lunes, 24 de julio de 2017

Kaili Blues

Un doctor y poeta llamado Chen Shen (un muy competente Yongzhong Chen) tiene un hermano apodado Cara de loco que gusta de las apuestas, el billar y la vida bohemia y descuida a su hijo pequeño, el inocente y sensible Weiwei. Chen quiere proteger a su sobrino con quien se identifica. Chen ha tenido una vida difícil, estuvo en la cárcel por matar a un hombre, su madre lo abandonó de niño y perdió a su mujer en la cárcel. Weiwei es supuestamente vendido a algún apostador y Chen decide ir en busca de su sobrino. Para eso realiza un viaje de su natal Kaili a Zhenyuan, pero antes atraviesa un pueblo místico y misterioso de nombre Dangmai. En ese trayecto el director chino Bi Gan hace una toma secuencia de 41 minutos de duración, con una planificación y soltura realmente virtuosa, el recorrido implica viajar en moto, en camioneta, caminar, subir escaleras, encontrarse con gente, la cámara siguiendo a otra gente, ver atravesar un río en lancha a una bella mujer, que el protagonista sea parte de un pequeño concierto local e ir a una peluquería.

Bi Gan le brinda a su película un bello y muy cuidado aire onírico, bastante sutil en la manera que lo mezcla con la realidad del filme, desde ver pasar un tren pegado a una pared, ver relojes dibujados en la pared (relojes que apasionan a Weiwei y este suele pintarse uno en el brazo) u observar en repetidas ocasiones sumergirse en el río las sandalias de la añorada madre de Chen. El filme en Dangmai pasa por flexibilizar los tiempos y reunir gente del pasado y del futuro en el presente. Todo el filme puede leerse linealmente, pero sería perderse de la genialidad del filme. Chen lleva como encargo de su compañera –una anciana- del consultorio médico, una camisa floreada y un cassette a un viejo amor. Chen se pone la camisa floreada y entrega el cassette a la peluquera, en lugar del destinatario que le pidió la veterana doctora. Esta escena puede leerse como una visión del pasado, Chen y la peluquera mutan momentáneamente en la anciana doctora y su amor perdido. Otro momento similar se da cuando Chen habla con la peluquera y esta parece ser otra imagen del pasado, ser su mujer Zhang Xi. Por último el motorista que lo lleva le dice llamarse Weiwei, tiene unos 18 años, sufre maltrato y gusta de los relojes imaginarios.

Escuchamos la voz de Chen recitando sugerentes poemas que poetizan su discurrir, mientras el Sutra del diamante recorre toda la propuesta, el budismo, la reflexión existencial, el misticismo. El filme esconde los problemas y la melancolía en el carácter recio, práctico y sencillo de su protagonista, como el blues que articula preciso el título. También el filme hace alusión a la etnia Miao, a la que pertenece Bi Gan, y trae a colación más sobrevivencias. Kaili Blues ganó mejor director emergente en la sección Cineastas del presente en el festival de Locarno 2015, y hace recordar directores talentosos tales como Jia Zhangke, Wong Kar-wai y Hou Hsiao-Hsien, entre trenes, relojes, lo rural y violencia –pero elíptica o fuera de campo, incluso en una discusión la cámara se enfoca en el vaso roto de una mesa-. 

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