miércoles, 20 de septiembre de 2017

Mrs. Fang

Leopardo de oro, máximo premio del festival de cine de Locarno 2017, documental dirigido por el cineasta chino Wang Bing. Una mujer de 67 años sufre de Alzheimer hace más de 5 años y ahora está en la peor fase, yace casi inmóvil postrada en una cama, la boca la tiene entreabierta con los dientes a la vista y los ojos se encuentran fijos lagrimeando a ratos, se mueve apenas, no habla, está como en otro mundo, está muy próxima al estado vegetal, su nombre es Fang Xiuying, y el documental de Wang Bing pone la cámara a ver su último trance en el mundo, hacia su cercana muerte. El documental la retrata junto a su amplia familia –en especial con sus 2 hijos, hombre y mujer- que la están cuidando, en un lugar estrecho y humilde en la villa de Maihui, en la provincia de Zhejiang.

El filme simplemente documenta la pasividad de la mujer y el ajetreo y preocupación de los muchos visitantes a su alrededor –quizá también porque es la forma china de hablar-. La cámara se mete en la intimidad y en la tragedia de la enfermedad, Fang no se ve tranquila, su expresión es tensa, el filme la desnuda en un momento muy personal, y uno siente que invade su vida. El documental no apela al sentimentalismo, trata con la dureza y no pretende la ternura, las imágenes son sencillas pero fuertes.

Ver el estado de la señora Fang es incómodo, uno puede sentir como si ella nos dijera con su fija dolida expresión que nos vayamos, que no la miremos. Es como un alegato de sufrimiento, de un lugar sin solución y más bien demora en terminar. La familia discute de temas de sus vidas privadas, poco importa, la imagen de Fang lo abarca todo en este momento.

La señora Fang no necesita hacer nada, pero conmociona al espectador, y no es producto de violencia visual, el filme como máximo solo se fija en el rostro de la mujer, y no en sus necesidades fisiológicas cubiertas por su familia. Pero cuando vemos que le dan agua y ella casi se ahoga sabemos que el filme pudo ser mucho más explícito y mostrar una cara aún mucho más terrible para nuestra observación, aun cuando el filme está muy despojado.  

La propuesta presenta desahogo, en especial con la vista de la búsqueda de alimentación rural de los allegados de la señora Fang, cuando practican la pesca eléctrica y la cámara sigue hasta en tiempo real una larga caminata tras ésta labor. La pesca eléctrica se repite hasta en tres oportunidades ante nuestros ojos y es la misma monotonía que refleja los últimos días de la protagonista, de la que muy poco sabemos, y se ve bastante humilde, aunque lógicamente la muerte y su proximidad es culpable de quitarnos prácticamente todo.

El tema de la muerte que maneja Wang Bing es todo lo opuesto al espectáculo y a contar historias, es algo tan desprovisto de grandilocuencia y fantasía que acabada la película te quedas compartiendo el silencio con aquel cuerpo pasivo que hemos visto por tanto tiempo sin cambio llamativo. Es el tipo de vida que no solemos tener presente y más abunda; es el momento en que no pensamos y al que todos enfrentamos. 

martes, 19 de septiembre de 2017

Evolution

La directora de la película, la francesa Lucile Hadzihalilovic, esposa del polémico director Gaspar Noé, con quien ha colaborado en algún guion y edición, no podía entregar una propuesta convencional, por lo que atribuye poder simpatizar con su filme a lo sensorial en lugar de comprender una historia, y se pierde de ser harto más seductora, porque contiene buen material con el que tenía para crear una historia solvente y más interesante; rara y llamativa, pero justificable, a un grado que se hile, al menos. No obstante se aprecian algunos parámetros para conformar una historia, como contener un comienzo y un final novelesco, pero que en conjunto queda en ciernes, porque en realidad no hay mucho debajo y la experiencia se presta inferior.

En el filme de Hadzihalilovic vemos una isla con niños -sólo varones- dominados por unas falsas y frías madres que arguyendo enfermedad –inducida por ellas, como con el elixir que les dan- los trasladan rápidamente a un hospital lúgubre y de mal aspecto donde experimentan con ellos; en este lugar hay una fuerte relación con la concepción, a partir de los propios niños, los ya crecidos; ésta es la evolución que señala el título, pero que arguye una involución, claro, está, fuera de lo evidente, partiendo del rapto y el formateo.

Se ven prácticas cada vez más inexplicables y extravagantes que flirtean con la corrupción, siempre a un paso de la trasgresión, aunque la directora nunca llega a cumplir dicha amenaza –esto se aminora más bien en su composición- o no se capta en todo esplendor, pero a uno lo tiene en vilo, en el terror, paladeando que toda la experimentación tiene del género, que se plasma en el body horror, donde brilla finalmente más la ciencia ficción y cierta cordura –contenerse- o algo parecido.

Ésta corrupción incluye el asesinato de niños, como señala el muerto hallado en el fondo del mar con extrañas marcas que remiten a la estrella de mar (por ende a la experimentación), del que habla el pequeño protagonista. También tenemos a la pedofilia, velada y distorsionada en la experimentación, pero que al final con la relación con la enfermera (Roxane Duran) queda libre de cortapisas, sólo que resuelta bajo menor polémica, por el tiempo de los sucesos y por los hechos en sí; vemos un beso como una disparo, un ahogo simbólico –una recapitulación hasta la elección de lo correcto- y un amor de juventud, aprendizaje y compasión, veloz como el chasquido de dedos, a través de lo tentativo, pero en última instancia platónico, mientras lo de los bebés inoculados o extraídos de los niños se siente medio absurdo, pero intriga.

La ambigüedad y el esbozo tienen su belleza. Lucile Hadzihalilovic crea un buen filme, por una construcción estética y un tono brillante que señalan personalidad, pero imaginemos que tuviera una historia tan potente y seductora argumentalmente como la de La Isla del Doctor Moreau de la que la directora ha declarado beber, estaríamos ante una obra maestra del séptimo arte, y el tono y la estética son tan poderosos que ésta meta no sonaba lejana. 

martes, 12 de septiembre de 2017

Pi

La ópera prima de Darren Aronofsky es una película de bajo presupuesto hecha en blanco y negro, tiene una premisa interesante y extraña. El matemático Max Cohen (Sean Gullette) quiere hallar los patrones universales del planeta a través de los números y poder predecir cualquier asunto por medio de ellos.

Max Cohen toma pastillas como caramelos y tiene una jaqueca brutal, pero no detiene su búsqueda. La propuesta combina surrealismo, onirismo, locura y realidad. Nunca estamos al tanto donde realmente nos encontramos.

El matemático se topa con una secta de judíos por medio de Lenny Meyer (Ben Shenkman), un amigo que parece perseguirlo, y es que muchos están enterados de la búsqueda de Max; hay que apuntar que el filme se mueve en gran parte por la mente del protagonista. Esta secta cree que los patrones universales están en la Torah –la biblia hebrea- y quieren que Max lo trabaje, pero lo de Max es una obsesión solitaria sin la especificación de su ambición.

Max tiene un mentor, Sol Robeson (Mark Margolis), que renunció a la misma búsqueda; ellos juegan Go –juego chino de hace más de 2 milenios de existencia-. Sol cree que el Go contiene los patrones universales. Además hay una empresa de analistas de Wall Street que tratan de acorralar a Max y asociarlo a su empresa.

Sol le dice a Max que está más cerca de la numerología que de la ciencia, y así se percibe la narrativa y tono del filme, con un aire hacia algo terrorífico u oscuro in crescendo. El filme es mucho una pesadilla, sentir la presión -y las alucinaciones- del protagonista, arrastrado hacia la imagen psicótica de un taladro perforando un cráneo.

La propuesta indie de Aronofsky mezcla lo místico con las computadoras. Max no luce inteligente, pero supone alguien excepcional, aunque más parece un demente. El filme es una ilusión y puro suspenso, lo que es su mayor virtud o quehacer torturador, inquietante, perturbador, aunque tiene de ridículo también. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

The Eyes of My Mother

Película filmada en blanco y negro, ópera prima de Nicolas Pesce, de una hora 15 minutos, dividida en tres partes (mamá, papá, familia). El filme relata la corrupción de una mente y el nacimiento de una asesina. Una niña muy unida a su madre, una cirujano ocular de origen portugués, suele atender como trabaja con los animales de su granja, la madre va formando su personalidad, pero es cuando ocurre un incidente salido de la nada que queda perturbada.

Prácticamente sola en el mundo con un padre que no le habla, que está pegado a la televisión y apenas comparte un baile ocasional con ella es que su mente sigue el camino inevitable de la distorsión. Lo que viene después es ver a una persona fría y malvada; surge la tortura y la animalización de víctimas. El filme se apropia de la sangre caliente –latina- de la protagonista –lesbiana, además-, la que macabramente habla sola -llamando a su madre- y algo –el bosque, lo oscuro- le escucha y le cumple sus deseos.

La propuesta puede verse sólo como una trama criminal de una persona perturbada. Queda claro que Francisca (Kika Magalhaes) es una mujer enferma, una psicópata, el filme crea un personaje sólido con ella; es más, ella es la película. Las tres partes del filme son cómo va definiéndose como persona, cómo estos puntales construyen su psiquis. La trama es muy austera por donde se le vea, pero muy placentera como terror.

Uno de los asesinatos por extraño que suene se percibe como un baile sensual –a lo Hannibal Lecter-, en medio de apuñalamientos y el sabor agridulce del karma. La escena de la mujer esclavizada avanzando a oscuras hacia un posible atropellamiento también ostenta una estética, rara e inquietante.

El filme muestra mucha crueldad y extravagancia en el comportamiento de Francisca, la que es como un animalito sin demasiado entendimiento de sus acciones. Pero no vemos asesinatos explícitos, estos yacen en fuera de campo; la historia se enfoca en la locura a raíz de la soledad, el vacío y la pérdida, en las voces de su cabeza, en sus necesidades físicas y emocionales corrompidas, en el aprendizaje del placer sórdido y el recuerdo de la profesión materna.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Doble

Esta película peruana colombiana dirigida por el colombiano Felipe Martínez Amador es una película comercial simpática y con un nivel decente de comedia, aunque a ratos se va por el camino fácil de la broma gruesa y la jerga, pero son los menos. El nivel general del filme es saludable, y está bien constituido, aunque buscando motivos y continuidad al hecho de mezclar los tiempos para hacerse con la mujer deseada se note a ratos algo forzado, sin embargo funciona en general. El filme de Martínez Amador por momentos es bastante ligero, pero su narrativa en conjunto fluye, es amable y agradable, también tiene su audacia con la mezcla de las distintas realidades, de la realidad paralela, del deseo de Fede (Salvador del Solar) de tener más tiempo libre con su esposa, la que para ocupada con un trabajo demandante, aunque de mucho éxito y dinero, pero aun así ella trata de complacer a su marido. La esposa la interpreta la colombiana Majida Issa como Mariana.

