los pasos de una dinastía que rivaliza por quien gobernará y quiere destruirlos. La ambición de poder y control hace que el eunuco en jefe mande a sus mercenarios a matar a los hijos de su contrincante político. Pero en el camino salen maestros marciales a defenderlos. Estos parecen gente casual y en un inicio como en un tipo de comedia -slapstick- parecen enfrentarse sin ton ni son a los malvados, pero aunque surgen infinidad de peleas y conspiraciones, para matar inocentes y entrometidos, el filme luego expresa motivos. El eje es simple, salvar la dinastía en peligro y vencer al eunuco y su banda de guerreros.

Xiao (Shi Juan) es el protagonista más importante, tiene mucho carisma y se ve bien ligero, pero como él mismo responde las apariencias engañan. Tiene a flor de piel el humor, pero pelea con grave destreza, frescura y cierta vanidad. Xiao es un lobo solitario, al que le han pagado, pero va más allá y se siente comprometido con la causa de los hijos del general Yu. Es un héroe en toda cabalidad, aunque de lo más sencillo y funcional, no tiene background alguno, y no pelea sólo, tiene su pequeño grupo de aliados, unidos por fervor a la misma causa.

El filme se presta sobre todo para combatir, hay infinidad de luchas impresionantes, pero lo hace con preámbulos donde hay sarcasmo, juego, suspenso, diálogos absurdos y jugosos, mucha gracia y picardía. El filme no sólo se aboca a pelear aunque tiene una trama muy práctica y esquemática, pero la estructura para generar pequeños pretextos de encuentros -acción, choque- es de suma elaboración y audacia. Hay una soberbia puesta en escena, como un uso del exterior natural maravilloso; toda una preparación y rodeos in situ para luego generar las esperadas y aclamadas luchas.

El contexto central es la posada Dragon Gate donde perro, gato y pericote se esconden, se preparan y se encuentran para pelear. En el arranque del filme son presentados los guerreros enemigos principales, pero al final poco importa sus nombres, sino que den muchas batallas, en ello la propuesta mantiene la tensión hasta el último minuto. Tsai Ming-liang le haría un homenaje a ésta película, pero a su estilo, con la maravillosa Goodbye, Dragon Inn (2003), centrada en una vieja sala de cine donde se está viendo éste famoso wuxia.

A touch of Zen (1971)

Ésta película dura unas 3 horas aproximadamente y es la película más famosa de King Hu y la que más trabajo y tiempo le demandó, tomó 3 años terminarla. El filme tiene la curiosidad que uno de los pilares del filme es el actor Shi Juan, como Ku Shen Chai, pero aquí no sabe artes marciales, es sólo un dibujante que vive con su madre que para fastidiándolo de solterón. No obstante más tarde se mostrará como un eximio estratega militar, cuando quiera salvar a una fugitiva, Yang Hui-ching (Hsu Feng), que es maestra de kung fu y sobre todo con la espada.

El filme demora 55 minutos en presentar su primera pelea marcial, antes maneja el misterio con un extraño visitante, además de que juega un poco con el terror con un fuerte encantado. Los malvados están liderados por el eunuco Wei y la cámara del este (sus agentes policiales), que quieren matar a Yang porque su padre delató al eunuco de corrupto. Ku y Yang tienen una escena romántica muy bella e interesante y queda unido a ella para siempre, aunque Yang es una mujer ruda y autosuficiente, es ella la que se enfrenta a espadazos con los asesinos, pero esa noche cae en brazos del que menos uno esperaría, un hombre débil físicamente, pero muy inteligente, honorable y valiente.

Yang además tiene a su lado gente leal de su padre que yacen de encubierto y son los que pelean hombro a hombro, cuerpo a cuerpo. Estos se enfrentan a los distintos mandos de la cámara del este que la buscan. No faltaran peleas muy vistosas, intensas y exigentes, pero igualmente será necesaria la inteligencia y sensibilidad de Ku, lo sobrenatural y la fe. Enfrentan la especial dificultad con el capitán Ouyang Nin que parece invencible y, después, al comandante Hsu Hsien-Chen, que es el doble de diestro que el capitán y más cáustico. El filme es un canto de mítica, personajes de un grato atractivo visual, en un empaque llano y transparente, valiéndose de un súper entretenimiento.

