sábado, 17 de marzo de 2018

Soldado


Un chico serio, muy concentrado en lo que hace, de rostro melancólico y sutilmente sorprendido es el protagonista de éste documental, del argentino Manuel Abramovich, que parece un poco docuficción, por recoger ciertos momentos perfectos, tan tranquilos, donde el ejército no es todo lo molesto que uno creería que es para un cadete, pero el muchacho por su sensibilidad dice que no es lo que creía en un inicio. No obstante quiere un trabajo y hacer feliz a su madre con su decisión de ser parte de éste. En el filme vemos constantemente tomas de primer plano, muy próximas al rostro del muchacho, lo demás queda fuera de campo, y para la imaginación, aunque está claro qué hay ahí, marcialidad, ordenes, disciplina. Un discurso enaltece al ejército argentino, dice que son 200 años de éxito. Todo ejército siempre anda preparándose para una hipotética guerra, para un eterno enemigo, pero éste yace antes fantasma, y todo ejercicio militar se enfoca en ello, pensar que es ridículo es subjetivo, pero hay un cierto estado de sobredimensión y cierta paranoia normalizada. El cadete protagonista de ésta película se mete a la banda, toca el tambor, y el filme se vuelca a un lado musical que parece desligarse de lo castrense. Suaviza la realidad militar, y sólo cuando se oyen voces señalando la importancia del ejército -aun para una banda y viceversa- es que regresamos al lugar objetivo. Son nuevos tiempos, el ejército argentino trata de dejar atrás su mala reputación, y enfocarse en un lado más sensible, el protagonista aporta mucho a ello. Abramovich muestra un ejército más humano, ser tambor es light y eso es mucho el filme.