Fede exagera un poco el problema de la distancia, cuando ella no puede ir a celebrar su aniversario -20 años de casados- al lugar donde se conocieron. Quizá por eso su estupidez y –entre comillas- buena onda termine golpeándole como un boomerang, aunque él crea que hace lo mejor y hasta se sienta realizado y feliz consigo mismo. Pero vayamos más atrás, Fede al ver pasar un cometa, el mismo de su juventud y el mismo del comienzo de su romance con Mariana, pide un deseo medio sin querer queriendo y vuelve al pasado, a conocer otra vez a su mujer, 20 años atrás, mientras su mujer de la actualidad se va alejando de verdad de él y éste paradójicamente siente que es lo mejor. Doble estupidez, y es que doble no sólo es la mujer repetida. El filme pretende la corrección política. Fede aunque en un inicio hace lo que le da la gana, se va con la versión joven de su mujer, la que quiere ser fotógrafa, y él su manager y no su marido, termina minimizándose y prácticamente botándose a la basura; claro, que con algún detallito de por medio como ganar la independencia laboral.

Detrás de la película hay un argumento –un lugar común cinematográfico- disque idealista, pero que realmente es superficial y antinatural, porque no retrata personas, sino entes inanimados y fantasiosos, pero más allá de esto –aunque un punto clave- el filme tiene muy buena comedia y la ciencia ficción con el manejo de las aventuras y el rock de la vida paralela de hace 20 años se hace muy entretenido, otorgándose flexibilidad y plasticidad e incluso hay cambios que llegan a ser muy graciosos, porque no se les toma en serio en absoluto, sobre todo con el personaje que hace Christian Meier que es jocoso. A Meier le va muy bien la comedia, como a Salvador del Solar sin caer en lo alevoso.

El filme tiene su buena cuota de ingenio en esta interacción con los tiempos y las distintas versiones de Mariana, la que se hace creíble en dos épocas y edades distintas, mérito de ella sin aspavientos. Salvador del Solar también está a la altura como el personaje central, tiene carisma y la ligereza que implica su papel. El filme se ambienta en Colombia, pero los lugares tienen un aire muy general que poco importa confirmar en donde nos hallamos. El filme en ese aspecto hace ver la actualidad de Fede y Mariana como gente con cierto poder adquisitivo y el pasado algo tipo punk, rebelde. No se necesita mayor complejidad en los escenarios.

El efecto y la justificación del cometa mágico y el deseo cumplido es lo suficiente funcional, pero logrado, que como dice un diálogo, no es necesario hablar de duendes y subrayar que tratan con lo absurdo. También hay momentos muy coherentes que hacen un buen contraste con el aspecto fantástico. A ese respecto la psicóloga y gurú de la mujer casada dominante que interpreta otra colombiana, Julieth Restrepo, se brinda muy competente. Este filme no apela a la vulgaridad habitual de la comedia del cine nacional, entrega un cine más sofisticado en cuando a maneras y a su temática, sin perder en el trayecto la cercanía con el público, ser entretenido y tener un toque de arte. La mezcla de los tiempos, los cambios del futuro y la estructuración no necesitan ser revolucionarios, sólo hace falta algo de imaginación, gracia, proximidad, sentido del ritmo y de la comedia, para hacer algo valioso. Como entretenimiento comercial es un éxito, sin ser plus ultra. Es un filme ligero con un manejo claro y algo curioso, una comedia romántica efectiva –divertida- con su toque interesante que hasta se da el lujo de saltarse alguna convención determinante, mediando un cierto aire pro-feminista (también bromea con ello con la psicóloga), aunque todo manipulado por un hombre.

Verano 1993 (Estiu 1993)

Frida (Laia Artigas), una niña de 6 años, pierde a sus padres, no sabemos cómo específicamente, aunque sólo le tensiona y tiene presente la muerte de su madre, su padre parece que la arrastró a una enfermedad y todo sugiere que fue el Sida. Ni Frida ni la película de la española debutante en el largometraje de ficción Carla Simón lo dicen abiertamente, que Frida sufre mucho la muerte de su madre. Todo el metraje del filme es la conmoción y shock silencioso de la pérdida, Frida pasa por el trance de aceptar la muerte más importante de su existencia a muy corta edad. La niña ha ido a parar a vivir con un tío (el hermano de su mamá), su mujer y su pequeña hija (más pequeña que Frida); ha pasado a vivir a una buena casa de campo. Su nueva familia es muy cálida, bondadosa y responsable, aman a Frida, pero la niña -rebelde en este momento, por el vacío e impacto que lleva dentro- lucha por adaptarse a su nuevo hogar.

Lo que más puede agradar, teniendo en cuenta que el presente filme ha conseguido complacer prácticamente de forma apabullante, su parte distintiva y artística, es que tiene un tratamiento muy moderado y calmado de lo que siente Frida, de un golpe brutal en su vida, un dolor expuesto transversalmente mediante sus continuas travesuras, ocurrencias, escapes y exabruptos (por pequeñeces), es decir, Frida sufre, pero no lo vemos con lágrimas ni melodrama, está aparentemente postergado, pero lo que presenciamos en realidad en la trama de la catalana Carla Simón es la catarsis de la pequeña (para expulsar la enfermedad del organismo), y esto es a través de aprender a vivir con su nueva familia. La adaptación a la villa es un trance mortuorio íntimo, “secreto” y personal; entrar en la corrección es superar el sufrimiento interno.

El filme gusta inmediatamente porque se trata de una niña dulce y carismática, que identifica y sensibiliza al público y no sólo porque es linda en varios sentidos, tiene momentos donde denota una personalidad muy femenina; desde luego, inocente, pero también tiene su carácter y debe desarrollarlo aún más, sobre todo cuando este filme coming of age nos presenta una prueba –injusta- de la vida. El filme cautiva al que entiende –y no pierde de vista- el gran golpe que padece, ésta es una presencia mental y constante en cada acción. Es mirar su comportamiento –la reacción ante el leitmotiv del filme- en cada rincón. No obstante, la propuesta tiene cantidad de ratos de alegría, aventura y ternura, sumado a que no hay excesos de dramatismo con lo que se hace muy simpático y llevadero de observar; el filme requiere sensibilidad, la que aplaca cierta falta de originalidad y su sencillez formal.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Atómica (Atomic Blonde)

Lo primero que llama la atención de ésta película, y es inevitable ya que suena como arbitraria y potente la banda sonora, es la selección de la música del filme, con canciones de los 80s de músicos y bandas emblemáticos de la época. Escuchas a David Bowie, The Clash, Queen, Depeche Mode, New Order, Blondie, The Cure, George Michael, Peter Schilling, entre otros. Las canciones en medio de las luchas cuerpo a cuerpo se oyen extrañas, pero son canciones que hacen distinguir la película y le dan una combinación curiosa y simpática a fin de cuentas, luego de acostumbrarnos. Propician una atmósfera de intensidad y de fiesta.

El director de la presente película, David Leitch, es un consumado doble de acción y coordinador de escenas de riesgo y combate quien fue codirector de la magistral película de acción John Wick (2014), oficialmente sólo de Chad Stahelski, donde Leitch hizo de productor, además.  Atomic Blonde (2017) es un filme de espías en toda regla, es decir, uno tan complejo que es difícil de comprender en su totalidad, cargado de traiciones y dobles espías, uno no sabe para quienes trabajan muchos de los involucrados hasta el último segundo.

La protagonista es una espía de las más duras, interpretada por la hermosa y talentosa Charlize Theron, que demuestra que es capaz de hacer hasta lo impensable en su carrera de actriz, se reta constantemente, como con la actual película donde tiene que demostrar dominio del arte marcial y enfrentarse a puño limpio hasta la muerte con tipos enormes e igual de preparados que su personaje, una badass, una James Bond de última generación. Theron le da volumen a su personaje, cuando éste tiene mucho trabajo de campo, especialmente matar rusos.

Lorraine Broughton (Charlize Theron) en el presente es interrogada no de forma muy cálida por sus duros superiores del M16. Cuenta su periplo por la Alemania comunista a puertas de caer el muro de Berlín (el año de 1989), sobre la misión de hallar -antes de que empiece una cacería- una lista donde se delataría a todos los espías en favor de su país. A través de flashbacks Lorraine entra de encubierto en Alemania del este, lugar en que debe contactar con el espía David Percival (James McAvoy), un tipo pícaro y muy cool, que carga a menudo su Jack Daniel's. Entre ellos está una espía aprendiz francesa, Delphine Lasalle (Sofia Boutella), con la que Theron tendrá un romance de esos candentes pero finalmente intrascendentes en la trama. También Lorraine tendrá que sacar del país a un miembro del Stasi –servicio de inteligencia de Alemania del este- interpretado por el competente Eddie Marsan, como Spyglass, un hombre pequeño. Junto a estos cuatro personajes están los militares rusos con sus guardaespaldas, asesinos y guerreros gigantes, y el malvado jefe ruso (Roland Moller) que hace su impactante entrada dándole una golpiza a un skater con su propia patineta. Estos enemigos rusos poco importan, son un lugar común sin mucha pompa efectiva, aunque algo se les distingue; sus combates sí son excelentes, como el que Lorraine tiene al querer salvar a Spyglass de una lógica emboscada para que no traicione a la Stasi, que hasta el final es espectacular, con el auto en el agua. Theron sale bien golpeada, sangrante, quedando con mal semblante. Hay otros personajes, aliados, espías y pequeñas vueltas de tuerca adicionales, pero ésta película es complicada de seguirle en todo, y tampoco es indispensable hacerlo.

Quedarse con sólo las peleas es ser tacaño con la propuesta, porque el filme de David Leitch no se trata únicamente de esto, tanto que sorprende por ser un filme arduo de espías, aunque tiene sus ejes claros (la lista; Satchel, el traidor de la corona; Spyglass). Si buscas sólo combates marciales los tendrás pero no hay en demasía aunque suficientes (si quieres muchos de ellos, intensos, frenéticos, alucinantes y en toda gloria, John Wick es la mejor opción), más es el juego de los traidores, de identificar enemigos y amigos (y conocer mejor a los amantes), de especular y sacar conjeturas. Lo que pasa es que Atomic Blonde palia su complejidad argumental con los combates, con ejes fáciles y vistosos y con su locuaz banda sonora, pero todo se complementa y entrega una muy buena película, que tiene estilo y su originalidad como película de acción, y como cine de espías es más llevadera. Se basa en la novela gráfica The Coldest City (de esto también lo cool del filme), del inglés Antony Johnston.