Otra participación determinante en el conjunto es la del abad Hui Yuan (Roy Chiao), líder de un grupo de monjes budistas y el que aunque aparece en pocas oportunidades brinda un aire místico y trascendental al filme, aparte de que ejecuta el llamado golpe del toque zen, un golpe espectacular dentro de un poderoso clímax. El filme finaliza artístico, desbocado, un poco extraño (pero entendible) y muy libre, lo mismo imitaría la genial y popular Crouching Tiger, Hidden Dragon -en mucha menor valía como colofón, pero se podría decir que por más tiempo, a partir del vagabundear descubierto de Jen Yu, la bella Zhang Ziyi-. A touch of Zen es una obra magistral e hito del séptimo arte. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dragonfly Eyes

Una chica llamada Qing Ting (significa dragonfly, libélula) deja un templo budista donde iba a ser monja, pasa a trabajar a una fábrica lechera, luego a una tintorería donde una cliente de dinero hace que la expulsen, para eso todo el tiempo ha entablado amistad y más con Ken Fan, el hombre se entera del despido y se venga de la mujer, perpetra vandalismo y va a la cárcel. Qing Ting se hace cirugía y se transforma en celebridad de chat en línea, antes es camarera en un restaurante cosmopolita. Ken Fan sale de la cárcel y se convierte en Qing Ting.

A grandes rasgos ésta es toda la trama de la película que suena bastante extravagante, pero tiene aún más curiosidad porque está hecha íntegramente con las imágenes tomadas por cámaras de seguridad; es mediante la técnica del found footage que se reinterpreta la abundancia de lo compilado y el director chino Xu Bing en su debut cinematográfico fabula una historia arbitraria, propia, imaginativa, novedosa y también entretenida. Xu Bing tiene su debut con más de 60 años de edad, pero es un reputado artista, conocido por sus instalaciones artísticas y por ser catedrático en Estados Unidos y China.

Sus 2 protagonistas, una pareja de enamorados, él mucho más que ella, perviven en el rostro de las miles de caras que pasan por las cámaras de vigilancia con los que se logra plena continuidad narrativa; tomadas las personas a distancia, y en una estética no muy nítida pero no sucia, la especificidad se confunde y toma normalidad y credibilidad, pero ya lo dice una conversación de la trama que expresa que los seres humanos son como las vacas, se creen distintivos pero son todos muy parecidos, proyectando el experimento incluso frente a la dificultad de manejar lo físico, pero que Xu Bing lo hace ver muy fácil y bien articulado.

Dragonfly Eyes (ojos de libélula) hace clara referencia a las cámaras de vigilancia, a los miles de ojos artificiales que se posan sobre nuestra vida diaria y ordinaria, aunque también hay momentos donde brilla lo espectacular. Xu Bing hace uso de la grabación de suicidios también para darle forma a su trama, pero lo hace sin polémica, sino muy suavemente, las imágenes se perciben discretas. El filme hace uso de buenos símiles como con fenómenos naturales y grandes explosiones producto de accidentes de naturaleza grandilocuente para retratar emociones altisonantes. Es medio show las vidas tanto de Qing Ting como la de Ken Fan, buscan salirse de lo habitual de la existencia, lo cual llega a ser nefasto y epifánico. El filme termina donde comienza, tras atravesar lo mundano, la violencia y lo banal, la naturaleza humana (que critica), regresa a lo místico, a lo íntimo y frugal.

La historia puede verse a ratos no tan efectiva producto de que no todo encaja con las imágenes de las cámaras de vigilancia, pero en general es un uso audaz y eficiente, además de que sí contiene una historia, decente, al menos, aunque ligera y marcada, por las imágenes que son mucho como explosiones, sobre todo en momentos claves, provocando intensidad narrativa. Es mucho un viaje de fuertes emociones, con imágenes que impactan, pero que no son morbosas, pero se percibe cierta locura del mundo. Tiene también momentos muertos, que se ven muy funcionales o apenas aprueban o nos son indiferentes y por otro lado otros que son hasta muy simpáticos (el baile y coreografía en el restaurante). La película de Xu Bing tiene de película de espías con la vigilancia computarizada y algo quizá de Matrix (1999). Dragonfly Eyes (2017) se hizo merecedora del fipresci en el festival de cine de Locarno 2017.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Certain Women