Night of the Demons (trilogía)

Night of the Demons (1988) la dirige Kevin Tenney con guion de Joe Augustyn, cuenta como un grupo de 10 amigos -muchachos locos en busca de diversión- deciden ir a la casa Hull en noche de Halloween, una casa de la que se dice está poseída por demonios y que fue una funeraria, crematorio y cementerio. La casa Hull también tiene una historia de homicidios con los dueños –muerte entre familiares- y, además, una leyenda india sobre no cruzar hacia allá. Pero los muchachos quieren celebrar la noche de brujas de la mejor forma y esto es ir a la fiesta que organiza la muchacha marginal apegada a la magia negra, llamada Angela (Amelia Kinkade), la que va con su mejor amiga Suzanne (Linnea Quigley), la chica fácil y sexy.

La chica virginal, temerosa y recatada, estereotipo que no falta en la clásica película de género, se llama Judy (Cathy Podewell) y ella es algo la voz de la consciencia o la que menos bulla hace. Tiene 2 pretendientes, el galán superficial Jay –que sólo se la quiere coger- y el rebelde, rústico y solitario Sal –el amor inesperado-. Con ellos va una pareja de novios cercanos a Judy, personajes anodinos, pero que sirven para poner más carne sobre el asador, y otros tres chicos aparte en su propio auto, un afroamericano que le teme a todo, una chica que sirve sólo para que la insulten y un muchacho grueso, bromista, maltratador, misógino y vulgar.

La película tiene varias escenas de sensualidad, hay que recordar que es una película de típicos adolescentes en busca de juerga, donde hay 3 grandes escenas. Una es cuando Suzanne enseña su voluptuoso trasero en ropa interior –Judy también aunque casual cambiándose en su cuarto- y sus lindas piernas sobre tacos altos rosados para que su amiga pueda robar cosas para la fiesta. Otra es un baile entre freak y erótico de Angela con la canción Stigmata Martyr, de Bauhaus, de fondo; que es el arranque de las posesiones. La última es cuando Suzanne entra en estado de posesión y se pone absurda e imprevisible. Estas dos últimas escenas mencionadas generan buenos momentos de terror.

El filme de Tenney es muy básico, pero es un buen filme. Ya hay mucha agua recorrida en el género pero aun así se las arregla para hacer lo suyo, aunque por sus venas pasa El exorcista (1973), The Evil Dead (1981), Demons (1985), Demons II (1986) y Evil Dead II (1987). La propuesta está bien constituida; su historia mete de todo para justificarse y lo hace muy ligeramente, pero tiene buen manejo de las escenas de terror y su sentir adolescente es sólido. El ambiente central de la casa se presta para la lujuria y lo macabro, su combinación máxima.

Night of the Demons 2 (1994), de Brian Trenchard-Smith con guion de Joe Augustyn, también funciona, no es mala película aunque no es de las más memorables. Imprime mucha comedia, pero mantiene algo el interés en sus escenas de terror, tiene aún efectos especiales decentes. Ésta vez la Angela (Amelia Kinkade) de la anterior película es el demonio central, y tiene un pariente en una chica a la que le suelen hacer bullying (el alma pura a sacrificar). Se inscribe el filme en un internado de chicos problemáticos, con separación de hombres y mujeres, a los que una monja rígida suele vigilar dictatorialmente. Ésta monja (Jennifer Rhodes) hará también de héroe, propiciando cero ingenio más bien; los adolescentes tampoco yacen iluminados (aunque se ve algo en Zoe Trilling, y el taekwondo de uno de los muchachos). No es una película brillante, pero el director y el guion de Augustyn al menos no son un cero a la izquierda. El filme tiene un lado infantil, pero que no llega a destruir la película, se acopla al terror que mantiene un cierto lado serio. Usan pistolas de agua y globos con agua bendita para combatir a los demonios, y sin embargo tiene gracia. Tiene su culto también.

Night of the Demons III (1997), de Jim Kaufman con guion de Kevin Tenney, baja ya demasiado el nivel, se nota un filme en extremo barato, no es ni para televisión; además, la narrativa es en parte repetición de la primera. Se instala en la casa Hull y llegan nuevos adolescentes; el cabecilla del grupo, Vince (Kris Holden-Ried, el mejor actor del reparto, si eso es posible), carga instinto criminal y hace que tengan que escapar de la policía tras un tiroteo. Ésta película no tiene buenos efectos especiales o no los sabes utilizar, no tiene un solo momento de terror decente, incluso llegan a ser vergonzosos, como su humor. La sensualidad también es nula en la propuesta, incluso la chica llamada perfecta –popular, bella- y decente (Stephanie Bauder) no tiene un ápice de gracia. La trama respeta la segunda parte de la trilogía, pero sin salirse del cuadrante de la casa Hull; en la anterior llegan los demonios hasta el internado por un objeto curioso que proporcionaba además una escena a lo Poltergeist 2 (1986), aunque por debajo de su toque memorable. Regresa Angela (Amelia Kinkade) y se le ve bastante a la actriz que la interpreta, en la anterior aparecía pero se veía sobre todo como demonio. La presencia/performance de Angela/Kinkade vuelve infantil la trama en la peor forma para el género, hasta tiene bromas idiotas, de nivel cero de comedia. En esta oportunidad el personaje de Angela es central en la historia, pero se hace bastante mediocre, no tiene ni terror ni simpatía ni audacia por ninguna parte, sólo intenta un momento erótico chupando una pistola como un felatio y extraer las balas es la eyaculación, pero es un personaje igual de adefesiero que el de la monja de la película anterior. 

jueves, 31 de agosto de 2017

The Assignment

El director de ésta película es el legendario Walter Hill, director maestro del cine de acción, que tiene una obra maestra en The Driver (1978), películas de culto como Hard Times (1975), The Warriors (1979) y Streets of Fire (1984), y películas muy populares y entretenidas como Danko: Al rojo vivo (Red Heat, 1988) y Encrucijada (Crossroads, 1986). Walter Hill siempre ha sido un cineasta muy libre, por lo que sus últimas películas le son coherentes, son de acción pura y dura sin ningún tipo de moral, difícil de digerir esto –un poco- seguro que sí, no a todos les hará gracia ver antihéroes brutales tomándose la ley en sus manos asesinando a diestra y siniestra sin misericordia alguna y salirse con la suya tras frías venganzas. Claro, dirán, está matando criminales o corruptos que le han hecho encima daño y esa gente no vale nada, pero igualmente choca ver tanta sequedad y ligereza. Vemos como el asesino a sueldo James Bonomo (Sylvester Stallone) en Bullet to the Head (2012) le dispara a un criminal –lo mata- tras terminar de interrogarlo, simplemente ya no le sirve. No siempre el asesino y protagonista guarda aun así la simpatía –en un empaque muy violento- de Stallone, en The Assignment (2016) el antihéroe -también asesino a sueldo en busca de venganza- que hace Michelle Rodriguez no trata de simpatizar en absoluto con nadie, salvo que siente deseo sexual y en un único rato compasión por una pareja. Pero The Assignment es aún más extravagante y rocambolesca de lo que uno puede imaginar, y muy violenta y amoral también.

The Assignment trata de un asesino a sueldo llamado Frank Kitchen, gran nombre, propio del cómic en general que Hill trata de emular de cierta forma en la gran pantalla, utiliza algunas viñetas propias de los cómics además, enmarcando escenas claves como cierre de capítulos. Frank Kitchen mata por dinero y no reconoce nada más, es así de básico, pero un día tiene la mala suerte de que haciendo un trabajo para una pequeña mafia, para el honesto John (Anthony LaPaglia), asesina al hermano dilapidador de una cirujano plástico que opera ilegalmente y experimenta con el cambio de sexo, con la Doctora Rachel Jane (la genial Sigourney Weaver). Ésta mujer, un antagonista de esos poderosos que suelen poblar el imaginario del cine de Walter Hill, quiere vengar a su hermano, pero no lo quiere hacer de forma convencional. Para esto Sigourney Weaver interpreta a una mujer particular, sus discursos y conversaciones son muy prominentes (el de Edgar Allan Poe es también una declaración diáfana del cine que hace y defiende Walter Hill), y la describen muy bien, aparte de la magistral interpretación de Weaver, y es que Hill le saca magia a sus actores, lo que parece pequeño lo convierte en audaz, lo mismo que hizo con Jason Momoa como el enemigo de Stallone en Bullet to the Head, y ni que decir de la maravillosa interpretación que extrae de Bruce Dern en The Driver (1978). Lo interesante de sus malvados es que se mantienen pegados en gran parte a la realidad, siguen siendo muy humanos a pesar de todo y son curiosos sin ser visualmente exagerados. Se comportan como obsesivos y algo locos pero siempre reconocibles en nuestra humanidad, aunque manejan su propio código de conducta.

Frank Kitchen despierta de pronto vendado sólo en un sucio apartamento convertido en una mujer, le han practicado el cambio de sexo, es ahora un transexual. Michelle Rodriguez a ese respecto es muy profesional y hace un buen papel. Primero la vemos hasta con órgano masculino desnudo (interpreta a un hombre), sin sus tetas, con barba y una nariz gruesa, luego como mujer también sin ropa, de forma natural, descuidada en la trama. Rodriguez es una mujer bella, pero siempre yace en papeles fuertes, y no se le hace tan difícil mantener a Frank Kitchen debajo de su apariencia femenina, apariencia que el personaje trata de minimizar, aunque no puede con todo lo externo. El filme nos dice que lo que nos define es lo que llevamos dentro, Frank Kitchen aun cambiado físicamente sigue siendo un tipo duro y crudo.

Una reacción algo curiosa -aunque nunca faltan- es que la comunidad transexual americana se ha sentido ofendida con la película, lo cual suena desproporcionado, el filme incluso expresa en diálogos que respetan a los transexuales, que es sólo entretenimiento y que únicamente se debe a ello. Tampoco por ninguna parte se ve ofensa alguna hacia esta comunidad. Frank Kitchen no quiere ser transexual, ama a las mujeres (lo sigue haciendo con el cambio de sexo), es un tipo violento, un macho man. La historia se fija a esto, y nunca hace escarnio ni humor de este personaje. Que Hill algunas veces hace hablar a sus personajes de forma bruta y tosca sí, pero se le puede justificar por tratar de pegarse a lo real. El filme habla de convertir a Frank en transexual, que cambie de género, para reinventar su personalidad, la película tiene su argumento. Pero el interior siempre manda. Ojo que Frank Kitchen tiene relaciones sexuales sin problemas con el cambio de sexo.

The Assignment es una película que tiene buenas escenas de acción, sólo que rápidas, Hill economiza la violencia, la propone potente y descarnada pero inmediata y breve. Pero todo el filme está plagado de escenas intensas, incluso cuando habla mucho Sigourney Weaver hay un sentido del ritmo. Aunque no es perfecta la combinación de los tiempos ésta es ducha en general (hay arte). El filme tiene ingenio, aunque no sea una obra de arte; es comida rápida, pero de la que disfrutas. Presenta mucha libertad pero con noción de lo que se está haciendo, no se trata de hacer cualquier cosa y pasarla por audaz, aunque pueda juzgarse de irreverente. Es el placer y ligereza de un cineasta que sabe. 

martes, 29 de agosto de 2017

Death Note (serie anime)

Serie anime del 2006 y del 2007 que cuenta como un muchacho muy inteligente llamado Light Yagami se encuentra un cuaderno llamado death note, que pertenece a un dios de la muerte o demonio que abandona su libreta a propósito en la tierra porque se encuentra muy aburrido en su mundo. A estos demonios se les conoce como Shinigami, y este demonio en especial se llama Ryuk. Light tiene una visión personal sobre la justicia (en sentido de que es capaz de llevarlo hasta las últimas consecuencias), le encoleriza que el mundo sea tan corrupto. Pronto la death note le dará la facultad de poner sus ideas en práctica. Si escribes un nombre en la death note y piensas en esa persona ésta morirá, incluso puedes decidir cómo y cuándo morirá y hasta manipular sus decisiones poco antes de morir. El death note tiene muchas reglas que cada vez hacen más interesante la trama. Este anime juega con algo que muchos suelen discutir, que se debería matar a los criminales, y tomar la justicia en nuestras manos. Para ello Light será conocido como Kira y se creerá un dios en la tierra.

Light tendrá un potente antagonista, un personaje tan rico como él, se le conoce como “L” y es un investigador famoso y anónimo que persigue ahora a Kira. Entre ambos habrá un gran juego a ver si es finalmente descubierta la identidad de Kira, para eso L rápidamente cree que es Light, mientras Light espera matarlo antes de ir a la cárcel. Light y L perpetran grandes luchas cerebrales, el filme propone mucha inteligencia en ambos, e ingeniosamente vemos que L descubre muchas pistas que señalan quien es Kira, pero Light también contraataca y va cubriéndose los pasos. Light y L son muchachos excepcionales. L es un freak, mientras Light es prácticamente el joven perfecto. Su lucha es lo mejor de este anime de 37 episodios de 24 minutos cada uno, contando la intro y el cierre musical que llegan a ser tres en toda la serie. Las 2 últimas introducciones son música genial, muy intensa, mezcla de heavy metal, punk y rock, pertenecientes al grupo japonés Maximum the Hormone.

Este anime se puede dividir en 3 partes. La primera dura hasta el capítulo 17 más o menos y es lo mejor de la serie, es realmente maravilloso –una obra mayor- ver como Light y L juegan a destruirse, como si estuviéramos presenciando un juego de ajedrez del más alto nivel. El anime es muy claro, todo se entiende sin ningún problema, pero ostenta admirable inteligencia, es un filme de razonamientos –y filosofía- puestos a pelear. L suele deducir qué piensa Kira/Light y viceversa, qué planea el contrincante, y con ello replantear todo, buscar ser siempre más astuto que el enemigo-amigo (porque así se tratan) y vencerse. Los análisis exceden lo normal, sus mentes son demasiado precisas y poderosas, pero todo genera un juego glorioso de suspenso, de cuál será la próxima jugada maestra.

Light es perverso, sin sentido alguno de culpa –porque cree fervorosamente en su ideología como la más digna y justa para la humanidad- y terroríficamente crudo. Esto genera que Kira sea un ser invencible y omnipotente, admirado por muchos, quien se escapa de los mayores retos y no desiste –maniático- de matar sobre todo criminales y quienes se oponen a él (al final todo termina siendo sobrevivir, L lo empuja a ello, lo reduce, aunque en la sociedad no), Light es un mentiroso de antología. A esa sazón la risa de Ryuk divertido con él y sus muchos contrincantes es la risa empática del público. L planea muchas formas de atrapar a Light/Kira, pero de todas se escurre con grave sagacidad, presenciando una gran investigación. El manga lo escribe Tsugumi Oba y lo ilustra Takeshi Obata; la serie anime la dirige Tetsuro Araki.

Una de las tantas novedades del anime es la intervención de la bella ídolo pop Misa Amane, como la de su shinigami llamada Rem que la adora a diferencia de Ryuk que únicamente se divierte con Light. Misa Amane no desentona para nada, y aunque es un personaje chillón y exagerado es otra virtud de la historia, generando audaces vuelcos y sorpresas.

La segunda parte de la serie es cuando aparece el grupo Yotsuba y suma a los criminales como asesinos y violadores la corrupción del dinero, el enemigo es el empresario ciego de ambición. La tercera parte es cuando surge un Kira más –hay varios en toda la trama- y se incorporan dos investigadores (Near y Mello). En la serie hay muchos tras Kira (que significa asesino en japonés), incluido el mismo Light haciendo un doble –e hipócrita- papel. Near y Mello son personajes endebles, de lejos el mejor investigador es L, y le sigue el padre de Light, Soichiro Yagami, que es un policía híper idealista, que genera una escena emocionante e impactante cuando quiere matar a su hijo y suicidarse (qué diferente es el Death Note, 2017, de Adam Wingard, un bodrio, así a secas, un intento de propia interpretación que es un canto de torpezas y bochorno). Soichiro representa al japonés tradicional; Light al hombre de hoy en día, aunque al peor de todos. Light es muy recio y perverso, hasta niveles impresionantes. Ryuk se queda corto en mucho frente a él. Solo L le hace la competencia de la mano de sus manías y rarezas. La segunda y tercera parte son aun interesantes, el conjunto es muy bueno, pero va decayendo el ingenio. Es un arranque intenso y va descendiendo de a poco, pero hasta el final uno está pegado. La serie tiene en un inicio más realismo, pero poco a poco esto va liberándose y entrando de lleno a la fantasía, más allá de la idea de tener Shinigamis alrededor.

El anime tiene su cuota de erotismo y mucha modernidad, aunque Light es frío con las mujeres, las suele manipular, y no le tiembla la mano para deshacerse –matar- a alguna, aunque es un mujeriego y un seductor nato. El anime tiene humor pero felizmente no en gran cantidad. Es un anime sólido, libre, pero serio, que no teme hacer lo que le da la gana –arriesga en muchas oportunidades- y nunca pierde su interés. Esta serie anime no está hecha para una mente cuadriculada que desmerezca la radicalidad, la fantasía o la mezcla con lo naif. Near se comporta como un niño con inteligencia superdotada y Misa como una mujer a la que muchos creen estúpida –pero a veces se hace la estúpida- y otros la desean y ella es coqueta. En el anime hay cierta sensualidad, pero es menor, e igual todo suma.

Cuando acaba la investigación uno se siente un poco defraudado. La mayor inteligencia está en los antecedentes que crea la primera parte. L descubre todo, pero aun así Light sigue en pie (lo cual es ingenioso), prueba que culparlo y atraparlo es lo de menos interés en el anime (y es que ha hecho demasiados méritos), salvo que el final –capturarlo o no capturarlo- se aprecia poético, único momento de debilidad de Light, que recordarlo impertérrito peleando intelectualmente con L es la obra maestra de la trama. 

lunes, 21 de agosto de 2017

Infernal affairs (trilogía)

La primera película de esta trilogía que data del 2002 es casi una obra maestra, si no fuera por la música de acompañamiento que es disonante y no se compenetra con lo que vemos, más bien achica lo que presenciamos, pero el resto del filme –y es bastante- es una de las mejores películas de acción y crimen de Hong Kong y de la historia del séptimo arte. La trilogía la dirige Wai-Keung Lau (o Andrew Lau) y Alan Mak, los guionistas de la trilogía son Alan Mak y Felix Chong. La primera Infernal Affairs es una película con pocas escenas de acción es más una película neuronal, un entramado complejo de traiciones y salirse con la suya, no ser descubierto, por ende no ir a prisión o morir a manos de los compañeros. El filme trata de 2 topos, 2 infiltrados o espías, un policía en la mafia china, Chen Wing Yan (Tony Leung Chiu-Wai), y un gángster en la policía, el Inspector Lau Kin Ming (Andy Lau).

Los topos desde temprano –muy jóvenes- han pertenecido a sus lugares de vigilancia y ya se han confundido en el lugar, son prácticamente imposibles de identificar, están plenamente infiltrados y aceptados como cualquier otro y más, destacan. La verdadera identidad de Chen Wing Yan sólo la conoce el superintendente Wong Chi Shing (Anthony Wong), lo mismo con Lau Kin Ming, el único que sabe de su identidad real es el jefe mafioso Hon Sam (Eric Tsang). Estos 4 personajes son los pilares de la trilogía. Los 4 están espléndidos en conjunto, pero por algo Tony Leung y Andy Lau son actores tan grandes en el cine oriental. En el caso de Eric Tsang en la primera película está perfecto, es sarcástico, cruel y rudo, en la segunda película donde vemos su crecimiento al gángster que será tiene un papel mucho más suave, muy poco intimidante, más pegado a la simpatía y no es muy genial, pierde mucho atractivo, pero se entiende que fuera antes otra persona, influencia de su relación con su esposa, la bella y sensual Carina Lau como Mary Hon. En la tercera película aparecerá muy poco. Por el lado de Anthony Wong debo decir que empieza muy endeble, medio defectuoso, aun teniendo un gran rol, pero en las siguientes películas se pule totalmente y da una excelente actuación.