El cine minimalista y de lo cotidiano, de lo pequeño y sutil, de la directora indie Kelly Reichardt adapta 3 cuentos de su compatriota la escritora Maile Meloy. En la primera historia Laura Dern es la abogada Laura Wells, mujer solitaria que tiene un affaire con un hombre casado. Tras el encuentro sexual, mimos femeninos y mucha despreocupación, ella se topa con un terco cliente, Fuller (un estupendo, muy natural, Jared Harris), que necesita dinero para curar consecuencias de un golpe que tuvo en el trabajo, pero le han dicho que no tiene chance de demandar a su empresa. El hombre no entiende y le sigue exigiendo ayuda a la abogada. El problema termina con una acción desesperada, poco inteligente. En la segunda historia una pareja de esposos –interpretados por James Le Gros y Michelle Williams- quieren la arenisca –rocas- de un amigo suyo para construir su casa; el hombre en cuestión, un anciano, sintiendo el paso del tiempo luce melancólico entregando lo que desean. En la tercera historia, la mejor del grupo, una joven cuidadora de caballos (Lily Gladstone) siente fuegos artificiales por una muchacha profesora nocturna de derecho (Kristen Stewart) que descubre casualmente al pasar por su lugar de trabajo. Ambas traban amistad y se suelen reunir terminada la clase a comer en un restaurante. Luego de la cena y la conversación la profesora debe manejar 4 horas de regreso a su hogar, y la cuidadora volver a su solitaria y humilde labor.

En la primera historia Fuller pasa de un hombre insoportable para Laura a un tipo con virtudes; de un ser extremo –impotente con su problema de salud; problema que más tarde nadie recordará- a un hombre coherente y simpático. Fuller brilla hasta en lo romántico. Caer bien hondo extrañamente lo recupera. En ese sentido las historias pueden ser bastante ligeras pero nunca malas. Éste relato hace hincapié en las apariencias, en conocer más a las personas. Fuller se describe tonto en un momento importante, pero sensible y muy humano y eso seduce a Laura. El resto es una elipsis matrimonial, al punto que uno puede imaginar escucharlos hablar de ésta anécdota –la primera historia- como un recuerdo muy romántico.

En la segunda historia un marido sintiéndose culpable pero mostrándose muy autosuficiente trata de contentar a su mujer (Williams), la que muestra carácter. La película es todo un canto femenino; en ésta realización la mirada les pertenece a las damas, pero dan cabida a pensar el comportamiento masculino (ante ellas). La talentosa Michelle Williams en su personaje también muestra sensibilidad, y no se enfoca -en principio- en el hombre que tiene al lado, sino medita la tristeza, soledad y silencio del anciano. Pero la vida es difícil y tiene ciclos. Otra lectura, con el marido que no es un personaje maniqueo (aunque simple), pero está más pegado al tipo poco empático a fin de cuentas, es que deben lidiar con la felicidad de su matrimonio, se entiende distanciamiento e indiferencia, de esto que la arenisca –sumada una hija típica, de espíritu rebelde- sea tan sugerente.

En la tercera historia todo es más emocional, solo que medio secreto, se vive mucha intensidad y sentimiento –aunque no es que exista mucha acción, todo es muy romántico, pero estando pegados a la realidad, a la timidez y a la personalidad sencilla y práctica- con aquellos encuentros que tienen de seducción silenciosa pero muy sugerente (escuchar, mirar atentamente con ojos embobados, mostrar una sonrisa perenne), viéndose a través de los detalles; preocuparse por la persona, no por la clase; plantear algo tierno y curioso, pero muy lógico y simbólico; y ya cuando la fuerza de amar –de mirar- surge gigante llega el arrebato y la pasión mayúscula –sin contacto físico sexual o alguno amoroso-.

El filme puede verse muy poco para un ojo distraído, enérgico o demasiado fijo en lo espectacular, pero las historias beben de los detalles y aunque no se trata de mucha argumentación sí de una gran proyección, de la potencia de lo esencial y diáfano. Es la fuerza además de la imagen, con momentos claves, pero delicados.