El primer Infernal Affairs se torna en el desenlace en un filme furioso en creatividad, amoral, corrupto, con un Andy Lau perverso y muy astuto, pero con una naturalidad impresionante, no hay que caricaturizar o sobredimensionar nada para crear un antagonista tan redondo. La trama es impredecible y llena de vueltas de tuerca por el final. Es un filme que no sigue parámetros de decencia o de finales felices, es ingenio, coherencia y libertad pura. Otra maravilla de la propuesta es el juego del gato y el ratón, tanto la policía como la mafia saben que hay topos en sus filas y a cada topo genio principal se le ha pedido que halle al adversario, por lo que la interacción en pantalla entre Lau y Leung es muy rica, muy inteligente y mantiene el suspenso y la expectativa, es un tira y afloja por descubrirse. La escena del cuerpo cayendo del techo también es una de las grandes escenas del filme, algo edulcorada con la tristeza que ocasiona, pero en la primera Infernal Affairs las muertes son otra maravilla de la propuesta. También hay sentido del humor, como con el locuaz y loco gángster que cree ver policías encubiertos en la calle en gente común. Este pequeño personaje, Keung (Chapman To), tiene una escena memorable –incluida una estética audaz- tras huir de una balacera.

Suma igualmente que Lau Kin Ming (Andy Lau) tiene una vida familiar normal, cálida, y es hasta amable con los otros policías, toda su maldad y traición en un inicio es muy sutil, muy delicada, Lau Kin Ming es un tipo muy racional y calculador. Su compañera la hace Sammi Cheng, y es curioso/ingenioso ver cómo siendo ella escritora hay una proyección de una novela que escribe sobre si es o no su protagonista una buena persona. Esto más tarde le producirá una crisis de identidad a Lau Kin Ming, creyéndose Chen Wing Yan, la parte más extravagante y original de la tercera Infernal Affairs (2003). Lau Kin Ming ahí perderá su fabulosa sangre fría (las mujeres y el amor son determinantes en la trilogía en cuanto a cambiar a las personas), convirtiéndose en un tipo enloquecido, lo que también tiene su riqueza argumental y artística. El personaje de Sammi Cheng es secundario en las acciones directas, es en lo visual una simple compañía, aunque es determinante en la solidez emocional de su novio. En cuanto a Chen Wing Yan (Tony Leung), él se enamora de su psiquiatra, la hermosa Kelly Chen, que también tendrá un rol importante en el devenir de la trama, aunque en sus apariciones en general luzca igual de irrelevante que Sammi Cheng, la que está desperdiciada, aunque el filme funciona igual bien así. Un rol femenino rico en cierta forma es el de Carina Lau en la segunda Infernal Affairs (2003), tiene un papel provocador tanto como criminal como mujer. En la segunda película no participan ni Tony Leung ni Andy Lau, sino sus versiones juveniles (Shawn Yue y Edison Chen respectivamente), y es una precuela. El joven Lau Kin Ming se apasionará por Mary Hon, y mostrará un lado inocente y a su vez nuevamente su lado más perverso.

La segunda Infernal Affairs es un poco enredada, cambia incluso algunas cosas que bajan el listón, presenta a un gángster líder nuevo, Ngai Wing Hau (Francis Ng), que quiere vengar la muerte de su padre, que ha sido traicionado por todo el mundo, hasta la policía está involucrada en su muerte. Ngai Wing Hau –que luce joven, a los 42- trama tremenda venganza, contra un grupo de mafiosos llamados The big four. Esto genera unas escenas de asesinatos que tienen su gracia, pero poco más. Ésta Infernal Affairs recuerda a El Padrino (1972), pero no le llega en absoluto a su inmortalidad como cine y arte. Esta precuela está decente, entretiene, tiene sus buenos momentos, pero tanto la segunda como la tercera película de Infernal Affairs a un punto recuerdan las precuelas de Star Wars. La primera Infernal Affairs y las originales Star Wars son palabras mayores, las otras son rémoras de su grandeza. Pero de todas formas uno es curioso y ante el placer original llegas a apreciar las demás. También hay un mar de diferencia entre las Infernal Affairs siguientes y las precuelas de Star Wars, las Infernal Affairs siguientes tienen más nivel, poseen superiores ideas, que las precuelas de Star Wars. El ascenso de Hon Sam a líder de la mafia contra Ngai Wing Hau no tiene ni por asomo el poder de fascinación de la imagen que engendrará Hon Sam en la primera película, aunque como concesión está decir que el personaje de Ngai Wing Hau está más que aceptable. Lo bueno es que las bandas sonoras se vuelven competentes, suben el nivel a las Infernal Affairs siguientes, lo curioso es que las 3 bandas sonoras son del mismo compositor Chan Kwong-wing.

La tercera Infernal Affairs es más fácil de seguir que la segunda aun siendo compleja, ésta es tanto una precuela como una secuela. En ésta película se unen pequeños cabos, aunque a un punto yo diría que innecesarios, y se agregan “nuevas” cosas. Como en la segunda película en que Ngai Wing Hau “repite” el rol de Hon Sam preparándose/cocinándose el ascenso de éste último como precuela, en la tercera hay otro juego del gato y el ratón, de nuevos topos, pero si bien hay varias líneas narrativas a ese respecto –en la primera también las hay- y la relación de suspenso entre el superintendente Yeung Kam Wing (Leon Lai) y el rol de Andy Lau tiene su entretenimiento y algo de audacia su aporte y alcance en general está muy por debajo de la primera película. El final de la trilogía es un lugar de culpas, un filme que a poco más de la mitad de metraje se vuelve un thriller psicológico, más tarde pierde su corrupción y pone las cosas en el lugar de la ética y lo convencional, con lo cual el filme desciende bastante de nivel, y es que sucede a menudo que la tercera película de las trilogías suelen ser las más malas, aun así el filme logra salvarse un poco. Pero para muestra un botón, aunque ahonda más en la psiquiatra de Chan Wing Yan y a pesar de que en la primera la relación era rauda y ligera –algo cómica- funciona menos. Quien diría que aunque la tercera película mezcla tiempos, los maneja paralelos, posee una estructura compleja, hay mucho mayor entusiasmo y queda más en la memoria situaciones como la introducción de la primera Infernal Affairs cuando Hon Sam proclama su revancha contra la policía frente a su pelotón de jóvenes topos. 

jueves, 17 de agosto de 2017

Dunkerque (Dunkirk)

El hecho histórico que cuenta el filme del inglés Christopher Nolan es legendario para Inglaterra, la evacuación de 300 mil soldados de la ciudad y puerto de Dunkerque, Francia, rodeados por atrás por el mar y por adelante por los nazis durante la segunda guerra mundial el año 1940. Nolan recoge lo mejor del cine arte y lo convierte en cine popular, gigante, para todo público. Hace de la propuesta una muy artística mediante su estructura de varias visiones protagonistas equivalentes y representativas. Tenemos a un civil (Mark Rylance) yendo a recoger soldados en su barco particular –como muchos otros, movilizados y cuidados a un punto por la famosa Marina Real Británica- junto a 2 muchachos heroicos, a un joven soldado inglés (el novel pero competente Fionn Whitehead) tratando de escapar como puede de Dunkerque, a un piloto (Tom Hardy) de la aviación inglesa protegiendo a los soldados aliados y a los barcos rescatistas y contratacando al enemigo en el aire –a la poderosa Luftwaffe-, y a un jefe naval (Kenneth Branagh) en un muelle observando el desarrollo del rescate y dirigiendo su parte de la operación. Como complemento panorámico tenemos a otro soldado inglés (Harry Styles) buscando escapar pero a toda costa, saltándose si es necesario la moral y sacrificando a algunos otros en el trayecto. Junto a ello también es complemento el soldado salvado (Cillian Murphy) traumado con regresar a la playa de Dunkerque.

El filme cuenta con otra añadidura artística, se trata de que nunca veremos a ningún nazi en persona, a ningún soldado enemigo, sólo se presencia el impacto -y la superioridad- del ataque alemán, con esto Nolan maneja el terror y el suspenso que genera no saber por dónde y en qué momento serán atacados los aliados atascados en la playa. A lo máximo Nolan permite ver sólo los aviones alemanes de la temida Luftwaffe y en una dosis muy medida. En sí el filme concentra puntos y muestra algo significativo, escenas maestras repartidas por aquí y allá que se proyectan hacia algo mayor de la historia universal, con las que hay que armar una imagen integral, más que algo grandilocuente, detallista y recargado.

La obra de Nolan pretende ser emotiva enfocándose en subtramas enriquecidas, moverse en pequeñas historias, un aviador volando y luchando hasta quedarse sin gasolina, un aviador a punto de ahogarse tras hacer valientes rescates, el descontrol que genera el miedo a morir, el estado perpetuo combativo de sobrevivencia. Kenneth Branagh simplifica y contiene todo esto, expone dolor, compasión, frustración y felicidad mediante su expresivo rostro, sus emociones están repartidas por distintos momentos claves de la trama. El filme muestra mucho heroísmo, aunque recurre un poco a lo inverosímil, a lo exagerado. Tom Hardy es como un superhéroe sin poderes sobrenaturales. Pero sus combates y salidas de improviso generan adrenalina y manejan el entusiasmo del espectador. Mark Rylance por su parte aporta el idealismo y coraje del hombre común. En la propuesta hay algo de maldad o negatividad mezclada en soldados aliados tratando de salvarse a sí mismos por sobre el resto, es poco pero existe y es notable, un avance y concesión contra el esquema del blockbuster.

Un tercer trabajo artístico trascendental y definitorio en el presente filme es la banda sonora, el filme se sostiene en buena parte de la música de acompañamiento, esto puede creerse muy común, no suelen faltar en el séptimo arte memorables bandas sonoras que han catapultado (engrandecido) sus propios filmes, pero el trabajo entre Christopher Nolan y el famoso compositor alemán Hans Zimmer es tremenda simbiosis. La propuesta no tiene muchos diálogos, y la música amplifica –hasta crea escenas- y contagia lo que sentimos –nos trasmite estados de ánimo- con Dunkerque, los avatares y altibajos de la sobrevivencia, la espera, la lucha perdida y, por último, un tipo de gloria, simplemente seguir vivo, aunque se haya tratado de escapar no de destruir al rival y en la guerra uno suele creer que casi todo se vale y existe en el filme una mirada sobre la ética en este lugar. No todo el tiempo cae precisa la música, pero cerca de un 80% es pura maravilla bien compenetrada. Películas como Dunkirk (2017) significan la perpetuidad del cine tradicional, del cine apreciado frente a una gran pantalla.

martes, 15 de agosto de 2017

El primero de la familia

El debut del chileno Carlos Leiva es la historia de un cúmulo de problemas, de mil y un dramas, parece una gran tragedia griega, de cómo vive una familia pobre en un barrio periférico de Santiago de Chile. La madre sufre de dolores de espalda por una mala operación y debe usar muletas pero no quiere, el padre es un obrero que necesita le adelanten dinero y que suele ser un hombre sumiso, la hija menor es la burrita de la familia y ha quedado embarazada de un pandillero que no quiere hacerse cargo, por último el hijo mayor estudia medicina y acaba de ganar una beca para seguir su carrera en Inglaterra, pero oculta deseo sexual por su hermana, mientras toda la familia lo cree el mejor de todos ellos.

En el mismo cuarto duerme la abuela con los hijos, la muchacha tiene que cambiarse (desnudarse) en el cuarto, el hermano siempre la observa, lascivamente, no sabe qué hacer para controlarse y todo apunta a la debacle. La hermana confía en el hermano mientras el padre la menosprecia. Además la alcantarilla del patio se malogra y genera olores pútridos por toda la casa. Justamente esto hace pensar en la vida que llevan o que algo está por explotar.

El filme a ratos parece telenovela, grabado un poco de forma parecida, pero atrapa la atención, provoca seguir viéndola, hay actuaciones aceptables y cotidianidad tratada al menos con cierta decencia, aunque muestra una pobreza casi pornográfica, medio que te identificas, pero también sufres de indolencia. Gran parte ocurre en la precaria casa familiar, desde el pequeño lugar donde comen todos apretados y se pasan el sobrecito de té para que lo use más de una persona o que Tomás (Camilo Carmona), el hijo, se levante asustado a matar una cucaracha o insecto en la pared de su cuarto pensando ¿habrán más? Todo este panorama es tan obvio que uno no se compenetra mucho, requiere de un poco más de arte.

La sombra del incesto es lo que destaca de esta obra y su clímax es la audacia de la propuesta. El resto es muy similar y poca novedad aporta. Ver a la madre comprarse una prenda bonita algo fuera de su alcance o al padre enfrentar su pasividad otorgan algún respiro. Toda la familia está en conflicto con su realidad, y aunque Tomás las tiene todas para escapar y brillar, es la hermana, Catalina (Catalina Dinamarca), la que diría que es la que importa más, la que sufre más la situación, y de ese lugar podemos sacar una denuncia.

El filme requiere un poco de mejores transiciones, está como apurado en mostrar muchas cosas, lo mismo, drama tras drama. También algunas actuaciones lucen muy sufridas, falta a ratos variedad, matices, sorpresa. Son los hermanos los que más destacan del grupo. Esta película no es una obra trascendental pero debería ayudar a revisar el sistema neoliberal, como analizar el seguro médico o el derecho laboral y mejoras justas.

lunes, 14 de agosto de 2017

La región salvaje

El filme empieza enfocándose brevemente en el espacio con una roca a punto de caer a la tierra, más tarde algo se percibe extraño en el ambiente (el misterio dura como una hora y al descubrirse se aprecia claramente). Una mujer desnuda en una cabaña luce rara, ensimismada, excitada (pide más de algún tipo de sexo), luego ella comenta con un amigo sobre conocer no sé qué en un apartado de campo cercano a la ciudad, dice no conocer el sexo de ese ser que la tiene en éxtasis, que la ha dejado marcada.

El director mexicano Amat Escalante para sorpresa de quienes seguimos su carrera nos presenta un sci-fi, pero que recorre centralmente la relación oculta homosexual de un hombre con su cuñado. El filme apela al sexo y a la violencia como leitmotiv, y como todos creen ver a una alegoría de la sociedad en general y del pueblo mexicano en especial, que implica el caos tras la represión sexual.

Ángel (Jesús Meza) es un tipo que aparenta ser homofóbico –más que seguro que por la sociedad mexicana que lo empuja a ello- pero es bisexual en realidad, se divierte con el hermano de su mujer, Fabián (Eden Villavicencio), que es abiertamente gay. La vida de Ángel sería común y corriente si no fuera por esta doble vida sexual, y el filme muy cotidiano si no fuera por el extraterrestre. El filme contiene erotismo en aquel monstruo con tentáculos tipo falos, monstruo que recuerda a Possession (1981).

La propuesta es oscura a un punto, con un aire a velado culto satánico, como en The Witch (2015). Igualmente recuerda a Post Tenebras Lux (2012) en ese llamado del bosque a lo oculto, al desenfreno, y al juego con el demonio representado en la liberalidad que genera karma, e inconsciencia –una mente poseída, en blanco- como en Antichrist (2009). También a Tenemos la carne (2016) pero exhibiendo una película mucho más digerible y coherente, mejor estructurada, como mejor expuesta en su análisis social aunque este luzca leve.

El filme invoca referentes del terror, pero tiene una trama en mayor parte realista. El monstruo queda como en segundo plano, son las relaciones a la vera del sexo las que generan tantos problemas, y la cereza del pastel es ese ente “prodigioso” ofreciendo el placer máximo. Vemos distintos animales copulando dentro de una orgía sobre un cráter y más que felicidad se percibe como algo sórdido. La música también moviliza hacia esa dirección. Verónica (Simone Bucio) complementa el panorama como una especie de vampira acólita. 

martes, 1 de agosto de 2017

Heart of a Dog

Este documental experimental, de la compositora, músico y artista visual de performance Laurie Anderson, podría haber sido un documental triste, ya que trata de la muerte de nuestros seres más queridos, el que es un ensayo también sobre el amor, pero prefiere ser algo visualmente particular mientras en todo el metraje acompaña la voz en off de Laurie Anderson hablando de su mundo mental, de budismo, política, seguridad nacional, libertad e intimidad (tras la sombra del atentado del 11 de setiembre que compara con una metáfora de unos halcones y su perro confundido por estas aves con un conejo), de su pasado y de su vida personal, como cuando nos desnuda la relación difícil con su madre (que le significó un reto de auto-examinación ante su muerte), combinado con algunas exposiciones verbales algo extrañas donde participan sueños y otras realidades superpuestas a lo cotidiano.

La americana Laurie Anderson a sus 68 años –edad con que hizo este trabajo- denota ser medio freak, nos hace entender que desde siempre ha visto la vida de manera distinta, incluyamos que el mundo la ha hecho así también (por su desconfianza y aprendizaje infantil frente a los adultos con un accidente que la paralizó de las piernas por un tiempo y le decían sería para siempre; o por necesitar de una defensa psicológica frente al dolor), de esto su acercamiento natural -que vemos- a la filosofía (Wittgenstein, Kirkegaard), la literatura (David Foster Wallace), la pintura (Perro semihundido, de Francisco de Goya), lo místico –a su manera- y un poco a lo poético, si bien Laurie observa la vida con practicidad (salidas, paz), gracias a su cultura y espiritualidad.

Lo suyo en el fondo es una lucha contra el sufrimiento (nos dice: es sentirse triste sin estar triste), igual que frente al progresivo desvanecimiento que señala ocurre con la vejez. A ella le delata su rareza, la que puede ser algo criticable (sopesando que lucir distinto no es la superficialidad de verse cool ante el resto, sino consecuencia con uno y de la vida), aunque finalmente es su vida y de lo que ama lo que compromete dentro de la propia filosofía, su perra pinta, esculpe y toca piano como si fuera una persona, esto suena extravagante, o hasta ridículo, pero es justificable, porque el amor de una persona a un animalito llega a ser tan grande que buscas entregarle una existencia completa, lo más feliz (como cuando su mascota queda ciega), muy parecida a la tuya. Laurie como artista y mujer abierta a lo diferente está en toda coherencia, aunque nos suene cruel esperar que su perra Rat Terrier Lolabelle estando terminal llegue hasta la última exhalación, pero lo hace por sus conceptos budistas.

El filme no es (solo) sobre el amor a su perra Lolabelle, es un documental mucho más arduo, esconde la muerte de su marido, el famoso cantante Lou Reed, muerto 2 años antes y del que no se habla nunca directamente, pero cuando terminan los créditos vemos una foto de él jugando con Lolabelle, y así es el filme, están ambos fusionados. Cuando habla de Lolabelle también Laurie nos habla de Lou Reed, del amor por ambos y de vencer el dolor de sus muertes, creyendo además en la reencarnación. En las imágenes vemos filmes caseros, de súper 8, texturas, filtros, ilustraciones, recreaciones, collages, videos de cámara de vigilancia y, en especial, como si estuviéramos detrás de un vidrio empañado al que le está cayendo la lluvia, esta composición del vidrio es notoriamente melancólica, que se complementa con la voz modulada y predominante de Laurie que se mantiene firme y fuerte. El documental es propio del arte que siempre ha definido a Laurie Anderson, cada parte de él es muestra de honestidad e identidad. Si nos parece medio raro, tiene de paranoide y es a ratos oscuro, es porque es su esencia, la profundidad que la rige. 

lunes, 24 de julio de 2017

Kaili Blues

Un doctor y poeta llamado Chen Shen (un muy competente Yongzhong Chen) tiene un hermano apodado Cara de loco que gusta de las apuestas, el billar y la vida bohemia y descuida a su hijo pequeño, el inocente y sensible Weiwei. Chen quiere proteger a su sobrino con quien se identifica. Chen ha tenido una vida difícil, estuvo en la cárcel por matar a un hombre, su madre lo abandonó de niño y perdió a su mujer en la cárcel. Weiwei es supuestamente vendido a algún apostador y Chen decide ir en busca de su sobrino. Para eso realiza un viaje de su natal Kaili a Zhenyuan, pero antes atraviesa un pueblo místico y misterioso de nombre Dangmai. En ese trayecto el director chino Bi Gan hace una toma secuencia de 41 minutos de duración, con una planificación y soltura realmente virtuosa, el recorrido implica viajar en moto, en camioneta, caminar, subir escaleras, encontrarse con gente, la cámara siguiendo a otra gente, ver atravesar un río en lancha a una bella mujer, que el protagonista sea parte de un pequeño concierto local e ir a una peluquería.

Bi Gan le brinda a su película un bello y muy cuidado aire onírico, bastante sutil en la manera que lo mezcla con la realidad del filme, desde ver pasar un tren pegado a una pared, ver relojes dibujados en la pared (relojes que apasionan a Weiwei y este suele pintarse uno en el brazo) u observar en repetidas ocasiones sumergirse en el río las sandalias de la añorada madre de Chen. El filme en Dangmai pasa por flexibilizar los tiempos y reunir gente del pasado y del futuro en el presente. Todo el filme puede leerse linealmente, pero sería perderse de la genialidad del filme. Chen lleva como encargo de su compañera –una anciana- del consultorio médico, una camisa floreada y un cassette a un viejo amor. Chen se pone la camisa floreada y entrega el cassette a la peluquera, en lugar del destinatario que le pidió la veterana doctora. Esta escena puede leerse como una visión del pasado, Chen y la peluquera mutan momentáneamente en la anciana doctora y su amor perdido. Otro momento similar se da cuando Chen habla con la peluquera y esta parece ser otra imagen del pasado, ser su mujer Zhang Xi. Por último el motorista que lo lleva le dice llamarse Weiwei, tiene unos 18 años, sufre maltrato y gusta de los relojes imaginarios.

Escuchamos la voz de Chen recitando sugerentes poemas que poetizan su discurrir, mientras el Sutra del diamante recorre toda la propuesta, el budismo, la reflexión existencial, el misticismo. El filme esconde los problemas y la melancolía en el carácter recio, práctico y sencillo de su protagonista, como el blues que articula preciso el título. También el filme hace alusión a la etnia Miao, a la que pertenece Bi Gan, y trae a colación más sobrevivencias. Kaili Blues ganó mejor director emergente en la sección Cineastas del presente en el festival de Locarno 2015, y hace recordar directores talentosos tales como Jia Zhangke, Wong Kar-wai y Hou Hsiao-Hsien, entre trenes, relojes, lo rural y violencia –pero elíptica o fuera de campo, incluso en una discusión la cámara se enfoca en el vaso roto de una mesa-. 

jueves, 20 de julio de 2017

Okja

Okja, la película del surcoreano Bong Joon-ho, llega para marcar una nueva época, como otra forma para apreciar y fomentar el séptimo arte, producida y estrenada por Netflix. Okja es un blockbuster pero también cine de autor, llamémosle cine comercial inteligente. El filme nos muestra a un animal mutado científicamente que es un supercerdo, pero que parece la mezcla de un hipopótamo y un tierno perro. Okja se llama el animal que es cuidado en la granja surcoreana del abuelo de una niña llamada Mija (Ahn Seo-hyun), niña que se encariñará con Okja al cuidarla y crecer con ella, por lo que cuando se da cuenta que Okja será llevada a un matadero para ser convertida en alimento decide ir a traerla sana y salva a su hogar.

La primera hora del filme que es un viaje, desde que Mija se rebela con convicción a su abuelo, típico granjero (consciente del destino de los animales de granja), hasta que un grupo de animalistas quedan en un plan para sabotear la empresa que vende los supercerdos como alimentos es intensa, graciosa y muy entretenida, realmente maravillosa. Todo es perfecto, el periplo de Mija está lleno de la mejor acción, que termina en tremenda ironía escénica tras una mala traducción. La hora que viene después es menor, pero todo no va a ser una montaña rusa, hay una historia por crear y es muy aceptable lo que continua. Se abren las puertas de la (leve) fantasía de la mano de Okja que luce dulce y creíble.

En la propuesta se da la caricaturización de personajes, en el que es un filme notoriamente familiar en el estilo de Steven Spielberg, con Lucy Mirando y su hermana gemela (dos personajes interpretados por la camaleónica y orgullosa freak Tilda Swinton), dueñas de la empresa de los supercerdos, la Corporación Mirando; el presentador de tv y zoólogo Johnny Wilcox (un Jake Gyllenhaal entregado a los retos artísticos) que es estrafalario, alevosamente ridículo y el más extremo (y no me disgusta en absoluto, como a muchos sí); y en menor grado Shirley Henderson como una asistenta fiel a la Corporación Mirando. Ellos son la cara de lo malvado, sumado el sarcasmo del rol de Giancarlo Esposito en un reparto que aporta mucha diversidad en el que es un filme muy cosmopolita.

Lucy no es que sea mala persona pero anhela demasiado el éxito propio y publicita el embellecimiento de lo que finalmente significa sacrificio de animales (lo que no suena descabellado, un concurso de belleza/salud para premiar el mejor supercerdo, y la futura mejor carne, solo que aquí conviven en el mismo lugar). El Dr. Johnny es más un hipócrita y lambiscón, pero nacido de la caricatura japonesa y la comedia. Otros puntales del filme es el activista por los animales Jay (Paul Dano) y su mano derecha y experto en tecnología conocido solo como K (Steven Yeun). Paul Dano es un buen actor y se presta para un compromiso entre serio, teatral e irónico, igual que los animalistas que representa. Bong Joon-ho maneja mucho humor, pero nunca falla, lo cual es increíble, lo digo sobre todo porque no soy muy afín a la comedia y esta es una buena película, que maneja con soltura, frescura y tino el tema.

Okja es también un llamado a la consciencia para no comer carne y la forma en que se trata a muchos animales, llegamos a ver hasta el proceso de cómo son asesinados en los mataderos y cómo son procesados en comida, esto no es visualmente violento, pero hace pensar, aun cuando los supercerdos son una creación de la imaginación, son sintéticos, pero provistos de mucha mayor ternura y lealtad que los animales de granja comunes. Recordemos que Okja salva a Mija de morir con lo cual vemos en pleno el vínculo entre los dos. Bong Joon-ho maneja muy bien el tono del filme, y los cambios de drama a comedia y viceversa. En un momento Okja hace pensar como que se halla en un campo de concentración, preparada para ir a morir de la forma más fría con sus semejantes. Es un momento lúgubre y emocional que rompe con el colorido del filme. El mensaje es muy claro, pero el filme extremadamente divertido de ver, fácil de seguir, de compenetrarse y hasta para reflexionar.

lunes, 17 de julio de 2017

Sieranevada

The Death of Mr. Lazarescu (Moartea domnului Lazarescu, 2005), el segundo largometraje de Cristi Puiu, es un referente importante del cine rumano, película con la cual muchos se enamoraron del nuevo cine rumano, por lo que seguir la carrera de Puiu es prácticamente un imperativo. Su quinto largometraje, Sieranevada, estuvo en el festival de Cannes 2016. Nos involucra con la misa por conmemoración de la muerte del patriarca de una familia, para dicha misa se reúne toda la extensa familia para una cena. Con muchos parientes medio irreconocibles se dan las típicas reuniones familiares, con los clásicos fastidios y sorpresas. Una mujer mayor lamenta la infidelidad de su marido hasta caer rendida por un aneurisma. Una jovencita lleva a una amiga inconsciente por alcohol o drogas. Son 3 horas de película, 3 horas también de mucha intrascendencia, desde un mismo lugar, la casa familiar. A ratos la cámara se posa en un lugar estratégico y muestra 2 habitaciones a la vez, la entrada y salida de los parientes, mucho movimiento y cierta tensión de la reunión, es la sensación de estar viendo algo pequeño, pero trascendental en nuestra humanidad, como el viejo marido abusivo que ve su mundo caer producto de la culpa. También hay lugar para preocuparse por hacer una comida suculenta, juguetear amorosamente entre hermanos o discutir el precio de un regalo.

La llegada del sacerdote ortodoxo rompe la monotonía, el padre terminado de practicar su rito, de lo más veraz, no puede contenerse de contar una anécdota, habla de la lucha personal por los valores eternos y mantener ciertas tradiciones. El momento emotivo de reflexión termina, y Puiu le quita solemnidad con un diálogo al paso que apunta a decir que no entendió de dónde vino aquello, creando un contraste de libertad e individualidad. La familia discute de varios temas, aunque mucho sobre ridiculeces que pretenden pasar por cotidianas. El atentado terrorista a EE.UU. del 11 de setiembre se repite a cada rato, pero sobre conspiraciones y justificaciones absurdas, esto remite a banalizar internet también. Otra característica del filme es mostrar lo moderno vs lo tradicional, en cómo uno trata de subsistir frente al otro. El cosmopolitismo siempre es interesante en todo país, pero aquí se presenta endeble, como ese arranque del filme en que se discute seriamente sobre las princesas Disney. Esto, desde luego, desde una contextualización a Rumania. Europa es atacada también por terroristas y los niños sean de donde sean aman y se identifican con Disney. Pero en un filme rumano uno quiere oír de Rumania, ver en una nacionalidad reconocer y fomentar lo propio. Por ello cuando una anciana tía pegada a la antigua defiende al régimen comunista, que remite al infaltable Nicolae Ceausescu, se hace muy jugoso de ver, aun cuando esta defensa a todas luces cae antipática a todo mundo, pero es una perspectiva fundamental de la realidad nacional.

El filme abre con Lary (Mimi Branescu), su bella y sofisticada esposa y su pequeña y tranquila hija haciendo compras o diligencias en la calle antes de ir a la reunión familiar. Impecable naturalidad de este pequeño prólogo de cotidianidad. La propuesta que en la trama dura 1 día de congregación implica más de 2 horas de metraje en un solo espacio, el hogar del patriarca difunto, y solo unos 30 minutos afuera -una vez más, tras los 10 minutos de la apertura- cuando Lary va a recoger a su intensa esposa que ha salido un rato de la reunión. El momento que se da afuera es penoso y humillante, más que sensible, Lary se desmorona ante un mal momento de vergüenza y autoconsciencia. Esta escena seguramente agradará a muchos, es como la vida misma, no hay duda, pero resulta trágica, la vida mostrándose cruel, que ver a un tipo simple aplastado por las circunstancias, culpas aparte, llega a fastidiar. El momento contiene una anécdota de infancia –y amor paterno y de pareja- que trasmite una gloriosa naturalidad, clásica del mejor cine rumano, pero su emotividad duele y es incomoda que (me) cuesta celebrarla, pero es la gran escena del filme. 

martes, 11 de julio de 2017

La Terquedad

Adaptación de la séptima obra de la Heptalogia de Hyeronymus Bosch del dramaturgo, director de teatro y actor argentino Rafael Spregelburd, que se basa en la pintura La mesa de los pecados capitales, de El Bosco, conocido también como Hyeronymus Bosch, que trata del pecado de la ira, pero que en la obra de Spregelburd le llama terquedad, presentada en el Centro Cultural de la Universidad del Pacifico, dirigida por Sergio Llusera. La terquedad es una obra compleja digamos, pero llega hasta lo extraño y se pierde un poco y uno con ella también. Pierde fuerza producto de su dispersión y de su tontería, genera un poco de desinterés en cierto momento ante el mandato de querer ser distinta o ardua, que es original e inteligente no hay duda, pero no es necesario tampoco encerrarse en un tipo. Hay ratos que su disque ironía o audacia es estúpida, como el personaje de la francesa loca que genera tremendo giro, un absurdo más que una genialidad. En el cine se ven muchas historias que se vuelcan a lo descabellado o violento en el último minuto como fórmula e impacto en busca del supuesto entusiasmo, como que hay historias que trabajan para llegar a estos momentos. La terquedad más bien pierde seriedad y volumen con esta “hazaña”.

Una posible razón –fuera de quebrar con cierta predictibilidad- puede ser que el protagonista, Jaume Planc (Alberto Isola), un comisario fascista que inventa un diccionario o lengua que remite a las computadoras e incluso a lo místico contradice su anhelo humanista -de poder entendernos mejor y todos fácilmente- con la subordinación a lo que será el franquismo (la obra se contextualiza en el final de la guerra civil española, en 1939), entonces es un tipo propio de lo malo/negativo y criticado (el gobierno de Franco, incluida en la trama la búsqueda de una lista por la que todos se pelean, para poder salvar comunistas “encubiertos”), por lo que muchos pensaran que merece un castigo, lo cual no es un pensamiento ilógico, pero el problema es que este comisario llega hasta caer simpático, y es medio un arroz chaufa, pero no merece un final tan superficial. Se le ha plasmado complejidad, se ha pretendido ambigüedad, que la tiene y es un personaje interesante. También Planc no parece muy fiel a los falangistas, sino que se le entiende como un lugar conveniente para él.

La obra tiene muchas idas y venidas, tires y aflojes, varias aventuras, con cosmopolitismo, en medio de lo político que fabula su pequeña guerra civil interna, mientras maneja a la vez la lingüística de forma inteligente y hasta con relajo. El hogar de Planc y sus relaciones amorosas toman igualmente bastante enredo y perspectivas. Jely Reátegui como la hija “loca” es la mejor del reparto (como polifacética haciendo de la esposa joven de Planc), agregando que son 7 actores competentes (Óscar Meza, Rodrigo Palacios, Sofía Rocha, David Carrillo, Claret Quea, Alberto Isola y Jely Reátegui). El rol de Reátegui tiene de exorcismo y de fraude, de locura o trauma, de sarcasmo, de perversidad y a su vez de inocencia. El juego del cura con la hija “loca” va uno a favor y en contra, puede ser una crítica esperable, pero la hija es un personaje rico, después de Jaume Planc. Su intensidad, herejía y lujuria son (aun) audaces.

La obra de Spregelburd busca las contradicciones y la ambigüedad, trabaja con la ética, lo esencial, rompiendo los límites, exhibiéndonos impredecibles. Y esto es interesante más allá de tener o no una apetitosa narrativa en todo momento, o la mejor forma de narrarlo. Tiene originalidad e imaginación, tiene personalidad y es inteligente, aunque también uno sienta que algunos personajes, momentos o diálogos parecieran sobrar, como el borracho o el escribidor. 

lunes, 10 de julio de 2017

Spider-Man: Homecoming

Estamos frente a un nuevo reboot de Spider-Man, tras el desastre The Amazing Spider-Man 2 (2014), de Marc Webb, que empezó bien con The Amazing Spider-Man (2012), y lo mismo pasó con la trilogía de Sam Raimi, las 2 primeras fueron muy buenas y aun son las mejores de todas las que se han hecho de Spider-Man, pero la tercera fue una caída. Este nuevo reboot es un muy buen filme, a pesar de algunas cosas criticables. Incluso es mejor que la primera de Webb, tiene mucho de juvenil y de última generación, más que la de Webb lo cual es notable. En el filme de Jon Watts se llega hasta futurizar y jugar a H. G. Wells y Julio Verne, a tratar mucho con el sci-fi, observamos la naturalización de armas, aviones y artefactos de gran imaginación futurista, como que el traje de Spider-Man, inventado por Tony Stark (Robert Downey Jr., que tiene una buena fórmula en su seguridad, vanidad y carisma), es de una tecnología fantástica, con todos los implementos clásicos de El Hombre Araña y muchos nuevos, que se equipara con la plasticidad y eterna novedad, puede que más, de Iron Man, teniendo en cuenta que Tony Stark es el mentor de Spider-Man en esta historia, aunque Spider-Man buscará plasmar su personalidad, y si bien reniega de la simplicidad de sus primeras misiones, quiere mayores retos y aventuras, y admira y quiere emular a los Avengers, terminará quedándose en su pequeño rincón, que también tiene sus grandes misiones.

El reto de Spider-Man en esta oportunidad se llama The Vulture (El Buitre), interpretado por un estupendo Michael Keaton, que dentro de su grupo criminal tiene otro villano famoso del cómic, Shocker (y no es solo uno, sino son dos, en el cuerpo de Logan Marshall-Green y Bokeem Woodbine), que esta medio encubierto en el estilo del realismo que impuso Christopher Nolan en sus adaptaciones de cómics, estilo que tiene una cuota pero que no domina el filme, porque es estilo Marvel, con mucha ironía y relajo, más el de Stan Lee, con la temática adolescente y pequeño existencial, más la capacidad mental de ¡6 guionistas!, incluido el director. El buitre de Keaton está dibujado entre asesino en serie y gángster, medio loco y matón, al hallarse decepcionado del sistema, y se siente empujado a delinquir, a ver por sí mismo y su familia mediante la venta ilegal de armas. Tiene una gran escena, en la que lleva a Peter Parker en el auto, que es rara e incómoda y sale un poco del parámetro del cómic, recurriendo al cine noir.

Los combates, desde luego, son espectaculares, pero lo menos interesante a fin de cuentas (si no fuera así seríamos todos fans de la saga de los Transformers con los  impresionantes efectos especiales que posee), porque uno quiere hallar sobre todo argumentos, como cuando The Vulture no quiere irse sin ninguna ganancia y ciego arriesga su vida o cuando Peter Parker trata de ser un superhéroe más allá de la máscara al caer bajo escombros y superar también su calidad de novato en cada aventura, pero son escenas entretenidas además. En medio está la frescura que trasmite Tom Holland como el nuevo Spider-Man que es maravillosa, y se ve en cada hazaña, vuelo o llamado del deber, que tiene broma, novedad y mucha libertad. El filme se logra emocionante, intenso y de sorpresa en sorpresa en sus escenas centrales, en el caso del caos que se genera en el monumento a Washington y en el ferry de Staten Island.

El filme muy inteligente evita volver a contar por enésima vez como se convierte Peter Parker en Spider-Man, mientras la trama es original en que siga, se enliste, se adiestre y medio que lo cree Tony Stark, junto a su mano derecha en el asunto, Happy (Jon Favreau), aunque lo de tía May (Marisa Tomei) y tío Ben sea demasiado pobre o inexistente. Tomei es parte de un quehacer idiota de extrema atracción, sumado a la clásica sobreprotección, no obstante es coherente con la línea de crear un Spider-Man efervescente, ultra moderno y veloz.

El filme tiene su lado de autoayuda, aunque no en el nivel de la muy aplaudida –demasiado, diría- pero respetable Wonder Woman (2017). Plantea mucho la diversidad, puede que hasta exagere un poco, como con el bully del cómic Flash Thompson que ahora hace Tony Revolori, que tampoco resulta mal hecho, a pesar de que luce algo extraño al uso, ya que finalmente tiene veracidad porque pertenece al mundo nerd de Peter Parker. Pero están muy bien trabajados los amigos y la aspiración amorosa de Peter Parker, tienen una base sólida. Son divertidos, como el mejor amigo de Peter, Ned (Jacob Batalon), o manejan bien el sarcasmo, como Michelle (Zendaya), o son cool y maduros como la deseada Liz (la bella Laura Harrier). 

viernes, 7 de julio de 2017

Atlal

El pequeño pueblo de Oulad Allal, Argelia, en 1997 producto del brutal choque entre militares y terroristas fue destruido en gran parte, esto dentro de la guerra civil argelina que fue presa del terrorismo desde 1991 hasta el 2002 y ocasionó 200 mil muertes, guerra civil nacida a partir del golpe de estado a una facción política islamista que no llegó a gobernar y que desencadenó en la furia de dos grupos rebeldes armados islámicos. Este es el contexto de Atlal -que en árabe significa ruinas- del argelino Djamel Kerkar, del que no se dan nombres, ni de organizaciones, y que hay que conocer para no perderse en lo que veremos. En este documental incluso se les apoda de cowboys a los terroristas por no mencionar nombre alguno o está más que sobrentendido, a los que se les culpa de todo el daño de su país. Al gobierno actual le cae crítica también, por su inutilidad en cuanto a las oportunidades y progreso de sus ciudadanos, la falta de resurgimiento nacional, y la pobreza que reina en Argelia y en especial en Oulad Allal.

La propuesta empieza mostrando viejas imágenes rodadas en VHS que describen la ruina y la destrucción de Oulad Allal, pueblo del que se conoce internacionalmente muy poco. El filme en sí entrevista centralmente a 2 personas, a un viejo agricultor lisiado de una pierna que combatió por su propia seguridad contra los terroristas que amenazaban sus labores agrarias, y a un joven de 20 años que es medio poeta y que habla mucho, no se guarda ningún pensamiento. Con ellos aparecen otros a su alrededor, amigos o conocidos de ellos, del viejo otros agricultores o por ahí algún hombre religioso, y del joven amigos con los que callejea, filosofa y rapea –se puede oír rap nacional muy realista, duro y con una pizca de ironía, aun haciendo a veces alusión respetuosa a Dios- alrededor de una fogata, sobre la realidad nacional, la pobreza, las carencias, la soledad, y no queda más que huir del país nos dicen, a la par que fuman, toman y se entretienen entre ellos.

Se habla de la crueldad experimentada en la guerra civil, de defender el país, incluso de los colonizadores europeos. Otro joven del grupo de la fogata que pareciera algo lento se muestra creativo expresándose a través de las letras de las canciones que pone en su celular, ante la música se pierde en su mente, entristece recordando a su familia o vuelve en sí sonriente cuando se queda pegado con la mirada en el graffiti de un muro, de las iniciales de un glorioso equipo de fútbol nacional, MCA (Mouloudia Club d'Alger).

Es un documental interesante, que tiene mucho de queja, pero también su lado positivo, y aunque austero tiene alguna estética como la sombra y toma distante del joven central, un joven cool e intelectual –el caballo en pos de libertad- aludiendo la luna y la respiración. Vemos también a los pobladores de Oulad Allal sembrando, retomando la civilización o muy simples reconstruyendo alguna parte de su pueblo, como en la sencillez muy simbólica de enrejar (levantar) una ventana. Parafraseando al viejo agricultor: soy pobre, pero orgulloso de amar y haber defendido a mi país, mi cuerpo esta lastimado y gastado, pero mi corazón es fuerte y feliz.